jueves, 10 de septiembre de 2009

Rubén Blades: El espejo encantado

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

10 de septiembre, 2009 / Función única / 2:50 horas de duración / 
Promotor: Musidora Producciones, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano

Digamos que frente a Rubén Blades* hay un espejo. Pongamos que el reflejo se multiplica por diez mil. Que no es fiel y tampoco es uno solo, sino que se transforma con cada canción. Añadamos, por último, que a veces llora, ríe, grita, ondea banderas o besa, pero se mueve siempre al ritmo voluptuoso de la salsa. 

A los quince minutos de concierto llama la atención que, arriba a la izquierda, el espejo devuelve la imagen de un Rubén Blades especialmente exuberante, de cabello rubio y largo, pantalones apretados al cuerpo y un chal brillante que va y viene con golpes de caderas que se mueven mientras se escuchan los versos de “Buscando guayaba”. El chal se mueve así: golpe a la derecha, Buscando Guayaba ando yo; golpe a la izquierda, Que tenga sabor, que tenga mendó; golpe consecutivo derecha, izquierda, derecha, Una guayaba salve morena... una guayaba que esté bien buena. Aquí nadie sabe qué diablos es “mendó”, pero todos intuyen acertadamente que es algo así como chispa, salero. 
En minutos el reflejo deja de ser voluptuoso. Ahora es triste, melancólico: esposos que escuchan con atención de alumnos de escuela la historia de aquel padre que recrimina al muchacho cabizbajo: Aunque tú seas un ladrón / y aunque no tienes razón, / yo tengo la obligación de socorrerte. Apenas termina este verso de “Amor y control”, la mujer dice a su marido con lágrimas: “Te dije que no sería fácil educar a nuestros hijos”. Él, incapaz de mirar el futuro, le responde: “Pero si nuestro niño más grande tiene dos años”. 
El espejo devuelve luego varias imágenes parecidas entre sí. Hombres y mujeres que sienten una revolución, a veces en la cabeza y otras en el corazón, a través de las vidas de Camilo Manrique (“Plantación adentro”) y de “Pablo Pueblo”. Entonces, el reflejo de Blades lo mismo es el de un hombre que ondea la bandera de Panamá que el de una joven que grita con toda la experiencia de los libros marxistas leídos en la universidad: Pablo Pueblo, hijo del grito y la calle, / de la miseria y del hambre, / del callejón y la pena. 
Pero la imagen se transforma también en “Juan Pachanga”: un hombre ancho y guapachoso que mueve cada kilo de su cuerpo con la ligereza de plumas al viento. En el pasillo central, el baile vigoroso de este Juan Pachanga desconcierta a quienes lo rodean, quienes tal vez piensan que en cualquier momento sus pies se convertirán en armas letales. Uno de los guardias se acerca para comentarle algo al oído, probablemente sólo le dice que baila pésimo. Por respuesta, Juan Pachanga mueve sus carnes a mayor velocidad y manda besos con las dos manos. 
Reaparece entonces la imagen exuberante, pero ahora no lleva chal brillante ni es festiva; es una mujer sola que se levanta a bailar muy cadenciosamente, despacito. Se mueve sólo unos cuantos centímetros sobre su eje, mientras la mirada se le pierde en los versos de la cándida “Ligia Elena”, muchacha de sociedad que se ha fugado con un trompetista de vecindad. En cuanto termina la última estrofa, la mujer se recoge sobre si misma y con la misma cadencia con que bailó, se retira rumbo a la puerta. Y lo hace todo quedito. 
Ahora digamos que el espejo no es un espejo. Que en las canciones de Rubén Blades no se ve un reflejo sino la realidad, por ejemplo, la de los adolescentes detenidos por robo, posesión de estupefacientes o abuso sexual. La realidad, también, de sicarios de 13 años, condenados a vivir en el ambiente en que se desarrolla la historia de “Pedro Navajas”. O la de las aspirantes del programa de realidad simulada que sueñan con sudar Chanel Number 3. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

“El mundo no lo van a cambiar las canciones”, dijo Rubén Blades a mitad del concierto. Quizá no sea necesario. Quizá basta con cantarlas y bailarlas entre mujeres exuberantes, hombres guapachosos y jóvenes exaltados por sus ideales rebeldes. 

* Blades estuvo antes aquí el 11 de septiembre de 2003. 

Los riesgos de la política 
Si bien sus canciones no han cambiado al mundo, el mundo sí ha cambiado a las canciones de Rubén Blades. Hace cinco años se retiró de la música para ocupar la cartera del Instituto de Turismo Panameño, durante el mandato de Omar Torrijos. Su gestión fue especialmente cuestionada por algunos ambientalistas, quienes lo acusaron de permitir la venta de reservas naturales en las costas de Panamá. Él ha negado tales acusaciones, argumentando que detrás de ellas están sus enemigos políticos. 
Se ha dicho que alguno de su programas turísticos provocaba condiciones de esclavitud para la etnia Kuno, tal y como se narra en “Plantación adentro”. Blades ha respondido: “La canción deja de ser tuya y, además, en algunos casos le dan la interpretación que les da la gana. Yo ya no controlo eso. Una vez hablé de eso con Bruce Springsteen. A él, el presidente Ronald Reagan le quitó ‘Born in the USA’, cosa que le molestó muchísimo, pero aprendió que una vez fuera de su garganta, ya no es de él”, declaró al diario El Informador
Es notorio que en “Chica plástica”, el llamamiento bolivariano al final de la canción ya no menciona a los dictadores. Antes el grito de “Nicaragüa sin Somoza” era uno de los más vitoreados en los conciertos, pero ahora simplemente menciona al país. 
Antiimperialista por tradición, Blades se permitió en el Auditorio Nacional una broma suave con el actual presidente de Estados Unidos. En “Ligia Elena” proyectó una foto de Barack Obama tocando una trompeta mientras explicaba: “¡Como han cambiado las cosas, que ahora un trompetista está en la Casa Blanca!”. 
Sin embargo, lo que permanece a lo largo de la historia son dos elementos: su ideal bolivariano (“Matan a la gente pero no a los ideales”, dijo justo antes de “Patria”) y su gusto por Los polivoces: en un puente musical de “Todos vuelven”, gritó “Ahí madre” y se golpeó la barbilla, en la mejor imitación jamás vista de Gordolfo Gelatino. (J.A.Q.

Programa 
Cuentas del alma / Amor y control / Decisiones / Buscando guayaba / Plantación adentro / Pablo Pueblo / Chica plástica / Ligia Elena / Juan Pachanga / Ojos de perro azul / Todos vuelven / Patria / Buscando América / Pedro Navajas / Por tu mala maña / Adán García / 11 de septiembre 2003.


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