domingo, 13 de septiembre de 2009

Silvio Rodríguez: Diálogo entre un par de viejos amigos

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Acompañado del poeta cubano Roberto Fernández Retamar: Concierto y Poesía / 13 de septiembre, 2009 / 
Función única / 2:00 horas de duración / Promotor: Ocesa, S.A. de C.V. 

Fernando Figueroa
Ante trescientas personas, de manera alternada, Silvio Rodríguez interpreta una docena de temas y Roberto Fernández Retamar lee otros tantos poemas. Es viernes 22 de mayo por la tarde; el sitio: la sala “Che Guevara” de la Casa de las Américas, en La Habana, Cuba. El espectáculo se denomina Con las mismas manos y está dedicado a Haydée Santamaría, fallecida en 1980, la guerrillera que asaltó el cuartel Moncada y que, tras el triunfo de la Revolución, fundó este centro cultural hace 50 años. El selecto público está formado por empleados de la Casa e invitados especiales, incluido el ministro de Cultura de la isla, Abel Prieto. 

Silvio Rodríguez confiesa que a lo largo de su carrera se ha inspirado varias veces en versos de Roberto Fernández Retamar, tal como queda de manifiesto en algunas de sus letras. El poeta lee: Nosotros, los sobrevivientes, / ¿a quiénes debemos la sobrevida? / ¿Quién se murió por mí en la ergástula? / ¿Quién recibió la bala mía? Enseguida, el trovador entona: Soy feliz, / soy un hombre feliz / y quiero que me perdonen / por este día / los muertos de mi felicidad. Entonces aplauden ya no los trescientos en el Caribe sino nueve mil y pico en el Auditorio Nacional de la ciudad de México, porque los artistas cubanos decidieron repetir aquí la experiencia “de manera excepcional”. 
Las similitudes continúan cuando Fernández Retamar dice: No hay momento / en que no piense en ti. / Hoy quizás más, / y mientras ayude a construir esta escuela / con las mismas manos de acariciarte. Y la réplica de Rodríguez: Te doy una canción y hago un discurso / sobre mi derecho a hablar. / Te doy una canción con mis dos manos, / con las mismas de matar. En el concierto de La Habana, el trovador había dicho entre risas: “Aquí el fusilazo es más descarado”. En el Auditorio Nacional sólo hace una genuflexión en honor a su compañero. 
Antes de viajar a México, Silvio Rodríguez definió este acto como “un diálogo temático entre un par de viejos amigos”. Los convidados son miles de admiradores del músico, quienes se portan educadamente con el invitado; es decir, guardan respetuoso silencio mientras el poeta lee y aplauden tímidamente al término de cada composición. 
En “Otro poema conjetural”, Retamar se transforma en álter ego de Jorge Luis Borges para leerle la cartilla: La tristeza, la soledad, la desolación, / contribuyeron a que existieran mis páginas perfectas, / pero yo habría cambiado tantas de esas páginas / por haber besado labios que nunca besé. Mientras Silvio pregunta en “Playa Girón”: ¿Qué tipo de adjetivos se deben usar / para hacer el poema de un barco / sin que se haga sentimental? 
Luego de 80 minutos de canciones ―algunas con el apoyo del guitarrista Rachid López― y poemas intimistas y coloquiales que remiten al estilo de Jaime Sabines y Mario Benedetti, el programa original llega a su fin, pero no así el entusiasmo de la concurrencia. Un primer encore se compone de “Victoria” ―oda a una monja de la vida real entregada al servicio social― y “Juana” ―en torno a la Décima Musa―, del lado de Retamar, más “Ojalá” y “Oh, melancolía” a cargo de “Silvio”, tal como le gritan sus admiradores. 
Las luces encendidas son aparente señal de que aquí se rompió una taza, pero entonces da inicio el típico y trillado grito de “¡otra-otra-otra!”, que en este caso se combina con el maleducado “¡solo-solo-solo!”. El cantautor regresa luego de tres o cuatro minutos de impasse para ofrecer “Sueño con serpientes” ―musitada como una oración en las butacas―, “Expedición” y “El dulce abismo”, ésta dedicada a cinco cubanos presos en Estados Unidos desde hace diez años. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

El ídolo se va pensando que el adiós es definitivo, pero ocho minutos de súplicas ―que bien podrían establecer aquí un récord― lo hacen volver para pedir silencio en un tono muy, pero muy serio: “¡Por favor, por favor!”, al tiempo que hace una seña como de “alto” con la mano derecha. Remata con “Historia de las sillas” y una frase ―“Gracias, México, buenas noches”― que ahora sí suena definitiva hasta para el más aguerrido espectador, el mismo que hace un rato dijo en voz alta, pero sin estruendo: “¿No que no tronabas, pistolita?” 
En el vestíbulo, una experimentada periodista y fan del músico pregunta con una sonrisa: “¿Por qué siempre tenemos que salir regañados de un concierto de Silvio?” 

* Silvio Rodríguez se presentó aquí en marzo de 1998 y mayo de 2005. 

De Tchaikovsky a Johnny Mathis 
En una entrevista con The Miaimi Herald, en 1997, Silvio Rodríguez habló, entre muchas otras cosas, de sus influencias musicales: 
“La música que me hizo desear hacer música fue la llamada clásica”. 
“Mis primeras composiciones eran entre boleros de Vicentico Valdés y baladas de Paul Anka, con algo de calipsos de Belafonte, además de ciertas resonancias de Los Cinco Latinos”. 
“Mi melodismo viene directamente de Tchaikovsky y también del repertorio de Johnny Mathis”. 
“En 1962 me presentaron a los Beatles, pero no me gustaron. Debe ser porque las primeras canciones que oí eran algo estridentes. Sin embargo, con ellos me pasó lo mismo que con Violeta Parra: acabé en la adicción”. 
“A Dylan, de quien se me suele encasquetar una marcada influencia, lo escuché por vez primera en 1969, gracias a una chica norteamericana con la que salía. Me llamó más la leyenda de Dylan que sus canciones porque no entendía mucho (ni entiendo) el inglés. Una vez traducido, admiré la estructura literaria de “With God on Our Side” y, por supuesto, el clásico “Blowin in The Wind”. (F.F.

Programa 
Felices los normales-Ala de colibrí / El otro-Pequeña serenata diurna / Con las mismas manos-Te doy una canción / Los feos-El gigante / Tiempo de los amantes-En estos días / A la enamorada desconocida-La gota de rocío / Aniversario-Te amaré / Haydée-Canción del elegido / A mi amada-Mujeres / Otro poema conjetural-Playa Girón / Mack The Knife-A dónde van / ¿Y Fernández?-Unicornio / Victoria-Ojalá / Juana-Oh melancolía / Sueño con serpientes / Expedición / El dulce abismo / Historia de las sillas.


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