miércoles, 5 de agosto de 2009

Alberto Vázquez: Un boleto para revisar el júbilo y la melancolía

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


50 Aniversario / 5 de agosto, 2009 / Función única / 
2:10 horas de duración / Promotor: Carlos Edgar Rodríguez 

David Cortés 

Las madres llevan de la mano a las abuelas, éstas arrastran a las nietas. Las últimas están aquí curiosas y expectantes, pero a la hora de piropear a un elegante Alberto Vázquez que viene a compartir “con su público” 50 años de trayectoria, las representantes de tres generaciones no tienen rubor ni carecen de imaginación.* El recato se quedó en casa y bien puede permanecer allí. 

La celebración no es de rock and roll, tampoco se homenajea la balada romántica, ni predomina la música ranchera; en realidad, el sonorense funciona como una caja de resonancia del pasado. No sólo transita por diferentes géneros, también lo hace por distintas épocas: es un apretado recorrido por la música popular de este país. 
Si los recuerdos se desdoblaran sería imposible albergarlos en el recinto y el mosaico de imágenes funcionaría como una filmoteca de las últimas cinco décadas. Son “50 años de estarla regando”, comenta un emocionado cantante respaldado por orquesta, grupo y coristas que echa mano de su experiencia entre tema y tema, y no deja de señalar, a la menor provocación, que está un poco ronco, aunque su voz se escucha intacta, como si la tuviera grabada en una enorme caja torácica oculta bajo el saco. 
Un detalle importante: El público, a pesar de dar rienda suelta a su emoción, permanece sentado. Es una demostración de reverencia absoluta, el reconocimiento a un intérprete que ha sabido ajustarse a los tiempos y crecido con éstos. Maduro, sobrio, carismático, elegante, encantador, seductor, simpático, son algunos de los atributos que Vázquez posee y aquí los despliega a diestra y siniestra. 
Pero la sorpresa de la primera mitad del concierto no es musical, ésta se da con el anuncio de su futura paternidad, un pretexto que muchas de las presentes aprovechan para deslizar algunos cumplidos que harían enrojecer al más templado y recogidos por él con la naturalidad de quien ha escuchado semejantes y más epítetos. 
El arribo del mariachi desata el fervor y el marco festivo también se aprovecha para entregar un par de reconocimientos al cantante. El primero lo otorga el Auditorio Nacional por sus “primeros 50 años de cantante profesional”, el segundo viene de las manos de los directivos de Discos Mussart. 
Luego de la pausa, los equívocos también pasan lista de presentes. Su voz se adentra en los primeros versos de “Paloma querida” para de pronto recordar que ese tema ya lo había ofrecido con anterioridad, aunque con otro arreglo. Para deshacer el entuerto, recibido con hilaridad por la mayoría, se escucha “Maracas”, probablemente uno de sus más grande éxitos radiofónicos, aunque en realidad la pregunta sería ¿qué, de lo interpretado, no ha sido un hit
Las reumas, los dolores en la espalda, la ciática y la artritis quedaron en el guardarropa; en su lugar están las memorias, las remembranzas, la abundancia de cabezas grises y blancas. Cada melodía es un disparador y lo mismo se pasa de la risa al llanto, de la exultante alegría a la profunda melancolía, todo depende del momento evocado por esta voz que, cual varita mágica, hace reaparecer y desaparecer polaroids depositadas en el baúl arrumbado en el desván, vivencias enquistadas en algún recóndito rincón del cerebro.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Cuando el cantante anuncia la despedida porque “ya son dos horas, pero dos horas malísimas”, la transición al encore se da con suavidad. El fondo lo aporta la orquesta, sus fans se encargan de opacarlo con una ovación, y el resultado es emotivo hasta lo indecible. Para este instante ha reservado “El pecador”. La orquesta se escucha monumental, su voz brilla, se cuela por cada una de las fibras nerviosas, el volumen impone dramatismo. Señoras, señores: el momento del homenaje llegó y el gesto se hace evidente cuando la audiencia finalmente se pone de pie para proclamar admiración y agradecer al cronista musical y perpetrador de soundtracks personales, a un Cantante de la vieja guardia, a una garganta privilegiada. 

* Alberto Vázquez estuvo anteriormente en el Auditorio Nacional en el espectáculo 5 grandes del rock, al lado de Angélica María, Enrique Guzmán, César Costa y Manolo Muñoz el 8 de mayo de 1992, y después, él solo, el 9 de mayo de 2004. En 2006 tuvo cuatro presentaciones al lado César Costa, Angélica María y Enrique Guzmán, en el espectáculo Los cuatro grandes del rock de los 60. 

Semblanza 
Alberto Vázquez (Guaymas, Sonora, 1940) es producto de una coyuntura especial. Comienza su carrera en la segunda mitad de los años cincuenta, justo cuando la juventud emergía como una nueva categoría social, el rock and roll aparecía, la radiodifusión vivía una época de auge y en el horizonte apenas se insinuaba la televisión. 
Como varios de sus contemporáneos, se inició como intérprete de éxitos del rock and roll estadounidense traducidos al castellano, pero pronto su naturaleza romántica y su paso por la industria cinematográfica lo encaminaron a la balada. 
En su vida, la música es su principal devoción; sin embargo, su actividad en el celuloide ha funcionado como una carrera paralela al canto. Su filmografía da cuenta de 23 cintas, entre ellas Lanza tus penas al viento, Perdóname mi vida, Vestidas y alborotadas, A ritmo de twist, Un callejón sin salida, Mi niño Tizoc, Jóvenes de la Zona Rosa y Ni solteros ni casados. En televisión encontramos apariciones continuas en sus primeros años, siendo Especiales Musicales Ossart la más duradera de ellas. Aunque también ha pisado los escenarios teatrales, sus incursiones en este género son contadas. 
Algunos de sus principales éxitos como intérprete son “16 toneladas”, “Olvida”, “Uno para todas”, “Si la invitara esta noche”, “Maracas”, “Desencadena mi corazón” y “Fue en un café”. (D.C.)


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.