miércoles, 30 de septiembre de 2009

Zoé y Babasónicos: De la transgresión a la pista de baile

Babasónicos. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Connection tour / 30 de septiembre, 2009 / Función única / 
4 horas de duración / Promotor: Ocesa, S.A. de C.V. 

Alejandro González Castillo 
Poco resta de aquel grupo que deambulaba con un discurso plagado de alusiones satánicas y místicas por antros de tarimas precarias, enmarcadas con un audio digno de un mitin político. Hoy, sobre el escenario se pasean cinco argentinos que venden discos como si de teleras crujientes se tratase, y no sólo en su país natal y Éste que hoy los cobija con las comodidades de un foro de primer orden, sino en el resto de Latinoamérica. 
Después de Jessico, Babasonicos decidió ser bondadoso con el pop y el movimiento ha arrojado a la fecha tres álbumes, Infame, Anoche y Mucho, con un perfil sonoro de lo más amable, a diferencia de lo presentado en discos previos, como Babasonica, Dopadromo o Trance zomba, cuyo punto de coincidencia es su promiscua agresión rítmica y melódica. 
En ese sentido resulta natural que hoy el público aplaque las palmas cuando llega el turno de “Seis vírgenes descalzas” y “Viva satana”, canciones demasiado viejas para los adolescentes que han venido a dedicarle a su primer amor lo que han escuchado a últimas fechas en la radio: “Las demás”, “El colmo”, “Putita” (aunque usted no lo crea) y “Microdancing”. 
El conjunto liderado por el Adrián Dargelos luce arrogante ejecutando “Yegua”, pero la sonrisa inocente del cantante al confundir al público con un insinuado encuentro homosexual en “Yo anuncio” o el flirteo gamberro de “Pendejo”, borra cualquier suposición de altanería. Para el quinteto, el carisma se concentra en su pose hedonista y conquistadora; la actitud justa para contrarrestar el ensimismamiento de Zoé, el grupo encargado de clausurar una de las múltiples citas de la gira que protagonizan ambos conjuntos y que visita las ciudades más representativas de México. 
Los llamados a ocupar el calzado que Caifanes dejó a medio uso están en el punto más alto de su carrera. El júbilo que desencadena “Vía Láctea” hace rato no se veía en el panorama local y está justificado: León Larregui y sus compinches han crecido una enormidad sobre el escenario. Si hacemos caso a las referencias celestes que colman el terreno lírico del quinteto capitalino, luego de cuatro álbumes y un EP el sonido de estos músicos ha rebasado los más grises nubarrones. Sergio, Jesús, Rodrigo, Ángel y León, tal como Babasónicos ha hecho, dispersaron los pronósticos más deprimentes para ensuciarse las comisuras con el empalagoso sabor que únicamente los rock stars conocen. 
Sólo que, a diferencia de sus colegas sureños, los mexicanos han encrudecido su sonido con el paso de los álbumes. El ánimo hippie de “Peace and love” y el coqueteo con la pista de baile de “Deja te conecto” fueron reemplazados por la deprimente densidad de “No hay dolor” y “Corazón atómico”. Pareciera que entre el debut homónimo del grupo y su más reciente lanzamiento, Reptilectric, existen decenas de sesiones con el psicoanalista para combatir la depresión. Sin embargo ambas etapas son recibidas con la misma euforia que cada movimiento de Larregui bajo las luces; desde que cambia su chamarra por un zarape hasta cuando se deshace de su guitarra para azotar el pandero, y bailar a su muy peculiar modo “Soñé”, quizá la más celebrada de todas. 

Zoe. Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Con ánimo de provocar un debate entre los fans —y vaya que los grupos que hoy pasan lista cuentan con los más fieles del panorama— si en lugar de escenario hubiera sido colocado un ring, quien saldría hoy en hombros y con un gordo cinturón colgado del cuello sería Zoé. Eso sí, el duelo de guantazos hubiera llegado hasta el último round y la decisión de los jueces, peliaguda y debatida hasta el último puñetazo, sería revisada en cámara lenta durante meses por los más duchos analistas del campo deportivo. 

Cada quien su Phil 
Para Babasónicos, Phill Brown es más que quien se ha encargado de mezclar su par álbumes más recientes: “Es un ingeniero que trabaja desde los setenta con gente del tamaño de Jimi Hendrix y Bob Marley. Para nosotros es una eminencia de la manipulación sonora, sabe extraer magia de los instrumentos. Es uno de los pocos magos que quedan. Nos lleva a otra dimensión; antigua, pero moderna a la vez. Porque no pretendemos volver al pasado, al contrario, estamos a la caza del futuro, de escribir una nueva página en el rock, y Phill nos ha ayudado mucho en el camino”. 
En ese punto, Zoé ha encontrado en Phil Vinall, su productor de cabecera, al sexto integrante del conjunto: “Nos ha ayudado a encontrar nuestra identidad sonora. Regularmente nos da el último empujón, pero sin llevarnos a rastras. Digamos que nos abre puertas. Con Phil compartimos la intuición y la emoción, así que hemos creado un buen canal de comunicación. Unidos hemos llegado lejos. Es con él que hemos conseguido evolucionar”. (A.G.C.)



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