viernes, 18 de septiembre de 2009

Marco Antonio Solís El Buki: Tiempos más blancos

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


18 y 19 de septiembre, 2009 / 2 funciones / 2:05 horas de duración / 
Promotor: OCESA, Promotora S.A. de C.V./Sr. René Reyes 


Julio Alejandro Quijano 

Una exclamación honesta remata los versos de “Tu cárcel”: “¡Como ha pasado el tiempo!”, dijo Marco Antonio Solís. Se acuerda en ese momento, seguro, de aquel traje blanquísimo (tan pulcro y tan blanco que daba la impresión de brillar en la oscuridad) con que se vistió en el video musical grabado en 1986: él a bordo de un Buik convertible y a la puerta de una Quinta desde donde descubre que la mujer de su vida acepta ceder su amor a un rico hacendado malencarado sin saber que “tal vez mil cosas mejores tendrás / pero un cariño sincero jamás”. Solís continua su confesión: “Nunca imaginé que esta canción sería mi pasaporte para viajar por muchos países desde el día que la escribí en Coahuila a mediados de los ochenta”. Es decir, una época distinta no sólo por aquel atuendo blanco en el video y por su cabellera esponjada que iba al aire mientras manejaba por carretera rumbo a un concierto donde se reencontraría con la susodicha ex amante, sino también por la presencia de Los Bukis, vestidos todos con su smoking blanco y moviendo las caderas con la torpe cadencia de los tempranos gruperos: un movimiento rutinario de cadera que iba de izquierda a derecha, izquierda a derecha. 

Otra exclamación aun más sincera concluye el comentario sobre los años que han pasado desde que “Tu cárcel” convirtiera el movimiento grupero de regional en internacional y urbano: “Pero ¿será el tiempo o seré yo?” preguntó “El Buki”, quien —hay que recordarlo— formó su primer grupo cuando tenía doce años en su natal Ario de Rosales y que ahora tiene 30 álbumes y, por cierto, un nieto de dos años que según dijo él mismo, no conoció hasta meses después de nacido porque el embarazo y parto sucedieron mientras estaba de gira por Sudamérica. Precisamente en este foro se ha contado parte de su historia musical porque su primera presentación fue con Los Bukis, justo un año antes de su desintegración. 
El Marco Antonio Solís de ahora ya no viste aquellos trajes de solapas elefantiásicas y aunque conserva un cierto gusto por las telas brillantes, ya no las combina con la osadía de los ochenta. Las diferencias son evidentes aunque quizá la menos importante sea la de su vestimenta (hoy compuesta de un pantalón negro, camisa blanca y un discreto saco púrpura). Visto en retrospectiva la primera diferencia notoria es la obviedad de que ya no lo acompañan aquellos cinco Bukis (cabello esponjado algunos, barba y bigote abundante otros) sino que en su lugar el escenario se llena con la sección de cuerdas y viento de una mini orquesta filarmónica que lo acompaña en la primer media hora de concierto enfocada en sus discos solistas. Y se nota, sobre todo, que la coreografía ya no es un movimiento perene de caderas masculinas sino que se compone de cinco bailarinas con bikini arriba y falda bordada con la Virgen de Guadalupe abajo, y que oscilan al ritmo de la tambora en “Morenita”. “Yo sé que nadie me estaba viendo a mí”, dice al final el músico para hacerse cómplice del voyeurismo masivo. 
“A ver quién se acuerda de ésta”, reta Marco Antonio Solís al redundar en los ochenta con “Como fui a enamorarme de ti”, coreada en su totalidad durante los cuatro minutos y medio, lapso durante el cual demuestran que sí, que se acuerdan de esta canción simbólica de la gira más larga de Los Bukis realizada en 1989 a bordo de un autobús turístico rotulado con el nombre de la banda. Y los más memoriosos recuerdan también el atractivo cuerpo de Lourdes Munguía como la mujer engañadora y abandonadota, según el video grabado ese mismo año y que termina con ella subiendo a una avioneta mientras él regresa al autobús con sus músicos para seguir la gira. 
Las alusiones al pasado tienen un sentido y peso especial justo en este momento en que Marco Antonio Solís cumple 35 años de carrera. En 2004 exploró el pop rock con el disco Trozos de mi alma, pero en el álbum más reciente, No molestar, se escucha otra vez la cadencia campirana de la música de banda que él aprendió en Ario de Rosales, en el jardín de su plaza principal con su obelisco dórico y su iglesia del siglo XVIII. Hacia el final del concierto interpreta dicha canción y al mismo tiempo toca los timbales. En el verso “Vámonos a otro lugar donde no nos juzguen”, Solís agrega voz en cuello: “Vámonos para Michoacán”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Entonces se revela el significado de esta noche para el cantautor: su pasado sólo existe en su música y hacia allá regresa en un viaje que lo lleva de vuelta a Michoacán aunque ahora sus trajes ya no sean chillantes y su cabellera es más bien lacia. El público entiende el mensaje al escuchar “La venia bendita”: trompetas y trombones provocan eso que los poetas llaman “sentimiento” y que no es otra cosa sino ganas de pararse a bailar. Con diez mil personas moviéndose al son que les toca, Marco Antonio mira al techo, alza las manos y cierra los ojos: “Hermanitos, hay que dar todo el amor para estar bien alimentados del alma”. Se intuye entonces que su mirada no apunta al techo sino más lejos (quizá el cielo, quizá Ario de Rosales) para agradecer ese momento en que su alma está bien alimentada. 

* El Buki ha estado en el Auditorio Nacional en mayo de 1995, febrero de 1999, noviembre de 2001 y marzo de 2005 

Ayer, hoy ¿y mañana? 
“En la actualidad hay una crisis de valores, además de la económica. Es momento de comunicar lo que vemos a nuestro alrededor incluyendo la destrucción y violencia porque está en nuestras manos terminar con ella”, declaró Marco Antonio Solís. Pero no lo declaró este año sino hace una década (ver CAN 1 pag. 46). Y un viernes diez años después, justo el día de un concierto más en el Auditorio Nacional, un sujeto entra al metro para hacer unas pintas apocalípticas y termina asesinando a un policía bancario y un herrero que quiso ser héroe. La noticia fue tan impactante que a las puertas del foro la gente coincide en el tema: “Le disparaba al herrero pero no se caía hasta que le apuntó a la cabeza”, “Le dio tiempo de recargar su pistola adentro del vagón”, “Si yo hubiera estado ahí…” 
Quizá eso mismo influyó en el ánimo de un público que permaneció sentado durante la mayor parte del concierto. Marco Antonio Solís se percató de ello y les dijo: “Vamos a olvidarnos un poquito de lo que ocurre allá afuera, de las noticias, de la lluvia, del tránsito. Esta noche será, pues, de cantar, ¡se vale llorar y se vale bailar!”. Solo hasta entonces comenzaron a bailar con “La venia bendita” mientras en efecto, allá afuera llovía, el tránsito se complicaba y las noticias daban cuenta de que el mentado asesino no se arrepentía de nada. Sin afán profético, las palabras de Solís resuenan: “En la actualidad hay una crisis de valores, además de la económica”. (J.A.Q.

Programa 
Dios bendiga nuestro amor / El peor de mis fracasos / Morenita / Tu hombre perfecto / Y ahora te vas / Mi eterno amor secreto / Nada que me recuerde a ti / Sigue sin mi / O me voy o te vas / El milagrito / Invéntame / Recuerdo / Tristeza y soledad / Volveré / Cómo fui a enamorarme de ti / No molestar / El celoso / Tu cárcel / ¿Dónde está mi primavera? / Antes de que te vayas / La venia bendita / Más que tu amigo / Mi mayor sacrifico / Si no te hubieras ido / Te necesito tanto, amor.


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