jueves, 19 de noviembre de 2009

Joan Sebastian: El crisol de Joan Sebastian

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

19 y 20 de noviembre, 2009 / 2 funciones / 1:56 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA, S.A. de C.V 

José Homero 

Si un visitante con un desconocimiento total o una experiencia apenas epidérmica de la canción popular mexicana, solicitara escuchar, a manera de introducción, una obra que compendiara nuestra riqueza de ritmos y melodías, la elección debería recaer en Joan Sebastian. 

Ataviado con una americana de color turquesa y arabescos de hilos de plata, vaqueros oscuros y sombrero stetson de fieltro negro, irrumpe en el proscenio, tañendo la guitarra acústica, y ofrece “De pueblo en pueblo”. Es todavía temprano cuando dice: “Voy a declarar la influencia de un gran autor infantil, Cri Cri”. Pareciera un sarcasmo presentar así “El cocinero”, tema colmado de albures y doble sentido. Pero si se advierte que, en casi 150 minutos, este prolijo compositor va a desplegar una gama que del pop derivó al bolero ranchero y posteriormente a la música ranchera, pasando por la trova urbana (“La flaca”), el country (“Juliantla”), el rhythm & blues, la balada rock (“Reflexiones”), el tango, el bolero en sus diversas variantes, el son-huapango (“Sangoloteadito”), la balada con resabios de cumbia (“Secreto de amor”) y hasta la banda sinaloense, resulta evidente su variedad de recursos y registros. De ahí que remitir al ascendente de Gabilondo Soler, más que una ironía patentiza una veraz confesión. 
En su origen, la palabra superstición refiere aquello que sobrevive. Acaso por ello este cantautor, un sobreviviente, si bien no recurre al estereotipo —el del hombre que alardea de sus amores— parece ligeramente cambiado. Como si al conocer a la enfermedad hubiera incorporado el necesario complemento vital en su obra. De esta manera, la muerte es invocada en “La flaca”, que interpreta acompañado únicamente de su guitarra (“déjame solo, maestro”), acaso para corroborar ese carácter de soliloquio. Íntimo. Único. 
Hay un tono confidencial en el concierto, un tono de interlocución de quien se sabe querido. Conversa con su público, consciente de que su vida es pública y no necesita aclarar algún infundio o inferir que ha estado a punto de morir: todo se sabe, desde cuántos hijos hasta cuántos caballos tiene… Ese carácter de interpelación y reclamo, es patente en una de las últimas canciones del concierto, “Del 8 de abril”, donde con humor bordea sobre la doble acepción del término “cáncer”, invocando incluso a Walter Mercado para que explique a los doctores que no es cáncer sino Aries, en una negación brusca de la desaparición física. 
Tras más de cien minutos de concierto arribamos a la última comarca musical: las composiciones amorosas. Sebastian, quien ha convertido a su cancionero en una alusiva y elusiva biografía sentimental, confiesa ser infiel, se declara presa fácil de sus instintos y al mismo tiempo externa su pasión por las mujeres, mientras enfatiza su narcisismo. 
Más allá de la cornucopia musical, de la impresionante trayectoria que comprende más de cuarenta éxitos reconocibles de los que apenas entona una treintena, destaca su talento para sostener, él solo, sin coreografías ni escenografías, un concierto tan prolijo. 
Su voz envuelve, cálida, el Auditorio. Después del primer invitado, José Manuel Figueroa (hijo de Joan Sebastian), llega Diego Verdaguer con “Voy a conquistarte”. El anfitrión ha resistido ya dos encores y vuelve por un tercero. 
Sorprende la versatilidad de los más de 30 músicos que lo acompañan: la chica del coro se convierte de pronto en chelista; el corista Óscar Benavides, que también interpreta el violín, ocupa el sitio de Alberto Vázquez en el dueto “Maracas”; los metales se desperezan como un coro de flores en “Juliantla”, el órgano Farfisa puntea, la trompeta saluda.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Con una tanda de canciones que ha interpretado con Antonio Aguilar, Sebastian concluye con ambiente festivo su actuación. Ha elegido como despedida la música del norte de la República que convierte el Auditorio Nacional en un ambiguo sucedáneo de esos llanos donde suele reinar como El Rey del Jaripeo, montado en uno de sus caballos de raza: “Le gusta bailar pegao / al ritmo de la tambora”. 
Él es el compositor mexicano que mejor ha sabido cubrir el vacío de los grandes intérpretes. De ahí que tras este paseo musical, asumido como un ciclo, pues abre y cierra con la misma canción, se comprenda en su sentido más cabal el tema que sella casi dos horas minutos de concierto: “De pueblo en pueblo”. 

* Joan Sebastian estuvo aquí en abril de 2004 

Programa 
De pueblo en pueblo / Me gustas / Eso y más / Enamorarse así / Estos celos / La derrota / El peor de tus antojos / Así te quiero / Tatuajes / Amorcito mío / Un idiota / Juliantla / Te irá mejor sin mí / No la voy a engañar / Pegadito al corazón / El cocinero / Lobo domesticado / Más allá del sol / Me encabroné / Amor limosnero / Llorar / Mi cómplice / Secreto de amor / Y las mariposas / Sentimental / Contigo o sin ti / 25 rosas / Maracas / Bandido de amores / Me la escondieron / Manuel Juárez / Reflexiones de este gallo / Quiéreme / Verdad que duele / La prietita que yo quiero / Con José Manuel Figueroa: El primer tonto / Con Diego Verdaguer: Voy a conquistarte / De pueblo en pueblo.


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