lunes, 19 de octubre de 2009

Yanni: El poder de la voz y la gesticulación

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


19, 20 y 21 de octubre, 2009 / Tres funciones / 2:35 horas de duración / 
Promotor: Cía. Global de Eventos, S.A. de C.V.



David Cortés

Yanni ha sido una figura habitual del Distrito Federal y del Auditorio Nacional,* y él mismo se encarga de recordarlo: “Hola México, estoy muy contento de estar aquí, en esta ciudad, y de tocar en uno de mis lugares favoritos de todo el mundo”. El público, compuesto en su mayoría por adultos contemporáneos —y algunos menores que han escapado de la vigilancia de Morfeo—, recibe con beneplácito una declaración que tal vez no es exclusiva, pero que le granjea simpatías al tecladista. 

El músico es un hombre encantador, seductor, jovial, elegante, con una sonrisa que rinde a las mujeres, y modales y cortesía que agradan a los caballeros. Sabe montar un espectáculo, revestirlo de sofisticación, pomposidad y grandilocuencia, y esta noche no es la excepción. La producción de Voices requiere de un gran ensamble y de varios cantantes, así como de algunos invitados: los honores corresponden a Cristian Castro, Lucero y José José, quienes aprovechan su estancia para recoger aplausos, aunque sólo el último se lleva una clamorosa y entregada ovación. 
Se requiere de liderazgo para llevar a buen puerto esta embarcación y el compositor de origen griego tiene estas dotes en abundancia. Por si fuera poco, posee carisma y se ha hecho rodear de los elementos idóneos: músicos brillantes para destacar en su rol, pero no demasiado para opacar a la estrella. Y es que, sobre el escenario, lo que el ahora naturalizado estadounidense pone en juego es el arte de la gesticulación. 
Dirige a la pequeña orquesta con movimientos poco habituales. Sin duda detrás de esto hay un código establecido, pero no deja de llamar la atención la gama de expresiones, aparentemente espontáneas, que utiliza. Jala una imaginaria cuerda con una mano y la sección de cuerdas incrementa el volumen; si el solo es de su agrado, una sonrisa alienta a su intérprete a seguir adelante y al final lo corona con una euforia digna de quien ha conquistado el último punto en una partida de tenis. 
Hoy, al lado del tecladista, está el protagonismo de sus cantantes. Nathan Pacheco toma las riendas de las composiciones de corte operístico; Leslie Mills hace suyas las melodías del corazón; Ender Thomas, imprime vitalidad y sangre a las tonadas con aires de world music. Toca a Chloe encarnar la sensualidad. 
Cuando Yanni se sienta al piano, las divas —en la mejor tradición del pianista enamorado de la cantante en turno e incapaz de transmitirlo— caminan a su alrededor y entornan los ojos para verlo; él también las mira, pero para no ser traicionado por sus sentimientos, concentra la vista en las teclas de marfil. Mientras, su director de cámaras hace tiernas composiciones en las pantallas que flanquean el escenario, con decorativas marialuisas, disolvencias o divisiones de la pantalla para retratar un encuentro de los rostros. 
También hay fuego. La noche permite el deshago de las pasiones. Primero cuando la hermosa violinista literalmente se deschonga para ejecutar un solo. Después, cuando una Chloe con provocativa vestimenta sube al piano de cola para probar su resistencia, entregar movimientos felinos, provocar sueños húmedos con atrevidas contorsiones y ser devorada por el fuego en las pantallas que muestran su semblante en éxtasis. 
Como cierre hay un tema en donde todos sin excepción participan y se vuelven émulos de Viva la Gente!, y bailan, con mayor o menor gracia, al ritmo de un tema upbeat, alegre y que por primera vez lleva a los asistentes a ponerse de pie. 

Foto: Fernando Aceves /  Colección Auditorio Nacional

El encore le corresponde a la orquesta en pleno, pero la última interpretación nuevamente es el marco para la celebración, el festivo adiós, y para exhibir la imagen de un Yanni emocionado, pero al mismo tiempo también con ese gesto hurtado a la divinidad y en donde todo, sin lugar a equívocos, invita a la paz, al deseo. El líder, una sonrisa y su maravillosa aura han consumado su majestuosa obra. 


* En 1995 estuvo aquí en noviembre, y dos años después en el mismo mes. 

Cronología 
1954. Nace en Kalamata, Grecia y es bautizado como Yanni Chrysomallis. 
1973. Viaja a Estados Unidos para estudiar psicología en la Universidad de Minnesota. 
1980. Debuta como solista con el álbum Optimystique, el cual será relanzado en 1984. 
1992. Publica Dare to Dream, álbum en donde se incluye la canción “Aria”, nominada a un Grammy, luego utilizada para un comercial de una línea de aviación y que le valió, desde entonces, el acceso a públicos masivos. 
1993. Lleva a cabo un concierto en el teatro Herodes Atticus de Atenas. El disco y el video de esta presentación, titulado Live at the Acropolis, es editado un año después. 
1996. Realiza un par de conciertos espectaculares. El primero en la Ciudad Prohibida con motivo del 50 aniversario de la República Popular China; el segundo, en el Taj Mahal. Lo mejor de dichas presentaciones se recoge en Tribute, aparecido en 1997. 
2003. Imprime un giro musical a su carrera con Ethnicity, decimotercera producción de su discografía, en el cual inicia su exploración por los ritmos del mundo. La autobiografía Yanni in Words, escrita en colaboración con David Rensin, ve la luz. 
2009. Aparece Voices en inglés y español. En castellano cuenta con las voces de Cristian Castro, Willy Chirino, Olga Tañón, José Feliciano, José José y Lucero, entre otros. (D.C.)





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