sábado, 13 de junio de 2009

Camera Obscura: Y los nerds tomaron la plaza

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


13 de junio, 2009 / Función única / 1:30 horas de duración / 
Promotor: Noiselab Productions S.A. de C.V. 


Alejandro González Castillo
Al observar a Camera Obscura sobre el escenario resulta inevitable pensar en lo lejos que se hayan aquellos tiempos en los que las luminarias del pop eran admiradas a la distancia, como figuras inalcanzables. Gavin Dunbar, el encargado de las cuatro cuerdas, bien podría pasar por maestro universitario; mientras que Kenny McKeeve, quien rasga las seis de acero, parece que apenas tuvo tiempo de aflojarse la corbata tras escapar de la oficina; y qué decir de Lee Thompson, quien aporrea los parches de su batería con la teatralidad que se prepara una pasta. En cuanto a las chicas, muy lejos se hallan los días de los escotes y la ropa entallada; los silbidos adulatorios que —sonrojadas— reciben Tracyanne Campbell y Lindsey Boyd son prueba de que los moños coquetos en la cabellera se han convertido en accesorios harto populares, al menos entre los caballeros que esta noche sonríen ante la tonada de “Swans”. Y pese a la ausencia absoluta de glamour, es evidente que el público idolatra al grupo escocés. Incluso sobre el escenario resalta la sorpresa que causa el bullicioso recibimiento, apenas a dos años de distancia de aquel primer encuentro en el Poliforum Cultural Siqueiros. 
Mucho se ha comparado el sonido del hoy quinteto con el de Belle & Sebastian. El mismo conjunto liderado por Campbell no ha tenido reparos en asolear la influencia que ha recibido de sus paisanos con una hilera de discos, sembrados en 13 años, donde hay descarados guiños a lo hecho por el proyecto de Stuart Murdoch, quien incluso metió mano en el álbum debut de sus “aprendices”. Así que quien se atreva a hablar de plagio definitivamente se ha perdido una parte de la historia, pues desde de Biggest Bluest hi-fi hasta su más reciente, My Maudlin Career, los chicos de Camera jamás han bajado los brazos en su batalla por hacerse de una identidad sonora propia. Han permanecido a la caza de un perfil particular con su pop nostálgico y delicado, siempre pendientes de hacerle espacio al country y detallando desencuentros amorosos en agrias melodías que, paradójicamente, cuelgan sonrisas en los oídos. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Prácticamente todos los discos de los apadrinados por el afamado locutor John Peel (1939-2004) son palomeados con una ejecución impecable sobre el escenario. El listado va de “Eighties Fan” a “You Told a Lie”, de “Teenager” a “French Navy”. Mientras tanto, quienes agotaron las localidades escudriñan cada detalle del atuendo de los músicos; memorizan el color de las medias y el grueso de las gafas de pasta, la actitud concentrada del bajista y la pose aparentemente desganada de la cantante. Muchos venían ya preparados, pero otros tantos justo hoy acaban de enterarse de que los tiempos son distintos. Es duro enterarse de que de pronto el pop dejó de ser cool para volverse nerd, pero, ¡hombre!, hay que celebrar lo bien que suena el cambio.
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