sábado, 8 de agosto de 2009

La Bohème: El arte de vestir un drama con magnificencia

Foto: The Metropolitan Opera

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 8 de agosto, 2009 / Función única / 
2:44 horas de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C 


Gustavo Emilio Rosales 
La Bohème, al igual que la voz de Gardel o que el mítico álbum Abbey Road, de The Beatles, cada día suena mejor. “Es una de las cinco estrellas del Olimpo operístico”, comenta, alegre, nuestra anfitriona, Renée Fleming, a quien no dejan mentir el tenor mexicano Ramón Vargas y la soprano rumana Angela Gheorghiu, protagonistas de este drama musical que significa la inmortalidad para su autor, Giacomo Puccini, pues ambos vocalistas se dedican a resaltar con sus mejores luces la merecida fama de una composición que es paradigma del dolor amatorio. 
“Caramba, me doy cuenta que no me moví para nada en toda esta parte y, sin embargo, me siento agitadísimo”, expresa un señor a nombre de las miles de almas que aún no dejamos de vibrar a ritmo extraordinario debido a un cúmulo de estímulos artísticos que parecen cifrar la quintaesencia de nuestro ser como humanos. Han transcurrido varios segundos de sala iluminada e indicaciones de intermedio, pero pocos son los cuerpos que se disponen a estirar piernas y aliento: el asombro de haber estado en una noche de París a finales del siglo XIX, rodeados por decenas de gente, caballos, payasos, niños, taberneros y el vivaz grupo de amigos encabezado por el recién nacido amor entre Rodolfo y Mimi, el poeta y la hacedora de flores de tela, es una experiencia difícil de sustituir, súbitamente, por una realidad de celulares encendidos y necesidades fisiológicas. 
La magnificencia no conoce de grados. Imposible decir dónde hay más gala, si en la escenografía diseñada por Franco Zeffirelli, que parece incluir aroma y sensación de humedad en su espléndido realismo, o en la hermosa mujer que hoy canta el aria “Sì, mi chiamano Mimi” con la gracia de quien puede hacer un mundo mejor por medio del trabajo que domina con maestría. No se necesita ser nacionalista para sentir orgullo ante el hecho de que Ramón Vargas se encuentre a la altura de este lance descomunal y lo demuestre cuando a la hora de interpretar “Che gelida manina”, prueba de fuego para cualquier tenor, su don vocal se antoje del todo coherente con la excelencia de una de las producciones que más veces se ha representado en la historia del Met. “Es su riqueza musical la que hace a esta ópera tan atractiva”, explica el mexicano a su colega Renée Fleming, en la entrevista que acontece durante los cambios de escena y que es uno de los valores apreciados por quienes, a través de esta serie de proyecciones en Alta Definición hemos aprendido a valorar lo que Richard Wagner llamó “la obra de arte total”. 
Celebramos los atributos de una tradición, pues al estar hecha por Franco Zeffirelli, el productor más atento a las indicaciones originales de un libreto, sabemos que Mimi ha de morir de tuberculosis y no de sida, y que la buhardilla en la que Rodolfo y sus amigos comparten una existencia miserable pero llena de aspiraciones artísticas, será trazada como un lugar fiel al contexto dramático señalado por los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, con base en la novela Escenas de la vida bohemia de Henry Murger, en vez de estar representada como, por ejemplo, una vecindad de Ciudad Nezahualcóyotl. El director de este montaje se llama Nicola Luisotti, es joven y, por supuesto, es italiano y está completamente versado en la creación según Puccini. Sin duda, las tareas de diseño de vestuario e iluminación, a cargo de Peter J. Hall y Gil Wechsler, respectivamente, están orientadas por el canon correspondiente. El cuidado con el que este sobresaliente equipo creativo ha realizado su labor, amén de merecer los aplausos que brotan en cada cresta de la historia, demuestra las posibilidades de vigencia que tiene una obra bien hecha, independientemente de las condiciones de su origen, por lo cual podemos afirmar que este sábado, en el corazón del Distrito Federal, algunos privilegiados hemos podido desayunar con el sabor intenso y nutritivo de los clásicos. 

La Bohemia, sus hijos y Zeffirelli 
* De acuerdo con diversas fuentes, en Francia, desde finales del siglo XVI, se ha empleado el término bohemia para designar casi cualquier forma despreocupada, poco responsable, de vida. Se relacionaban conductas disolutas con las costumbres de los gitanos —cuyas rutinas de cultura nómada suelen entrar en colisión con los parámetros sociales propios de pueblos sedentarios—, creyendo que éstos eran originarios de la región checa que lleva el nombre de la ópera mayor de Giacomo Puccini. 
* A principios del siglo pasado, un poeta menor, Guillermo Aguirre y Fierro, compuso un ejercicio conocido como “El brindis del bohemio”, que adquirió fama nacional en voz del declamador Manuel Bernal, quien también dio vida vocal a los memorables cuentos de Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri. El texto en cuestión formó parte de la educación sentimental de la clase media mexicana, de los años sesenta a los ochenta, y trazó una imagen popular del carácter de los personajes y situación anecdótica de la novela de Henry Murger que fascinó a Puccini cien años antes. El cuadro novelado y el versificado desarrollan la imagen de jóvenes con aspiraciones artísticas que celebran la vida con los parcos estímulos etílicos que su pobreza les permite; pese a su condición liviana, son proclives a ser presa de arrebatos líricos de gran intensidad, y la fatalidad parece rondarlos con persistencia. 
* En el reciente montaje de esta producción realizada por Franco Zeffirelli en 1981 —en la que Teresa Stratas y José Carreras interpretaron los personajes principales—, actúan con pasión el barítono francés Ludovic Tézier, en el papel de Marcello, amante de Musetta, personaje a cargo de la soprano española Ainhoa Arteta. También participan, con notoriedad, los cantantes Oren Gradus, Quinn Kelsey, Paul Plishka, Meredith Derr, Robert Maher y Richard Pearson. 
* En marzo del 2008, el Met reconoció la vasta trayectoria del cineasta y productor Franco Zeffirelli, miembro del partido conservador italiano Forza Italia. En emotiva ceremonia en la que estuvo presente el realizador de Té con Mussolini, acompañado por una pléyade de celebridades, se colocaron placas en los costados del proscenio para que sean vistas por todo aquel que ingrese y salga del foro, que indican que el homenajeado forjó la historia artística del recinto. 
* Los diseños escenográficos de Zeffirelli cuidan con detalle la proyección de un estilo realista y frecuentemente son dispuestos para escenas multitudinarias, lo que hace que su instalación y manejo sean complejos. Para el cambio de escena entre las primeras etapas de La Bohème —que implica pasar de una oscura buhardilla a una plaza parisina atestada de gente— se requiere la intervención de ochenta técnicos, quienes tienen que resolver esta operación en menos de cuatro minutos. 
* ¿La Bohème le viene bien a los tenores mexicanos? Apenas hace unos meses se estrenó la versión fílmica de esta ópera nacida en 1896. La cinta, dirigida por el australiano Robert Dornhelm, cuenta con la participación estelar de la soprano rusa Anna Netrebko y el tenor defeño Rolando Villazón. (G.E.R.)
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