sábado, 14 de marzo de 2009

Sunn O))) / Jazkamer: Érase un muro de amplificadores a unos monjes pegado

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

RADAR 8 / 14 de marzo, 2009 / 517 asistentes / Función única / 
2:50 hrs. de duración / Promotor: Festival de México en el Centro Histórico, A.C. 

David Cortés
La cultura contemporánea ha asignado un lugar especial a la música transmutada en ruido y esta noche Radar 8 le ha construido un nicho particular con la presentación de Jazkamer y Sunn O))). 
John Hegre (guitarra) y Lasse Marhaug (guitarra y fuentes electrónicas) forman Jazkamer —originalmente Jazzkamer, aunque suprimieron una z para no ser identificados con el género de la síncopa—, proyecto noruego forjado en los albores de siglo para trabajar sobre la experimentación e improvisación, obra plasmada en 16 producciones discográficas, sin contar cassettes, vinilos y hasta CDR’s. Acompañados por el baterista invitado, Nils Are Dronen, arrancan vertiginosamente. Tras los tambores, Nils tiende un colchón con vidrio molido del tipo free jazz sobre el cual Hegre y Marhaug lanzan frecuencias chirriantes, sonidos lacerantes al oído, sin melodía alguna y en donde las formas indefinidas prevalecen. El trío entrega una pieza creada in situ de más de cuarenta minutos de duración que pone a prueba no sólo los tímpanos, sino la resistencia física de ellos mismos; antes del final, Dronen es el primero en caer; exhausto, abandona el escenario. 
Si el “entremés” ha puesto a prueba la sensibilidad del público, no es ni remoto vaticinio de lo que está por venir. Asombra el número de amplificadores, un auténtico muro, colocado en la parte trasera del escenario, pero escucharlos a todo volumen representa una inmolación al sentido del oído. Greg Anderson y Stephen O’Malley forman el corazón de Sunn O))), agrupación norteamericana cuyo nombre proviene de una antigua marca de amplificadores. El dueto, poseedor de siete discos en estudio, diversas placas en colaboración y varios álbumes grabados en vivo, fiel a su tradición de recurrir a otros músicos, echa mano para su presentación en el Lunario de la guitarra de Oren Ambarchi, los efectos electrónicos de Marhaug y la voz de Attila Cishar (del grupo Mayhem). 
Antes de casi demoler el sitio con su drone-doom-metal, las máquinas de humo crean una nube tan densa que resulta difícil apreciar a los músicos enfundados en sus hábitos de monjes. Cuando los cuatro empiezan a extraer vibraciones bajas de sus aparatos, el movimiento telúrico rebasa la epidermis y llega a las vísceras. Nadie aúlla de dolor, pero muchos lo sienten (sus rictus así lo revelan). Sin embargo, los músicos crean una atmósfera hipnótica que atornilla al suelo a quien tuviera intenciones de escapar. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Cuando Attila Cishar sube a cantar-gritar-susurrar-aullar-gemir-implorar, apenas iluminado por una luz que ora se centra en sus manos, ora en su vientre, ora en la capucha que oculta su rostro, la inmovilidad se ha apoderado de todos. Hay sorpresa y hasta cierta incomodidad, pero nadie quiere alejarse de ese terror que pone a prueba a todos. Tras que la última nota deja de reverberar y los sistemas circulatorios y digestivos de los asistentes vuelven a funcionar regularmente, nadie se mueve de su sitio. El humo se disipa y comienzan a abrirse paso las preguntas. Pudo o no haber gustado, pero evidentemente Sunn O))) desconoce el significado de la indiferencia.
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