lunes, 20 de julio de 2009

Fedra: La lucha contra un tigre invencible

Foto: National Theatre of London

National Theatre de Londres / 20 y 31 de julio, 2009 / Dos funciones / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C. 

Fernando Figueroa
Nicholas Hytner, director del National Theatre de Londres, le dice en las pantallas al actor Jeremy Irons ―convertido en entrevistador― que el público de varios países vivirá la excitante experiencia de lo que sucede en el Lyttelton Theatre, durante la representación de Fedra. El propio Hytner dirige a Hellen Mirren (Oscar a la Mejor Actriz en 2007 por La reina), Margaret Tyzack, Dominic Cooper y Stanley Townsend, en la obra del francés Jean Racine (1639-1999), con la que arranca el proyecto NT Live. 
El National Theatre de Londres se ha propuesto transmitir varias piezas de su repertorio mediante un sistema de video de alta definición que se proyecta en 70 cines y teatros del Reino Unido, y en 200 más de varias naciones alrededor del mundo. México es el primer país de América Latina que se une a esta iniciativa británica, tal como lo señala en vivo, en el Lunario, María Cristina García Cepeda, Coordinadora Ejecutiva del Auditorio Nacional, quien agradece a la dramaturga Lorena Maza “la espléndida traducción al español”, accesible en subtítulos. Si la experiencia del Metropolitan Opera House en el Auditorio ya enraizó en el gusto de los espectadores mexicanos, la del National Theatre en el Lunario arranca con mesas llenas y una gran expectación. 
El trabajo de Hytner ―a partir de una traducción del poeta Ted Hughes (1930-1998) que elimina la versificación raciniana― apuesta por la profundidad del texto y el virtuosismo del elenco. La carencia de mobiliario resalta las figuras humanas y sus abismos interiores. Como es natural, alrededor de Mirren (Fedra) gira la historia de la mujer madura que se enamora de su hijastro, y la actriz soporta ese peso con pasmosa solidez. Tyzack está a la misma altura como Enona, la nodriza que genera el plan para mostrar al casto Hipólito como violador; éste es interpretado con eficacia por Cooper, sin alcanzar las cumbres de las primeras actrices. Caso contrario al de Townsend (Teseo), quien llena el escenario virtual con su sola presencia, y lo hace retumbar cuando expresa la tragedia que implica invocar la muerte de un hijo inocente. 
Si Eurípides centra la acción en los conflictos internos de Hipólito ―causados por una madrastra enloquecida y un padre demasiado poderoso y libertino―, Racine enfoca las baterías hacia la lucha de Fedra contra la incontrolable pasión que la domina. Ella culpa a Venus de su desgracia y le horrorizan el deseo y la culpa, al grado de afligirse como si en verdad hubiese consumado sus apetitos. Los delirios la recluyen entre los altos muros que acogen la acción, pero las miradas de los espectadores se cuelan ―en vivo o a por medio del video― para testificar ése y otros dramas humanos a través de una escenificación portentosa. 
Aunque en realidad lo intenta, Fedra jamás puede dominar al tigre que la acecha. Antes de comprobar que la muerte es amiga de la desesperación, grita: “¡El destino me usa cual juguete de un niño cruel!”. Un poderoso veneno la envía al más allá y, momentos después, renace como Helen Mirren, quien agradece los aplausos junto a sus talentosos compañeros.
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