sábado, 20 de junio de 2009

Los Puritanos: Bella en la salud y en la enfermedad

Foto: The Metropolitan Opera

Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 20 de junio, 2009 / 
Función única / 3:31 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C


Gustavo Emilio Rosales
Un espectáculo en sí mismo resulta Anna Netrebko. Su belleza y voz dotada parecen conjugarse para desafiar a quienes afirman que el arte contemporáneo ha remitido la perfección al exilio. Su actividad en Los puritanos, de Vincenzo Bellini, una ópera que regresa al Met después de diez años de ausencia, ha nutrido el rumor de que la cantante rusa erotiza cualquier papel en el que está, haciendo imposible que vocalistas menos agraciadas los retomen con fortuna posteriormente. 
Las críticas engrandecen a Netrebko, quien asume el papel de Diva emanando un aura protagónica que deja muy atrás a la Cenicienta que fue cuando fregaba pisos en el Teatro Mariinski, y la sitúa en el núcleo de la mejor imaginación que Bellini hubiera podido desear para dotar de realidad a Elvira, la hija del gobernador puritano Lord Walton, quien disputa por partida triple, contra la política, la demencia y la sospecha de traición, el amor de Arturo, combatiente del bando realista. 
Si el austero realismo de la escenografía y la poca audacia de la iluminación resultan oportunos para que vuelva a la Casa de Ópera de Nueva York la última y más importante ópera de Bellini, son asuntos intrascendentes cuando Netrebko oscila su larga cabellera ondulada y su escote está a punto de hacerse añicos ante el huracán de la locura que la acecha. El vestido blanco recamado de brocados que la cubre se encuentra a un grado de convertirse en indumentaria para una novia macabra cuando crece la tensión militar entre los bandos rivales, puritanos y realistas, que conducen los valores de la cultura hacia la muerte y sólo una voltereta inverosímil del destino parecería poder darle lugar a la esperanza. 
El amado de Elvira, Lord Arturo Talbot, está hoy en manos de un bateador emergente, pues el tenor estadunidense Gregory Kunde ha ingresado al elenco como protagonista, en sustitución de su joven colega Eric Cutler, quien padece bronquitis. El cambio podría ser benéfico a la producción por ser el oriundo de Kankakee, Illinois, un hombre de presencia sólida y contundente personalidad vocal capaz de permanecer a la sombra con aplomo mientras Anna enloquece gradualmente durante la media hora inventada por Bellini en plan de especialista en psicoanálisis y sostenida por el director de orquesta Patrick Summers, quien conquista para la música los valores de dimensión dramática que deberían provenir del trazo escénico a cargo de Sandro Sequi, en un esfuerzo que los espectadores situados en el teatro neoyorquino, y muchos, invisibles, desde varias naciones que reciben, como México, el prodigio de esta señal en directo y en alta definición, aplaudirán durante varios minutos. 
A la cabeza de estos entusiastas se encuentra la cantante Renée Fleming, quien, en su papel actual como anfitriona de la transmisión vía satélite, pregunta incansablemente a la Netrebko cómo es que puede enloquecer de forma tan excelsa y convincente. Las respuestas de la rusa —“Mi secreto es convencerme de que estoy completamente loca”—, entre líneas, apuntan a decirle a la incipiente entrevistadora que un artista debe realizar arte como mesas un carpintero. Los vaivenes biográficos, la envidia de los pares, imprevistos, dentro de esta noción profesional, son tan sólo contextos. 
Es precisamente esta dignidad de oficio la que mantiene al bajo barítono canadiense John Relyea en su combate particular contra la gripe que lo aqueja y que no parece mermar ni un ápice la construcción estable de su personificación de Giorgio, el tío de Elvira, quien es eje del conjunto de personajes orquestales y secundarios de esta escenificación, en el que también sobresalen Valerian Ruminski, como Lord Walton; Franco Vassallo, como Riccardo, el pretendiente malogrado de la dama en disputa, y Maria Zifchak, en el papel de la Reina Enriqueta. 
De forma contraria a lo que indica la tendencia dramática de Los puritanos, la sombra, hacia el fin de la obra, se torna sol: los partidarios del rey han sido derrotados, pero gozan de un indulto y así Arturo salva la vida y reencuentra a la mujer amada en un vértigo de felicidad que le permite a la Netrebko cerrar su lucimiento con el esplendor otorgado por la dicha y la salud, cargas emotivas que ni el mejor histrión puede fingir. 

Belleza de Bellini 
* Los puritanos es, musical y dramáticamente, la ópera más compleja de Bellini. Su argumento fue escrito por el libretista y conde Carlo Pepoli, quien se inspiró en el drama Têtes rondes et cavaliers, de Jacques-François Ancelot y Joseph Xavier Boniface Saintine, en el que se describe un conflicto amoroso ubicado en la Guerra Civil inglesa entre los partidarios puritanos de Oliver Cromwell y los defensores de la casa monárquica de los Estuardo. 
* Se estrenó el 25 de enero de 1835 en el Théâtre Italien de París, ocho meses antes del fallecimiento del compositor italiano, quien también escribió La sonnambula y Norma, entre sus óperas más conocidas. 
* La obra tuvo una gran aceptación y se representó diecisiete veces en su temporada de estreno. Como consecuencia, Bellini fue condecorado con la distinción de la Legión de Honor por la reina María Amalia de Borbón-Dos Sicilias. 
* El hecho de que la heroína de Los puritanos deba enloquecer durante media hora, cantando intrincadas estructuras melódicas en una posición lánguida, mientras desfallece de amor, es considerado como uno de los mayores retos de la literatura para sopranos. 
* La primera Elvira fue Giulia Grisi, una célebre cantante italiana considerada como principal representante de la etapa original del estilo romántico conocido como bel canto, estilo de interpretación vocal desarrollado en Italia entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, del cual Vincenzo Salvatore Carmelo Francesco Bellini fue uno de los máximos exponentes. 
* La producción de Los puritanos que ahora hemos apreciado se estrenó en 1976, en lo que constituyó una de las temporadas más exitosas en la historia del Met. En ella brillaron Joan Sutherland y Luciano Pavarotti. 
* Bellini compuso algunas de las arias más famosas y difíciles de interpretar. De Norma, destaca la muy conocida “Casta diva”. En Los puritanos, aunque el protagonismo total lo tiene la soprano, luce, en el final del tercer acto, “Credeasi misera”, que exige la emisión de un Fa sobreagudo por parte del tenor. 
* En épocas recientes, pocas cantantes han causado el revuelo mediático que ha tenido a su alrededor Anna Netrebko. A la suma de elogios para ella, corre en paralelo una abundante cosecha de críticas de todo tipo. “La principal virtud de la señora —ha revelado una de sus asistentes— es que todo se le resbala, lo bueno y lo feo. En mis cuarenta años al servicio de la ópera, jamás conocí a alguien que, como ella, no estuviera neurótico”. (G.E.R.)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.