domingo, 1 de marzo de 2009

El mundo de Panzón: Una lección de civismo con peluche y voces de lujo

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


1, 8, 15, 22 y 29 de marzo; 5, 19 y 26 de abril; 3 y 10 de mayo, 2009 / 
10 funciones / 1 hora de duración

Fernando Figueroa
Por vez primera en cinco años de existencia, el Lunario se llena de voces y risas infantiles. El público se compone de papás acompañados de bebés, niños y uno que otro púber que se niega a abandonar el idilio de la primera década de vida. 
En escena, un simpático perro de peluche (Panzón) se muestra como el prototipo del ser que sólo piensa en comer todo el día y que, de manera inconsciente, atenta contra el entorno natural. Le gusta ver películas para adultos, no se lava las garras y le fascinan las salchichas y los caramelos demoledores de dientes. Su amigo (Husky) es un niño con características contrarias: posee buenos hábitos higiénicos y alimenticios, y le preocupa el fin de los recursos naturales del planeta. Tal contraste se manifiesta en los diálogos entre ambos personajes y define el mensaje de la obra, escrita por Javier Garfias Molgado y dirigida por Aviani Montes de Oca (productor y directora de Latin Tango). 
Tras bambalinas, la pícara voz ronca de Panzón corre a cargo de Carlos Segundo, actor de doblaje reconocido por su trabajo como Alf (del programa de televisión homónimo) y Woody, de la cinta Toy Story. Husky es interpretado por Rhual Rogers, quien encarna a C.J. El Súper Investigador, en Bizbirije, aunque también ha prestado la voz al papá de Los Supersónicos y a otros personajes. 
Rubén Cerda, quien antes ha doblado a Barnie y es la voz oficial de Mickey Mouse en América Latina, ahora hace las voces de unos títeres en forma de nopal, que se burlan de las malas acciones de Panzón. Al perro también le llueven ironías de un par de flores con acento de “niñas bien”, caracterizadas por Maggy Vera (Burbuja de Las Chicas Superpoderosas y Mulán). 
Canciones originales y parodias de un par de covers —“All time rock and roll” y “Penso Positivo”— refuerzan los mensajes a ritmo de rock, hip-hop y balada. La interacción también es parte del show: varios niños suben al escenario para que Husky les enseñe cómo hacer los sonidos incidentales de una radionovela, y más tarde cuatro papás dan maromas y crean una escultura viva con sus cuerpos entrelazados, siguiendo las indicaciones de un animador mudo. 
Como remate, un par de malabaristas muestran sus habilidades; uno de ellos, disfrazado de gato, se transforma en equilibrista y despide la función sobre un monociclo. Por esta ocasión, en la barra no hay bebidas espirituosas, sólo refrescos y un kit que sintetiza lo que es un refrigerio balanceado: sándwich, ensalada, jugo, mini frituras y una paleta de dulce. 
Padres e hijos salen a la luz del mediodía sintiendo que deberían ser tan buenos amigos como Panzón y Husky, quien, a final de cuentas, es el alter ego de la autoridad familiar. El reportero de un canal de televisión le pregunta a una niña qué fue lo que más le gustó de la obra; ella responde con voz aguda: “El perro y la marometa de mi papá”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Días antes del estreno, en la conferencia de prensa, el actor Carlos Segundo había dicho que el ser humano ya quiere colonizar Marte, en vez de limpiar su propio planeta; Rubén Cerda, por su parte, manifestó preocupación por los alarmantes índices de sobrepeso en la población infantil de México. El mundo de Panzón es un amigable foco rojo contra ambas tragedias.
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