sábado, 5 de septiembre de 2009

La hija del regimiento: Natalie y Juan Diego en el Everest

Foto: The Metropolitan Opera

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 5 de septiembre, 2009 / 
Función única / 2:44 horas de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C 

Gustavo Emilio Rosales 
Cuando Marie es “rescatada” por la Marquesa, quien la encontró en las montañas del Tirol como mascota de un regimiento militar francés, en realidad se siente encarcelada. En el castillo de la familia Berkenfield, añora la campiña, la tentación que significa Tonio, su joven pretendiente tirolés, y, sobre todo, el ámbito guerrero de quienes cuidaron de ella desde que era una pequeña huérfana. Los lujos que ahora están a su alcance no significan nada comparados con su libertad de antaño; por eso no cesa de añorar la dura vida del campamento y así la vemos transformar su lección de piano en un bravo desplante que evoca la canción del regimiento, su auténtica familia. 
En el papel de esta joven, Natalie Dessay resulta irresistible. Cumple con creces su fama de la más alta intérprete del bel canto en la actualidad, pero además es estupenda como actriz. Con sus grandes ojos, que abarcan su amplia gesticulación, dirige la energía de una voz privilegiada que borda con múltiples juegos acústicos la transformación de una dulce melodía en una ráfaga de impulsos contundentes que la lleva a desfilar por el salón de música como si dirigiera la acometida central de una vanguardia. La aparición de los soldados del regimiento, que han dado con ella y desean que vuelva a formar parte de sus filas, aumenta la intensidad dramática de esta escena, clave para la definición humorística de una de las más famosas óperas de Gaetano Donizetti. 
Se trata de una producción extremadamente cuidada. “El orgullo del Met”, ha dicho acerca de ella algún comentarista. Y es que no sólo destaca el arte de Dessay. También se encuentra el cobijo de la dirección orquestal de Marco Armiliato, quien es un experto en el repertorio del compositor nacido en Bérgamo. Además, la escenografía de Chantal Thomas combina con acierto el realismo de los ámbitos centrales con elementos simbólicos, como las enormes cartografías que en cierto momento tapizan el fondo de la escena. Por otra parte, la coreografía de Laura Scozzi aprovecha al máximo la capacidad dinámica de Natalie para convertirla en un eje del trazo dramático: los universos militar y aristocrático se mueven con peso y lentitud; ella, en su vocación transgresora, irrumpe y realiza todo tipo de detonaciones de índole sentimental. Todo esto está a favor de la puesta en escena y bastaría para otorgarle un sello trascendente, pero hay una presencia que convierte lo bueno en logro insuperable: es el tenor ligero Juan Diego Flórez, de Perú; el mejor intérprete belcantista, según el circuito internacional de las casa de ópera, que se disputan su agenda con años de anticipación. 
Cuando llega el momento en que Tonio cantará el aria “Ah! Mes amis!”, que por contener nueve do agudos es llamada El Monte Everest del bel canto, todo alrededor del montaje —públicos locales de Nueva York y hasta los invisibles espectadores del sistema HD en todo el mundo, incluidos— parece ingresar en un orden de poesía. Con la prestancia de un atleta, Juan Diego alcanza la perfección y desata un torbellino de aplausos, vivas, oles y olas que dura minutos que son eternidad para este orgullo latinoamericano, quien no puede más que hacer un bis de tal proeza. Lo que resulta sensacional es que el limeño provoca este efecto por segunda ocasión, pues en 2007, en el mismo papel, lo había causado (después de setenta y cuatro años que no sucedía algo similar, en Nueva York), y entonces tuvo que regresar diecisiete veces a escena, a recibir la entrega emocional del público neoyorquino, del que se dice que ya lo ha visto todo. 
Imaginemos por un momento la gloria que es tener reunidos a Natalie Dessay y a Juan Diego Flórez en una ópera de música tan alta, estupendamente escrita por Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges y Jean-François-Alfred Bayard, libretistas que captaron en ella el ambiente militar —que oscilaba entre republicanos y monárquicos y entre tensiones políticas con Argelia y Prusia— de Francia en la primera mitad del siglo XIX. 
Sin duda, ha valido la pena experimentar todo el vértigo que es vivir, para tener la ocasión de estar frente a creaciones como ésta. Donald Maxwell, en el papel del mayordomo Hortensio; Felicity Palmer, como la Marquesa de Berkenfield; Roger Andrews, como el Cabo, tutor de Marie en la milicia; y Marian Seldes, como la Duquesa de Krakenthorp, son los cantantes que, con su buen desempeño, completan la inolvidable experiencia suscitada por Gaetano Donizetti hace ciento sesenta y nueve años. 

Historias de combate 
* Autor de setenta y cinco óperas —entre las que destacan El elíxir de amor, Lucia di Lammermoor y La favorita—, Gaetano Donizetti nació en la pobreza, sin tradición musical por parte de su familia. Tuvo una vida corta (1797-1848) y llena de dificultades. Enfermó de sífilis y fue presa de la locura en su última etapa. Sin embargo, su obra está llena de lucidez artística, e incluso de humor, como consta en La hija del regimiento, estrenada el 11 de febrero de 1840, en la Ópera Cómica, de París. 
* El inevitable éxito de esta obra —pese a críticas adversas, aparentemente escritas por encargo—, provocó que Donizetti, radicado en París, se llenara de enemigos dentro del círculo musical francés, donde nunca fue del todo aceptado por su nacionalidad italiana y evidente talento. 
* Antes de Natalie Dessay, la cantante mundialmente preferida para interpretar el papel de Marie fue la soprano estadounidense Anna Moffo, considerada una de las diez mujeres más bellas en el ámbito de la ópera, quien falleció de cáncer en 2006. 
* “Salve, Francia” es la composición que da fin a La hija del regimiento. Pese a las hostilidades que ahí vivió, Donizetti encontró en París el alimento cultural que su inspiración necesitaba. “Esta ciudad es la síntesis de todas las glorias y de todas las tentaciones”, escribió a un amigo. 
* El tenor ligero Juan Diego Flórez Salom nació en Lima el 13 de enero de 1973. El haber logrado triunfos importantes, como recibir una de las más largas ovaciones en el Met de Nueva York por su interpretación de Tonio en La fille du régiment, lo ha convertido en una gloria nacional. “No es fácil para un latino abrirse camino en los medios dominantes de la música. Hay que trabajar siempre el doble y nunca creer que se ha llegado del todo”, comenta. 
* Natalie Dessay nació en la ciudad francesa de Lyon, el 19 de abril de 1965. Desde pequeña se sintió cautivada por las artes de la escena: quiso ser bailarina, y luego actriz; de hecho, descubrió su talento como cantante cuando tomaba clases de actuación. Para ella, “estar en escena es un acto sagrado que requiere toda la responsabilidad y concentración por parte del intérprete. Ante el público, no puedes darte el permiso de fallar. Todo debe parecer perfecto, aunque en el fondo no lo sea”. (G.E.R.)
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