miércoles, 14 de octubre de 2009

José Luis Perales: Cantando con un nudo en la garganta

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

En directo 35 años / 14 de octubre, 2009 / Función única / 
2:00 horas de duración / Promotor: Erre Ele Asociados, S.A. de C.V. 

Rebeca León

Al escuchar a una estrella cantar sus temas emblemáticos, pocos recuerdan que hubo alguien que ante un piano, una guitarra o una hoja de papel pautado decidió expresar su sentir valiéndose de palabras y sonidos. Ser compositor es un oficio no ajeno a la ingratitud, pero hay quienes tienen el don de cantar sus propios temas con una voz no sólo educada sino un estilo propio. 
El nombre José Luis Perales saltó a ojos de los curiosos cuando Jeanette irrumpió con ese gran clásico de la música en español que es “Porque te vas”, y las versiones que le han seguido son incontables y cada quien tendrá su favorita. Ver en el Auditorio Nacional a Perales* empezar con las notas de esa canción es muestra de que hay compositores que parecen sentirse más a gusto en su estudio; se ven tímidos si deben afrontar al monstruo benigno de miles de cabezas y reciben de manera extraña el cariño y las ovaciones. “Hace poco dijo que desde hace veinte años ha querido alejarse de la música para no subir más a un escenario, imagínate”, asegure una hermosa mujer que se ha vestido para una gran cita, y se pierde entre la multitud cuando asegura que ella le lanzó su servilleta en El Patio, la primera vez que él cantó aquí. 
Tiempo de otoño (1979) fue uno de esos álbumes que le daban sentido de utilidad a los tocadiscos porque todos sus temas son pequeñas obras maestras y no invitaban al hoy común ejercicio de saltarse algún track. Muchos de los que estamos aquí sólo desearíamos escuchar las canciones de ese LP porque son las más coreadas, las más profundas en el recuerdo colectivo. 
Desde hace muchos años, la prensa califica a Perales como un romántico, peor en realidad es un poeta de la canción en general. La gama de temas que ha abordado es tan amplia como la de sus intérpretes, que refuerza la variedad de asuntos que caben en su pluma. Julio Iglesias, Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Lola Flores, Raphael, Miguel Bosé, Paloma San Basilio, Daniela Romo, Massiel, Yuri o Vicky Carr. “Amor sin límite”, por ejemplo, está basada en una carta de San Pablo a los Corintios. Y es curioso ver a parejas musitándola, abrazándose y dando un nuevo significado al tema cuando se la dedican con tanto cariño. 
Los recuerdos, que los hubo con creces en casi dos horas, brotaron con “Y sigo enamorado”, “Cosas de doña Asunción”, “Sí...”, “La llamaban loca”, “La espera”, “Amada mía”, e incluso un tema un poco cursi como “Que canten los niños”, del cual, asegura, está orgulloso. “Los niños siempre están ahí y necesitan de una canción, es el tema que más canto”, asegura con tono afable. 
A pesar de que no es un concierto de chavos, todos los asistentes gritan y silba para que regrese al escenario. Se hace del rogar hasta que las notas de “Balada para una despedida” suenan, pero más conmoción provocan los versos que dicen “Cada vez que te tengo me sabe a poco, / cada vez que te tengo me vuelvo loco”. “Te quiero” ha convertido al Auditorio Nacional en un espacio para miles de pequeñas serenatas. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Las lágrimas corren con los primeros acordes de “¿Y cómo es él?”. El coro se escucha débil y es que las gargantas con nudo son miles. Y es con una canción del álbum Tiempo de otoño que se despide. “Un velero llamado libertad” nos hace sentir que todos, junto a José Luis Perales, somos ese gran viajero del que habla en la melodía, que a veces duda pero cuyo gran sueño le hace olvidar todo temor, salir al escenario y cumplir sus sueños. 


*Perales ha estado antes en el Auditorio Nacional: en febrero de 1997, febrero de 2001 y noviembre de 2006. 

Ni tan joven ni tan viejo 
Cuando comenzó, José Luis Perales no tenía la esperanza de durar 35 años en la música ni que sus canciones llegaran a tantos países, por ello, vehemente confiesa la alegría por la lealtad del público mexicano. 
1975. “No quería ser cantante, un amigo me empujó y con la canción “Celos de mi guitarra” inició todo”. 
1979. “Un velero llamado libertad” está inspirada en una película, donde un joven se iba en barco para no volver. En la canción, ya que los autores nos podemos permitir cualquier variación en el guión, en contra de lo previsto en la película, decidí que el chico volviera. Era más lógico que la soledad, sobre todo porque las sirenas no existen”. 
1983. “Supongo que el haberme criado entre mujeres ayuda a la hora de entender su forma de pensar. De todas formas a mí siempre se me han acercado las mujeres para hacerme todo tipo de confidencias. Un ejemplo es ‘Me llamas’, que se basa en las experiencias de malos tratos, hastío y problemas familiares de una mujer que me llamaba todas las semanas para contarme sus problemas”. 
1989. “Sí creo ser alguna influencia para alguien más, pues en tantos años vamos creando nuestra escuela. De la misma manera que yo, en mis comienzos, me alimenté mucho de la música francesa”. 
1990. “Nunca he tenido una posición política concreta, siempre he huido de las etiquetas y me he relacionado con gente de derechas y de izquierdas por igual. Yo me considero un revolucionario sin bandera y la verdad es que el empeño por mantener mi libertad sin pertenecer a ningún signo político me ha hecho sentirme aislado en varios momentos de mi vida”. 
1994. “Cuando le canté a mi mujer ‘¿Y cómo es él?’, no le gustó nada, pues en aquella época ella había comprado una colección de vestidos grises, su color favorito. Y le hice la faena porque realmente después de la canción y de que la señalaban como la protagonista, siendo que la pobrecita no tenía nada que ver con esa historia, dejó de ponerse sus vestidos grises”. 
2001. “Creo que hay asuntos de los que hay que hablar con urgencia. En ‘Se equivocó el azar’ hablo de los transexuales y en ‘De no ser lo que soy’ intento hacer una autocrítica de las actitudes solidarias. A veces pensamos que con un gesto mínimo es suficiente y no nos damos cuenta de la cantidad de gente que muere cada día de hambre”. (R.L.)
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