viernes, 16 de octubre de 2009

Ballet de Kiev del Teatro Nacional de Ucrania: La magia del vuelo


El Lago de los Cisnes / 16 y 17 de octubre, 2009 / 3 funciones / 
2:56 horas de duración / Promotor: Ocesa, S.A. de C.V. 


Gustavo Emilio Rosales

Casi tres horas de transformaciones corporales, en las que el organismo vuela, se extiende hasta alcanzar prolongaciones exuberantes, gira en espirales y realiza requiebres que parecen desafiar las leyes de la física delimitan la condición temporal de El lago de los cisnes, una de las obras principales del arte de finales del siglo XIX. 
Cerca de ciento ochenta minutos de precisión y gracia extrema constituyen una proeza para cualquier proyecto coreográfico, clásico o contemporáneo, y el Ballet de Kiev es una de las pocas compañías en el mundo que pueden sostener esta exigencia estética con solvencia total. “Nunca presentamos extractos, tan sólo obras completas”, declaró, orgulloso, el director de este conjunto, Viktor Yaremenko, responsable del cuidado de una tradición de ballet que se precia de ser la más rigurosa en cuanto a reposiciones de repertorio se refiere. 
Así, podemos confiar que estos decorados que nos remiten a palacios y bosques, estos vestuarios que transmiten la fantasía de nobles doncellas convertidas en cisnes y de caballeros que se transforman en héroes y demonios, y estos movimientos que justifican la rara aparición de los actos sublimes son lo más cercano a la danza que el 15 de enero de 1895 maravilló a los espectadores del Teatro Mariinsky, en San Petersburgo, la segunda ciudad más importante de Rusia. 
El compositor de la partitura musical de este ballet, Piotr Ilich Tchaikovsky, no vivió para presenciar cómo los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov, en cuatro actos repletos de prodigios, convirtieron en éxito lo que dieciocho años antes, en una versión distinta, en manos de otro realizador, había sido un fracaso. Hoy, debido a la soberbia interpretación de la Orquesta de las Américas, dirigida por el maestro Allin Vlasenko, y a la inefable ejecución de la agrupación ucraniana, podemos imaginar la alegría que hubiera embargado al también compositor de El Cascanueces, al constatar que la primera de las tres obras que escribió para danza (la tercera fue La Bella Durmiente), pudo lograr su coherencia total. 
La portentosa belleza de las ejecutantes, encabezadas en esta función por la prima ballerina Oleana Filipyeva, es por sí mismo un acto mágico. Lo que en el canon clásico se supone que debe ser una intérprete — esbelta, fuerte, poseedora de grandes extensiones y de una perfecta alineación, actriz completa—, una categoría de excepción, aquí parece multiplicarse por decenas. “¿Qué comen para estar así?”, se escucha preguntar a una joven espectadora en uno de los intermedios. “¿Qué? ¡Comen!”, le responde su interlocutora, poniendo de manifiesto que estas grandes artistas, muchas veces anónimas para casi el total de sus testigos, son seres que existen en un nivel de realidad más cercano a los elfos que a las damas que distraen esta pausa apurando un hot dog
Los caballeros que sobresalen en la obra son antagonistas: el príncipe Sigfrido y el mago Von Rothbart, interpretados por Serguei Sydorski y Konstantin Pozharnitzky. Ambos, por supuesto, espléndidos ejecutantes que ofrecen con su consistencia coreográfica e histriónica un estable soporte para el desempeño, artísticamente más complejo, de las bailarinas, quienes arrancan aplausos y exclamaciones de admiración con sus cabriolas asombrosas. 
Los aspectos coreográficos elaborados para coro, abundantes en esta versión, cuidada para su remontaje por Valery Kovtun, fallecido en 2005, son parte central de la excelencia que proyecta el Ballet de Kiev. Se trata de elaboradas secuencias de movimiento donde que las bailarinas pasan de calidades de acción suaves a vertiginosos cambios de ritmo, siguiendo diseños geométricos que parecen multiplicar el de por sí numeroso conjunto de intérpretes. Su hermosura, amplificada por la precisión, proyecta con fortuna el efecto de ser un sueño maravilloso del que no quisiéramos despertar. 
Todo en esta función es voz de un trabajo realizado con los máximos parámetros de calidad y así, aunque conozcamos de sobra el cuento del ballet o los momentos que en él ya están marcados como proeza ineludible (por ejemplo, los treinta y dos fouettés que debe hacer el Cisne Negro), no podemos menos que sabernos afortunados de poder presenciar ahora la danza escénica en su máxima expresión. 

* El Ballet de Kiev estuvo en el Auditorio nacional en mayo de 2004. 

Cisnes a la vista 
* El estreno de la primera versión de El lago de los cisnes ocurrió en el Teatro Bolshoi, de Moscú, en 1877. La coreografía estuvo a cargo de Julius Reisinger —autor de más de veinte ballets y director del mencionado recinto— y fue rechazada unánimemente por la crítica. 
* El doble papel de Odette y Odile es la prueba de fuego para una bailarina de danza clásica. Sólo quien lo domina puede aspirar al rango máximo de prima ballerina assoluta, logrado por leyendas como la cubana Alicia Alonso, la inglesa Margot Fonteyn y la rusa Maya Plisétskaya, de quien se dice que ejecutó ochocientas veces estos personajes. 
* Además de la versión de Petipa e Ivanov, que el Ballet de Kiev preserva de manera completa, El lago de los cisnes suele presentarse con frecuencia en el lance coreográfico propuesto en 1984, para el cuerpo de baile de la Ópera de Paris, por Rudolf Nureyev. 
* En un principio, los bailarines franceses de negaron a ensayar la versión de Nureyev, argumentando que no tenían porqué abandonar su acostumbrada interpretación de la coreografía realizada para su compañía por Vladimir Boumeister. 
* “Para mí, El lago de los cisnes es la rebeldía inconsciente de Sigfrido, quien se opone a seguir la sentencia de matrimonio a la que lo obligan sus tutores. Incapaz de cambiar este designio en la realidad, inventa una ilusión en la que aspira a encontrar el amor verdadero. No sabemos cómo este joven, eco lejano de Hamlet, podrá preservar su cordura después de que su sueño ha terminado”, escribió Nureyev en una carta en la que convenció a los bailarines franceses de que su versión coreográfica estaba plenamente justificada. 
* La historia de El lago de los cisnes fue reestructurada completamente por el coreógrafo británico Matthew Bourne en 1995. Todas las aves son varones en esta versión, cuyo momento central marca el final de la famosa película Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000). 
* La presentación del Ballet de Kiev en el Auditorio Nacional fue postergada por el episodio de influenza que padecimos, en estado grave, los capitalinos, durante la primera mitad de 2009. La compañía ucraniana accedió a cambiar puntos importantes de su gira anual, con tal de cumplir a posteriori este compromiso, pues su director considera que el público mexicano “es el más cálido y atento que la compañía ha tenido”. (G.E.R.)
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