sábado, 26 de septiembre de 2009

La flauta mágica: Arte barroco para niños

Foto: The Metropolitan Opera

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 26 de septiembre, 2009 / 
Función única / 1:44 horas de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C. 

Gustavo Emilio Rosales 
Mientras el príncipe Tamino afronta con valor los retos iniciáticos que le impone la orden del sacerdote Sarastro, el pajarero Papageno, quien lo acompaña y está sujeto a las mismas restricciones que él, desobedece todo cuanto pueda ayudarlos a superar las pruebas que habrían de conducirlos a liberar a la bella Pamina, quien se encuentra en cautiverio y asediada sexualmente por el repugnante esclavo Monostatos. La situación es alarmante y no parece tener muy buen final, pero, un poco en el olvido, está la flauta mágica. 
Un numeroso equipo de producción, encabezado por la directora teatral y cinematográfica Julie Taymor, ha provocado que los mundos fantásticos en los que se desenvuelven estos personajes sean un deleite para la imaginación y así funcione este proyecto de adaptar La flauta mágica, de Mozart, a la percepción de un público infantil, en una versión que dura cerca de noventa minutos y sigue un guión en inglés escrito por J.D. McClatchy, con base en el libreto original del actor y dramaturgo austríaco Emanuel Schikaneder, amigo de Wolfgang Amadeus, quien la realizó inspirado en la simbología de los ritos masónicos que él mismo practicaba. 
El sello artístico de Taymor, que ha sido calificado como un “barroco contemporáneo” por la exuberancia de sus elementos, confeccionados con medios tecnológicos, consigue en esta adaptación su mayor síntesis. Todos los detalles han sido atendidos con dedicación y siguen un plan maestro, que es proyectar las dimensiones fantásticas que cobijan la aventura del príncipe Tamino, símbolo del viaje iniciático del alma que lucha por su evolución existencial, para el deleite de los niños que por este medio pueden adentrarse en el ámbito operístico. 
Constantes combinaciones de múltiples colores y un afortunado manejo de la relación entre luz y oscuridad determinan la presencia de grandes marionetas que representan seres extraordinarios: peligros que amenazan a los protagonistas, como una serpiente gigantesca, o comparsas de ellos, como las damas mágicas que sirven a la Reina de la Noche, madre de Pamina y aparente víctima del sacerdote Sarastro, a quien acusa de raptar a su hija. 
El diseño de vestuario, trazado por la propia Julie Taymor, es fascinante. Su elocuencia teatral comienza desde las texturas de las telas y elementos de utilería, y su función está determinada por el antiguo principio dramático de la escena clásica oriental, en el que la indumentaria cumple operaciones escenográficas. Esto se suma a la lógica del plan de la escenografía mayor realizado por George Tsypin, que, aunque sumamente estilizado, también cumple con fines operativos dentro de la dramaturgia. El resultado es un espectáculo que brilla como entretenimiento, sin demérito de las condiciones artísticas determinadas por la música de Mozart, que en manos del director principal del Met, maestro James Levine, cuenta con una garantía de excelencia en su manifestación. 
El tono de esta puesta en escena es casi cinematográfico, pues la inventiva de efectos especiales —en mucho basada en el teatro de sombras y marionetas— cobija siempre la historia del libreto y la narración poética implícita en la música. Taymor siguió esta estrategia dramatúrgica de relatos entrelazados para la realización del filme A través del universo (2007), basado en música de The Beatles. Para que esta versión de La flauta mágica pueda cumplir las aspiraciones del mencionado proyecto de dirección es necesario contar con cantantes que sean magníficos actores, y el reparto correspondiente cumple ciertamente con este requerimiento. 
Aunque los personajes protagónicos de esta obra son los príncipes Pamina y Tamino, interpretados por la guapa soprano china Ying Huang y por el tenor lírico estadunidense Matthew Polenzani, el centro de atención es el pajarero Papageno, a cargo de Nathan Gunn, un barítono nacido en Indiana, Estados Unidos, que ha cobrado rápida fama por su capacidad actoral, que raya en lo atlético, su gallardía (fue nombrado por una conocida revista como “el hombre más sexy del mundo”) y la firme tesitura de su voz. De fabulosa presencia y bella voz también son la soprano húngara Erika Miklósa, intérprete de la Reina de la noche; el bajo alemán René Pape, quien interpreta a Sarastro; y la cantante norteamericana Jennifer Aylmer, quien es Papagena, la sorpresiva pareja del bufón que lleva a buen fin la aventura al tocar La flauta mágica. 

El pájaro que tocó la flauta 
* Cuando Mozart estrenó La flauta mágica tenía treinta y cinco años y sólo le quedaban dos meses de vida. 
* El autor del libreto era hermano masón de Wolfgang Amadeus y fue el primer actor en interpretar el papel de Papageno, a quien describía como representante de la imaginación descontrolada, que en momentos inspirados es capaz de conducirnos hacia la Salvación. 
* Esta ópera fue estrenada en el Theater an der Wien de Viena, el 30 de septiembre de 1791, bajo la dirección del propio Mozart. 
* Siete años antes de este estreno, el compositor había sido iniciado en una logia masónica de Viena, llamada La beneficencia
* La búsqueda de la verdad y el fomento de la virtud, en sus manifestaciones intelectuales y morales, son los objetivos de la masonería, movimiento filosófico, con tintes esotéricos y filantrópicos, surgido en Europa a finales del siglo XVII. 
* Muchos personajes ilustres han sido masones. En México, por ejemplo, tenemos los casos de Benito Juárez, Francisco I. Madero, Porfirio Díaz y el actor Joaquín Pardavé. 
* La partitura de La flauta mágica contiene numerosos momentos destacados. Las arias de la Reina de la noche lo son por su complejidad técnica, y las de Papageno por su carisma melódico. 
* Entre las cintas dirigidas por Julie Taymor sobresale su particular visión de la pintora mexicana Frida Kahlo, a quien busca retratar por medio de un sinnúmero de lugares comunes, con la multimedíatica actriz Salma Hayek como protagonista. En el campo teatral es famosa su estupenda versión de El Rey León
* Por lo accesible de su contenido melódico y la riqueza de su inventiva teatral, La flauta mágica ha sido la ópera que más se ha utilizado para hacer que los niños cobren gusto por el arte musical. Algunos estudios sugieren que la historia porta imágenes que impactan directamente en el inconsciente, como los símbolos mágicos o los cuentos de hadas, y que por eso resulta tan atractiva para los infantes, que tienen mayor sensibilidad para captar esta clase de información. (G.E.R.)


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