domingo, 27 de septiembre de 2009

Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz, Coro Alpha del Instituto Politécnico Nacional y el Grupo de Rock Quinteto Britania: Y la Reina se vistió de gala

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional



Queen Sinfónico / 27 de septiembre, 2009 / Función única / 2:09 hrs. de duración /
Promotor: Festival y Representaciones, S.A. de C.V. 

Gustavo Emilio Rosales

Aquí viene la ola. Una vez más. Se escucha con todo el cuerpo y empapa sin mojar, pues es puro sonido. Inicia, en esta ocasión, con un pulso que crece: elefante en celo a diez segundos y avanzando sobre los tonos bajos de cuerdas y tambores, hasta que un timbre vocal, generado por una multitud ataviada de negro, desde el fondo de la escena, entona “¡Flasshh!, ¡Ahhhhhhh!”, y estalla el corazón de quien escucha este alud musical, desde cualquier plataforma de experiencia que tenga más de treinta y cinco años de edad, en fragmentos de memoria. 
El efecto teatral, a no dudar, es el sello de Queen. La tríada que protagoniza el presente recital lo sabe y en consecuencia cuida que cada canción homenajeada porte con solidez la atmósfera dramática que le corresponde. El ámbito orientalista, por ejemplo, es para “Innuendo”; con un ambiente metálico se comienza a vestir “I Want It All”; y un clima operístico se torna en casi un tono de pleonasmo sonoro para “Somebody to Love”. No hay, afortunadamente, pretensiones de innovación en los arreglos y esta postura, que es un sentido atinado de humildad, hace que el proyecto que hoy une a la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz, al Ensamble Coral Alpha Nova del Instituto Politécnico Nacional y al grupo de rock llamado Quinteto Britania, construya poco a poco su destino bajo el signo halagüeño de la sinceridad instrumental. 
Rendir tributo a la maravillosa música hecha por Queen de 1973 a 1991, con los alcances de la dotación instrumental específica de cada uno de los protagonistas de esta noche, es el tema que hoy reúne a varios miles de espectadores y a un conjunto de poco más de cien artistas sobre el escenario. Todos, por supuesto, cobijados al amparo de la bendición poética de Freddie Mercury, a quien se puede descubrir, generando cabriolas sin cesar, en las húmedas pupilas de esta muchacha quincuagenaria que viste una playera estampada con el logo del disco A Day at the Races, como si de un vestido de rigurosa gala se tratara, mientras recupera con nuevo aliento musical el concierto del cuarteto inglés que seguramente presenció hace casi tres décadas en Puebla o Monterrey. 
De lejos o de cerca, la figura que organiza cadencias y cascadas de ritmo podría ser el polo opuesto del cantante nacido en Zanzíbar, cuyo fallecimiento en 1991, a causa del sida, aún es llorado por admiradores antiguos y recientes. Sin embargo, las apariencias mienten y aunque no tenga la silueta de bailarín de Mercury, el director de este concierto, Antonio Tornero, posee la inventiva necesaria para dejar en claro el juego de esta velada dominical. Con pases apenas perceptibles, decide que las cuerdas acústicas y eléctricas han de trabajar en comunión y sin tratar de emular el sonido irrepetible de la Roja Especial, guitarra construida a los dieciséis años por Brian May, en su casa paterna. Mediante miradas que los músicos captan con ojos de lince, establece la jerarquía de los planos acústicos sin descuidar que en todo momento destaque un timbre dominante (del clarinete, los violines o la flauta) que asuma el lugar que en la versión original de las canciones corresponde a la voz del compositor de temas legendarios, como “Love of my Life”. 
Visiblemente emocionado y enmarcado por el aura seráfica que invariablemente surge cuando la labor del cuerpo, amén de hecha, está bien hecha, Antonio Tornero no complica lo fácil. Coloca el foco de atención en la orquesta, hacia primer plano de la escena; respeta, mediante una dramaturgia hecha de tiempos sonoros, la iniciativa de creación de los músicos de rock, quienes forman una hilera entre sinfónica y coro; y conduce las detonaciones emotivas hacia la zona de cantantes, quienes se atreven, en conjunto, a realizar una coreografía que evoca los antiguos videos de Queen, mientras entonan con júbilo los fonemas “radiogaga-radiogugú”. 


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Así, en una dimensión de confianza, como en una fiesta de amigos donde el director y el baterista de la banda se permiten presentarse el uno al otro y decir cuán magnífico es que todos recordemos a Queen a través del talento mexicano, van reuniéndose perlas fácilmente identificables y “Killer Queen” dialoga sin tapujos con “Another One Bites the Dust”, mientras que el color azul de la noche brota de “Save Me” para dar paso al rosa caramelo de “Crazy Little Thing Called Love”, hasta alcanzar el arco-iris de la impensable “Bohemian Rhapsody”. De tal modo confirmamos, una y otra vez (pues hay encore), que “We Are the Champions”. 

Larga vida a la Reina 
* Detrás de la inmensa creatividad musical de los miembros de Queen se encuentra un historial académico notable. Brian May, el guitarrista, posee un doctorado en astrofísica y es rector honorífico de una universidad, en Liverpool. John Deacon, bajista, se recibió con honores como ingeniero en electrónica. El baterista Roger Taylor es también biólogo y Freddie Mercury (bautizado en la comunidad zoroástrica parsi, de la que fue originario, como Farrokh Bulsara) cursó una carrera de arte y diseño gráfico. 
* ¿Es necesario considerar al cantante Paul Rodgers como miembro de Queen? Para una inmensa mayoría, encabezada por John Deacon, la historia de la banda inglesa que fusionó en álbumes memorables los estilos del rock duro, el glam rock, la ópera y el vodevil concluyó con la muerte de Mercury. Los encuentros musicales (incluyendo la publicación del disco The Cosmos Rocks, de 2008) que Brian May y Roger Taylor, quienes firman como Queen, han tenido con el ex vocalista de Bad Company son considerados como proyectos secundarios; mero efecto del impacto generado, a escala mundial, por la brillante historia artística de la agrupación. Tributos como el de esta noche también forman parte de dichas consecuencias. 
* En Queen sinfónico y coral se cuidó la preservación del tono que es sello estilístico de la música firmada por Mercury, May, Taylor y Deacon, sin coquetear con la caricatura o el impulso perfeccionista. Lo anterior debe ser el resultado de un trabajo de mesa entre Antonio Tornero, director de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de Veracruz; Armando Gómez Castillo, guía del coro de voces mixtas Alpha Nova, del IPN; y Marco Antonio Díaz Landa, guía del Quinteto Britania (también especializado en la interpretación del repertorio de The Beatles y Creedence Clearwater Revival) y autor de los arreglos orquestales que movieron al canto, e incluso al baile, a espectadores de todas las edades. 
* Ciertos guiños sinfónicos, una marcada grandilocuencia en la estructura armónica, son características que tiñen muchos temas de Queen, lo que les permite ser reinterpretados a escala orquestal. Diversas agrupaciones, como la Filarmónica de Medellín, Colombia, han intentado con éxito esta adaptación. La versión más famosa en la categoría correspondiente es la dirigida por Louis Clark (2000) al frente de la Royal Philharmonic Orchestra y The Royal Choral Society, de Inglaterra. 
* Las canciones de Queen que se suelen adaptar al sonido orquestal son las mismas del concierto encabezado por la agrupación veracruzana. Faltarían sólo tres presencias recurrentes en este repertorio: “You’re my Best Friend”, “Bicycle Race” y “Don’t Stop Me Now”. (G.E.R.)



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