sábado, 29 de agosto de 2009

Óscar Chávez: El encuentro de los llaneros solitarios


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

2 tipos descuidados, artista invitado: Jaime López / 29 de agosto, 2009 / 
Función única / 3:10 horas de duración / Promotor: Martha de Cea 

Gustavo Emilio Rosales
Como reza la conseja, no hay coneja sin pareja, y del mismo palo que el mamífero de la fábula resultan ser cantantes como Óscar y Jaime, como Chávez y López, que se las arreglan del todo bien por mano propia pero invariablemente acaban apareando sus canciones a voces, compartiéndolas en estado de otredad, sumando repertorios para sí; mano a mano, testa a testa, con diferentes llaneros solitarios. 
Dictan los cánones del cine que todo duelo que se respete como tal habrá de darse en el ocaso, y es este el caso: cae la noche y sobre el foro dos mesas, con sillitas, vasos jaiboleros, dos jóvenes meseros que las rondan y un letrero que parece hecho al descuido hacen del escenario la cantina La cruda realidad, territorio en el que los llamados Caifán Mayor y Malafacha se disponen a compartir entre sí musas, ingenios y auditorios. Bien mirado, el asunto tiene que ver con intercambiar dimensiones generacionales y de talante artístico; pero la cancha del concierto, influida por la batalla de sones albureros que sostienen Pedro Infante y Jorge Negrete en la cinta Dos tipos de cuidado (Ismael Rodríguez, 1953), que inspira el nombre paródico del programa en cuestión, sugiere el viejo deporte nacional que, entre varones, consiste en verificar quién tiene más grande el colmillo. 
Es Chávez, por supuesto, quien da la bienvenida a este tugurio de la vera bohemia. Los Morales, el infatigable trío que en las buenas y en las malas lo acompaña, marca la ruta acústica esperada por los miles de personas que han cumplido con la cita que pacta en este recinto, año con año, el cantante que puso a Macondo en el mapa sentimental latinoamericano. La travesía que se vislumbra es el credo de Óscar: rescate de acervos populares y tradicionales, matizados por sátira política; en este caso, por evocaciones poco conocidas de la era de Juárez. 
“La mejor forma de preservar la tradición es contradecirla”, había declarado Jaime López poco antes del concierto y desde el primer paso dentro de él, después de que Óscar Chávez ya tenía al respetable en los bolsillos merced a una baraja fuerte de décimas, chilenas, huapangos y boleros, juega a ganar la mano susodicha con apoyo del conjunto Norteados Band y músicos de acompañamiento, entre los que destacan el acordeonista Julio Aguilar y el guitarrista Jorge García, en un lance que deja atrás la imagen paradigmática del trovador callejero, para ubicar al autor de “El mequetrefe” como una especie de prófugo del Cerro de la Silla que ha descubierto en el corrido la versión más ad hoc del cante jondo. 
“¡Te salió lo Matamoros, ca’!”, se escucha entre la multitud que aspira a reconocer a su héroe entre quebraditas y aroma a carne asada. Ni siquiera las clásicas instantáneas como “Chilanga banda” son fácilmente identificables bajo esta aura de música norteña. La rechifla y los gritos que reclaman el regreso de Óscar Chávez hacen su aparición y no dejarán de estar presentes cada que Jaime intervenga en La cruda realidad. Después de un intermedio que se antoja infinito, la presencia del recuperador de repertorios brinda consuelo a más de uno. “Ya me tenías con pendiente”, grita una mujer al cantautor que, sin inmutarse, comienza a interpretar “El buscapiés”. 
Sin embargo, el pleito de cantina está instaurado y el hecho de que López interprete una versión altamente bluesera de “Por ti”, en su segunda aparición, desata la cólera de una gran parte del público y alaridos de apoyo del sector a su favor. Como en la película Los Caifanes, de Juan Ibáñez, que retrata el México de los años sesenta, y donde se hiciera famoso como actor Óscar Chávez, la colectividad parece polarizarse en la chaviza y la momiza. Jaime ya canta para sí y para su figura tutelar, a quien invoca en escena. Así, por medio de un video, Eulalio González, Piporro, el rey del taconazo, contempla desde el más allá la fricción provocada por temas como “No ando buscando a Jesús, yo ando buscando a Magdalena” y “Te toca a ti pagar el pato, bato”, tras los cuales Malafacha se despide con una frase lapidaria: “México, creo en mí”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Imperturbable, sin un ápice de voluntad de avivar el encono, Óscar Chávez compele a Los Morales a continuar con la revisión de cancioneros de la época de la Reforma. Ante el paso del tiempo y la agitación, que decrece, apunta: “No se inquieten, todavía hay Metro”. A manera de adiós y reconciliación canta “Por ti”, “Macondo” y la emblemática “Perdón”, y así encabeza la despedida de casi todos los músicos invitados (adivinen quién falta), seguro de que sus públicos habrán de esperar todo un año para volverlo a visitar, en este su santuario. 

Descuidados y en pareja 
* Jaime López se declara admirador de Óscar Chávez, a quien considera el rocanrolero mexicano que más ha aportado a la tradición. “Me gusta su manera diferente de abordar las canciones”, apunta. 
* Entre Jaime y Óscar hay tan sólo diecinueve años de diferencia, en cuestión de edades. En materia ideológica, no parece haber distancia entre los dos. “Antes de este concierto, coincidimos en escena una sola vez, en una tocada a favor del CEU, en la explanada de arquitectura. Era 1986 y yo le entré al quite con él, porque su guitarrista no llegó”, recuerda López. 
* Óscar Chávez lleva, con esta presentación, trece años continuos presentándose con éxito en el Auditorio Nacional. Lo que muy pocos artistas han podido alcanzar. Todavía se recuerda con agrado su concierto de 2008, cuando, con la participación especial de La Internacional Sonora Santanera, hizo de este recinto el más grande tíbiri que la ciudad de México ha conocido. 
* En La cruda realidad, el llamado Caifán Mayor dedica un saludo entrañable a “los cuadernos que se han ido”: Julio Morales —uno de los fundadores del trío que suele acompañarlo—, Jorge Reyes y el también cantautor Marcial Alejandro, los tres recientemente fallecidos. 
* Gran parte del repertorio que Óscar Chávez presenta esta noche está contenido en su más reciente álbum doble, que contiene temas de la época de Benito Juárez. También hay inéditos, como “Doña Fernanda”, una canción que hizo para una película inconclusa y que ahora canta “porque está bien bonita”, y sones jarochos como “El borracho” y “La indita”. 
* Una canción al alimón entonaron Óscar Chávez y Jaime López: “Doroteo”, dedicada por supuesto a Pancho Villa, de quien se proyectaron imágenes en las pantallas gigantes del recinto. 
* “Estamos conscientes de que la química entre nosotros es rara”, habían declarado ambos cantantes a la prensa, momentos antes de la celebración de este programa que también formó parte de la edición 37 del Festival Internacional Cervantino. 
* Jaime López nació en Matamoros, Tamaulipas, en 1954. Aunque se le considera como uno de los padres del rock en español dentro de México, él suele rehuir las etiquetas y poner a prueba su talento en géneros aparentemente opuestos, como el rap y la música norteña. Sus aportaciones como compositor son considerables. 
* Óscar Chávez nació el 20 de marzo de 1935 en la ciudad de México y es uno de los recuperadores de cancioneros tradicionales más conocido y querido dentro y fuera del país. Como compositor, su pieza más famosa es “Por ti”. De tan buenas que suelen ser sus interpretaciones, se le ha tomado como autor de muchas piezas de su repertorio, como “La niña de Guatemala” y “Marihuana”, que son de dominio popular. (G.E.R.)


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