jueves, 11 de junio de 2009

Il Divo: Cuatro cantantes para diez mil serenatas

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

10, 11, 14 de junio, 2009 / 3 funciones / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Operashow, S.A. de C.V. 

Ethel Álvarez 
Si bien es cierto que Paseo de la Reforma no parece escenario medieval, la noche de hoy el Auditorio Nacional recibe a cuatro individuos quienes, cual templarios o intrépidos cruzados arriban al escenario para, más que pedir, exigir la rendición de miles de mujeres que, dicho sea de paso, han venido a eso: a sucumbir ante estos guerreros del bel canto contemporáneo. 
Arropados por soberbios atuendos negros que funcionan como armaduras, el pequeño pero poderoso batallón concluye esta noche una campaña iniciada hace dos años, cuando en un primer encuentro con sus fanáticas mexicanas bosquejaron lo que sería una realidad que hoy ha tomado cuerpo. 
Desde la primera pieza, “The Power of Love”, el espectáculo de Il Divo* da cuenta de la mejoría experimentada en los últimos años por estos cuatro cantantes, que si bien utilizan de manera inteligente su galanura y éxito con las chicas, no ignoran una premisa básica: guapos o no, el reto esencial de un grupo como el suyo se finca en trascender los juicios fáciles de quienes, por el sólo hecho de ser bellos, los tildan de ligeros, light o productos de consumo perecedero. 
Al avanzar el concierto, los comentarios en el balcón de prensa son muy parecidos: estos cantantes no sólo han crecido y han madurado como artistas, sino que han consolidado el oficio de quien, bordando con su voz una estimulante promesa, conquista una tierra. 
Como prometer no empobrece y gracias a una excelente ejecución de acarameladas melodías provenientes de varias partes del orbe, Urs, Carlos, David y Sebastien consiguen que lo mismo la señora que llegó de vestido “nice”, que aquella que trae jeans, la de la blusa vaporosa y la del traje sastre, no tuvieran más que cerrar los ojos para consumar la ilusión de que cada una era la protagonista de un breve pero, eso sí, sabrosón romance con el suizo, el español, el estadounidense o el francés. 
Cierto, cada uno de ellos representa el estereotipo del yerno que toda mamá quisiera tener en la mesa en Nochebuena, pero quienes asisten a este primero de tres conciertos estarán de acuerdo en que ese no es motivo suficiente —¿o sí?— para que la señora delgadita, que estuvo inquieta toda la noche, dirigiera a Il Divo toda serie de piropos que transitaban de lo más ingenioso e ilustrado a lo más silvestre. 
Apoyados por una excelente orquesta, así como por una pantalla que ofrecía conjuntos de imágenes que de manera perfecta otorgaban un marco a cada una de sus interpretaciones, estos cuatro conquistadores de las neo-amazonas mexicanas, le dan particular brillo a un arte que responde al género de la ópera-pop. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Pese al deseo de que no concluya el concierto, convertido para cada una de las asistentes en serenata personal, se acerca el momento del cruel retorno a la realidad. Entre los acordes de “Amazing Grace” y “The Impossible Dream”, miles de mujeres respiran profundo, alzan los brazos y haciendo gala de una disciplina casi estoica, se retiran de vuelta a sus hogares, donde Il Divo, mañana muy temprano será un recuerdo y un persistente anhelo. 

*Il Divo se presentó por primera vez en el Auditorio Nacional el 21 de marzo de 2007.

¿Modelo? No, cantante de crossover 
Cuando Luciano Pavarotti, el tenor más afamado de la mitad del siglo 20, osó unirse con estrellas de rock para realizar conciertos en favor de organizaciones humanitarias e, incluso, cantar con ellas, los puristas del género no tardaron en levantar la voz, alarmados por lo que consideraban una traición al espíritu de clase que suele adherirse a la música clásica. Sin embargo, Pavarotti, después en compañía de sus distinguidos colegas Plácido Domingo y José Carreras, comenzó a ampliar un camino que hoy es inmenso, el crossover; es decir, el derecho absoluto de la música clásica para enriquecerse con recursos que antes se creían exclusivos de otros géneros. 
Hoy, los cantantes, músicos y agrupaciones contemporáneas de bel canto que basan su éxito en la imagen o en la percepción que la mayoría del público tiene de ellos suman legión. Entre las estrellas conocidas en México están la violinista Vanessa Mae, originaria de Singapur, famosa por su sexy vestuario, así como por sus grabaciones en las que mezcla piezas clásicas con pop, jazz, techno y otros ritmos modernos, y el cuarteto bond (en minúsculas porque Bond y BOND son palabras con derechos reservados), compuesto por Tania Davis, Gay-Yee Westeroff, Haylie Ecker y Eos, quienes se definen como “músicas entrenadas clásicamente que decidieron darle un giro pop a sus interpretaciones”. 
Populares en Europa son el violinista alemán David Garret, quien por su trabajo sobre sonatas clásicas y versiones de temas de Metallica es considerado por los cronistas del mundo de la moda como el “David Beckham de la escena clásica”; el tenor británico Russell Watson, quien empezó cantando temas de Elvis Presley y MC Hammer, y después de darle un nuevo aire a temas clásicos, incursionará en el teatro musical, y Only Men Aloud!, coro conformado por 18 integrantes originarios de Cardiff, Gáles, que mezclan coreografías y recursos lumínicos con un ecléctico repertorio. 
El mundo del crossover es amplio. Las condiciones para triunfar son: una buena voz, juventud, atractiva apariencia física y una aguda estrategia de marketing. (E.A.

Programa 
Somewhere / Unbreak my Heart / La Promessa / Angelina / Isabel / Bridge Over Troubled Water / She / Passera / Unchained Melody / Mama / Nights in White Satin / Winner Takes It All / Without You / Pour que Tu M’aimes / Everytime I Look at You / Hallelujah / Adagio / La vida sin amor / Caruso / Power of Love / My Way / Amazing Grace / The Impossible Dream.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.