sábado, 4 de julio de 2009

Alejandro Filio: El amor a las palabras

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

En concierto / 4 de julio, 2009 / Función única / 
2:45 hrs. de duración / Promotor: Lundra Producciones S.A. de C.V. 

Fernando Figueroa
Amor, desamor e ideas libertarias son los principales ingredientes de un concierto de Alejandro Filio, mientras en las repletas mesas predominan las parejas que cruzan miradas de satisfacción, musitan letras y, sobre todo, practican su deporte favorito: el arrumaco. Casi el paraíso. 
Filio les habla al oído y les ayuda a encontrar las palabras justas para expresar lo que siente el uno por la otra, y viceversa. El noventa por ciento de quienes están aquí sienten mariposas en el estómago y buscan un brebaje para conservar esa sensación; el resto tal vez mira con una sonrisita burlona a la mayoría, pero en el fondo muere de envidia. 
Con influencias formales de los trovadores cubanos, especialmente de Silvio Rodríguez, el cantautor mexicano le da forma al amor que aún no conoce desasosiego: “Si me miran tus ojos, cobra sentido el sueño. / Con tus ojos me devuelves lo que pierdo, / lo que fui. Y también: Qué maravilla es poder sentirte aunque no estás, / siempre supe que en el viento te podías quedar”. Aunque predomina la idealización, no falta la metáfora del amor carnal: “Hoy la noche me habla de tu piel / y abrazándome está la madrugada”. Tampoco puede faltar el desvelo: “Me alejo y me pregunto / si algún día te podré olvidar”. 
Otra temática tiene que ver con el repudio a la guerra: “No juzgo tu locura, / compraste con tu error la desventura… La choza humilde que se incendia / sólo es un error de la estrategia”. Y la admiración por el Che Guevara: “Comandante, su sueño va. / Aunque nadie lo entienda, vivirá”, de su más reciente producción (Pionero de guerra, 2008). En otros momentos ensalza la figura de Bolívar en el terreno de la política, y de José Martí en el de las ideas. A dos días de las elecciones intermedias, lamenta que la ciudad de México esté llena de propaganda partidista. 
Queda claro que lo de Filio es la palabra, aunque también es buen guitarrista. Y no necesita más para tener subyugados a los parroquianos durante casi tres horas. Se declara “un poquito hasta la madre” por las injusticias que hay en México, especialmente por el incendio en la guardería ABC de Hermosillo, que le provoca “rabia y solidaridad con el llanto de quienes sufren”. En la hora de las complacencias es generoso, excepto cuando le piden “El reino de los ciegos”, su famosa diatriba contra “galanes populistas, rimadores de sobra, / bichos que crecen alto como enredadera”. 
Anuncia que a la salida se venderá un paquete con casi toda su obra: 15 álbumes dentro de una atractiva caja, “más una foto de Chayanne autografiada”. La broma provoca carcajadas entre un público que no desea volver a la realidad y por ello pide un pilón tras otro; es evidente que busca más sueños compartidos, esperanzas, ilusiones. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

En este contexto de amor a prueba de todo, surge “Un milenio después”, donde cabe la certeza de la predestinación e incluso del karma: “Soy yo después de unos siglos, / soy yo dispuesto al idilio de amarte otra vez”. Es el clímax para centenares de parejas que, al menos por esta noche, creen en el amor eterno. Mañana será otro día.
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