sábado, 20 de junio de 2009

Charlie Monttana: Novio de México sólo hay uno

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


25 años / 20 de junio, 2009 / Función única / 
2:29 hrs. de duración / Promotor: Charly Montana 

David Cortés
Los “secres” arrojan un centenar de sombreros vaqueros hacia el público y éste, una vez atrapados, los agita rítmicamente. Mientras, la banda toca una melodía con acentos rancheros y Charlie Monttana, el rocker, el autodenominado Novio de México, rodeado de cinco bailarinas con escasa indumentaria, dirige la cuadrilla. 
Es uno de los momentos climáticos de esta noche en la cual el cantante, icono del blues y rock urbano, celebra 25 años de trayectoria. Ha tomado la empresa con seriedad: lo acompañan diez músicos (sección de alientos incluida) que ofertan una banda sonora pletórica en hard rock y boogie, pero con matices de blues, bolero y country. La reunión es significativa; no sólo es la primera vez que el llamado Vaquero Rocanrolero visita el Lunario, es también una de las raras ocasiones en las cuales el compositor abandona su hábitat natural de la periferia y la zona conurbada, para adentrarse en el centro de la ciudad y dirigirse a un público que no es el suyo. 
Sin embargo, y a pesar de su voz poco agraciada pero no por ello menos expresiva, no se arredra ante el reto. Detrás de él hay 22 álbumes en los cuales ha explorado de todo: desde el desamor y las parrandas, hasta el desenfreno sexual. Un todo entregado siempre de manera muy primitiva y poco pulida, características que para otros serían lapidarias, pero que él ha sabido convertir a su favor. 
“El público es magnífico esta noche” grita el rubio oxigenado y la frase sirve de santo y seña a la audiencia escasa, pero extremadamente ruidosa. Una irreconocible Jessy Bulbo, a quien identifican con dificultad los seguidores del vocalista, sube a cantar a dueto uno de los temas incluidos en el más reciente álbum del único rock star mexicano con un reality show. Un par de sostenes —él posee el “récord” de más brasieres recibidos en un concierto— y una tanga caen sobre la tarima, donación que agradece a nombre de “las niñas pobres”. 
Todo funciona como una máquina bien aceitada porque es elemental. Canciones sencillas, básicas, directas a las vísceras, con el solo de guitarra clavado en el justo medio, el apunte del piano —“sólo Elton, George Michael y yo usamos un piano blanco” dice entre risas— para imprimir dramatismo, las coreografías de tabla gimnástica de la secundaria y la arenga siempre predecible. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Cuando se avizora el fin de la cita, los cánticos futboleros —dixit Alejandro Lora— de “Uleeeeero” se escuchan a plenitud. Antes de decir adiós, una botarga de Charlie Monttana aparece y trata de seguir los movimientos del original que a estas alturas del recital se desvive en agradecimientos. El encore es suave, relajado, a ritmo de jazz ligero, instante aprovechado para presentar a su músicos y dar, como en la iglesia, los anuncios de las próximas tocadas. 

Programa 
Te necesito / Corazones / Por no tener a quien amar / Moviéndote rocker / La rubia / Llámame / Es que te amo / Mi terrible soledad / Lo que me das tú / 25 años / Pinche vatito / Bájale de huevos / Empanízame la mojarra / Hipócrita / Ramillete de piernas / Tú eres lo más bello / Estoy ardiendo / Vaquero rocanrolero / Sola / Estás bien rica / De que el amor / Tocando el / Tu mamá no me quiere.
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