lunes, 12 de octubre de 2009

El Tri: Un guión sin alteraciones


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Chamán / 12 de octubre, 2009 / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Producciones Lora, S.A. de C.V. 

David Cortés

Una mujer pregona afuera del Auditorio Nacional: “La discografía completa: 29 discos, 450 canciones en formato MP3”. Pero hay un error. En cifras, la trayectoria de Alex Lora podría resumirse así: 45 álbumes (14 bajo el nombre de Three Souls in my Mind; 31 como El Tri) y 41 años de trayectoria continua, sin interrupciones y con altibajos… todo un récord. 
En uno más de los conciertos que ha dado en su vida —aunque de ellos no existe el número exacto*— hay un guión en apariencia inalterable. Cualquiera, pero especialmente si se es fan, sabe que una velada con El Tri requiere de buena condición física y que habrá, sin importar el orden: mentadas a los gobernantes en turno, chistes a costa de los protagonistas del acontecer nacional o mundial, la guitarrita eyaculadora, cánticos europeos de futbol en abundancia (léase “uleeeeros”), recordatorios a las madres de “los que no vinieron”, sketches de carpa heredados de Chaf y Kelly o Palillo. Todo ello salpicado de música. 
Pero también se sabe que existe la posibilidad de las sorpresas. Hoy, éstas aparecen desde la entrada del recinto con una alfombra de flores con la palabra “Chamán” (el tema del concierto) en el centro, el inicio del toquín con una ceremonia a cargo de los integrantes de Tribu, quienes efectúan una limpia y piden ayuda para “este músico, para este chamán de la banda, que limpie a este México que se derrumba”. Después, Lora interpreta, con la voz más ronca que le es posible, un par de temas para luego hacerse acompañar por Rafael WEA Salgado en la armónica. 
Cuando la banda en pleno se posa sobre el escenario para dar rienda suelta al rhythm and blues, sorprende el amarre de la misma, la dinámica y la conjunción, así como lo emotivo y entregado de los solos de guitarra. En el ínterin suben al escenario representantes de diferentes organizaciones (ANDA, Asociación de Locutores, entre otras) a entregar premios al cantante por su ya larga trayectoria en el rock nacional. Y sí, pésele a quien le pese, es el músico de rock más longevo y prolífico con el cual cuenta el rock azteca. 
Lora canta a dueto con Armando Manzanero, invita al Cuarteto Stradivatios a acompañarlo en algunos temas, brinca como si estuviera haciendo berrinche y pide al personal “echar desmadre como en la secundaria”. Hace publicidad a sus micrófonos. Toma “Johnny B. Goode” de Chuck Berry y “Blues Suede Shoes” (original de Carl Perkins, pero popularizada por Elvis Presley) y las convierte en “Juanito” y “Aviéntale un zapato a Bush”, respectivamente. En “Metro Balderas” cambia la letra y lo que era una canción de amor triste es ahora una crónica de la balacera acontecida en el Sistema de Transporte Colectivo hace apenas unos días. 
Cuando su “domadora”, Chela Lora, sale al escenario, el popular baile de brinquito se apodera del lugar. Los más contentos son quienes están hasta el frente, donde hay suficiente espacio para practicarlo; el resto se conforma con brincar en sus asientos. Sí, es sencillo, directo, arrabalero, grasiento y grosero, pero eficaz, contagioso y divertido. Lora tiene carisma, dotes de líder y sabe cómo conducir a una audiencia, no importa que lo haya hecho una y mil veces, y que en todas ellas haya repetido las mismas bromas: si uno supera la aversión inicial, lo más probable es que termine revolcándose de risa cuando la música no está allí, y brincando cuando ésta se vuelve protagonista. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Para anunciar el encore, en las pantallas se proyecta el video de “María Sabina”. Explosiones, humo, fuego y rock and roll se suceden a continuación. Y sí, uno bien sabe que podría estar, por lo menos, un día completo escuchando las 450 canciones que, según la vendedora, conforman la historia discográfica de El Tri y su antecedente Three Souls in my Mind, pero el cuerpo ya no es el mismo, ni el de Lora ni el de sus seguidores. Sin embargo, eso no impide afinar la garganta y entonar a voz en cuello “Las piedras rodantes” como última etapa de este concierto que no clausura 40 años… en realidad anuncia el arranque de más celebraciones. 

* El Tri ha estado en el Auditorio Nacional en octubre de 1998; septiembre de 2001 y octubre de 2003. 

El camino de la transformación 
Desde sus inicios Alejandro Lora ha sido un polémico frontman. No tiene dotes de poeta, pero sí los bríos necesarios para decir las verdades. Lo hizo con especial énfasis a principios de la década de los setenta, cuando la represión era más abierta, la juventud se encontraba estigmatizada y su grupo se hacía llamar Three Souls in My Mind. 
Él encontró la manera de ser una voz impugnadora, contestataria y plasmó su inconformidad en muchas de sus canciones (“FZ10”, “Abuso de autoridad”, “Chavo de onda”, “ADO”, “Nuestros impuestos”), mismas que por tocar temas universales se convirtieron en clásicos. Incluso a mediados de los ochenta, cuando fisuras en su agrupación original lo llevaron a cambiar el apelativo de la banda, prosiguió con su tarea de ser el portavoz de las clases marginadas. 
Sin embargo, el “gritante” de El Tri, como él se autodenomina, entró al iniciar el siglo en un proceso de ablandamiento. Ahora, sus temáticas surgen de los periódicos y no de un contacto directo con la realidad como antaño. Su mirada se ha tendido sobre la vida política nacional y sus personajes más caricaturescos (“El Peje Atajo”, “Juanito”; así como en la corrupción: “Tributo al goberneitor”, “Guardería ABC”), pero la temporalidad de los acontecimientos retratados le ha restado vitalidad a sus composiciones. Hoy Alex Lora, en la mayoría de las ocasiones, crea viñetas de moda. Sus canciones memorables datan de hace varios años y mantienen, eso sí, su vigencia. (D.C.)




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