sábado, 10 de enero de 2009

La Rondine: La gripe embellece a Magda

Foto: The Metropolitan Opera.


Temporada de Ópera, desde el Metropolitan Opera de Nueva York / 10 de enero, 2009 / 
Función única / 2:50 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C 

Gustavo Emilio Rosales
La cantante rumana Angela Gheorghiu luce espléndida esta tarde de sábado: sus famosas piernas satinadas y elásticas destacan en el vestuario que Franca Squarciapino ha diseñado para que la soprano —también conocida como La última gran diva— interprete el personaje de Magda en esta ópera poco valorada dentro del repertorio de su compositor, Giacomo Puccini. 
Me pregunto cuántos de los miles de espectadores que ahora presenciamos esta transmisión en vivo desde el Met de Nueva York, con la máxima calidad en audio y video, nos hubiéramos percatado, ante su andar de pantera en celo y firmeza vocal, de que, como se anunció antes de iniciar el programa, Angela se encuentra enferma, con gripe severa. “Estuvimos a punto de cancelar esta función, pero madame Gheorghiu se opuso y ha hecho un esfuerzo enorme para estar aquí y no defraudar a nuestro auditorio”, advierte Peter Gelb, gerente general de la casa de ópera del Lincoln Center. 
Como en el cuento del lobo, es difícil no pensar que lo dicho como verdad no sea mentira cuando proviene de un carácter problemático como el de la Gheorghiu, quien ha ganado fama por sus exigencias e incumplimientos: notable fue su altercado con el director Riccardo Muti en La Scala de Milán; la Ópera de Chicago la despidió por ausentismo y “comportamiento poco profesional” en los ensayos de La Bohème; el Teatro Real de Madrid prefirió cancelar su presencia en la temporada de La Traviata antes que cumplir con sus demandas, que fueron consideradas como inaceptables. 
Su larga relación con el Met no ha carecido de roces, pero Gelb sabe bien que esta cantante, amén de acaparar la atención de los medios en cada una de sus actuaciones, es hoy la intérprete más reputada de la escuela verista. Así es que aquí está, dominando los espacios escenográficos de Ezio Frigerio y los ámbitos acústicos orientados por la batuta de Marco Armiliato, quien años atrás fuera considerada como “la mujer más bella del mundo”. Por si el atractivo publicitario de su interpretación no fuera suficiente, también destaca en el reparto de La Rondine (La Golondrina) su esposo, el tenor francés Roberto Alagna, en el papel, claro, de Ruggero, el amante de la fogosa Magda
El tejido dramático de esta ópera es ágil, y precisa su anécdota: Magda, como amante del adinerado Rambaldo, un caballero entrado en años, está acostumbrada a vivir una vida de lujo y prestigio social en el París de los años veinte. Acicateada por la curiosidad y asumiendo una falsa apariencia, vive un tórrido romance con el joven Ruggero. Cuando esta relación, que la ha alejado de su protector, confronta una realidad de penuria económica y posibilidades de formalizarse a través del matrimonio, La Golondrina (mote que un poeta amigo suyo le ha dado, a sabiendas del carácter migratorio de su corazón) rompe con el idilio y retorna a su vida pasada, dejando a su galán con el corazón hecho pedazos. 
El perfil fácilmente asimilable de la historia, rodeado por la estupenda calidad melódica que distingue la obra de Puccini, y el toque de color que consiste en presenciar la actuación conjunta de una de las parejas más célebres y controvertidas del mundo de la ópera son factores que provocan que el tiempo vuele, y que los aplausos, en el Met y aquí, en el Auditorio, sean frecuentes. Sin duda, muchos asiduos a este ciclo de transmisiones ―amparado por el lema “Estar aquí es estar allá”― tenemos la certeza de haber aumentado nuestro caudal de conocimientos y gusto por la ópera al constatar la diversidad, profesionalismo y complejidad poética de este universo artístico. 
Amenidades agregadas a La Rondine corren por cuenta de Marius Brenciu en el papel de Prunier, el poeta confidente de Magda, y de Lisette Oropesa, quien interpreta a Lisette, sirvienta de La Golondrina y amante del mencionado bardo. Ambos explotan con fortuna su inclinación a la comicidad, además de que hacen gala de virtudes vocales que los están impulsando con vigor dentro de las grandes ligas del bel canto. Él lleva a cabo ahora, con pie derecho, su debut en el Met; y ella confirma las cualidades que le han brindado una agenda llena de trabajo en esta y otras casas de ópera a lo largo de todo el año que comienza. 
La anfitriona que se encarga de conducir la transmisión desde el Met es la estrella Renée Fleming, quien acaba de lograr ahí un éxito rotundo con Tahïs. Todo —disputas, chismes, éxitos y envidias— queda en familia, en los círculos artísticos, parece afirmar por medio de una actitud despreocupada, juguetona, el matrimonio que encabeza esta Rondine. Alagna se encuentra especialmente en vena de gozar y no pierde oportunidad de dar nalgadas, abrazos y besos a su esposa, tras bambalinas. En el inicio del último acto, y aprovechando los generosos escotes que tuvo a bien diseñar Squarciapino, planta, para hilaridad del público, un sonoro beso en el pecho de Gheorghiu (entre múltiples títulos, poseedora de la distinción llamada “Los mejores senos de la ópera”), quien ya a estas alturas ha olvidado su gripe. 

Entre divas y diretes 
* “Los artistas no pretendemos ser diferentes al común de la gente. Lo somos. Una estrella nace como tal: se es o no se es diva”, declaró Angela Gheorghiu a los diarios madrileños que la cuestionaron acerca de la cancelación de su contrato por parte del Teatro Real, en 2003. 
* Tal para cual. Su esposo, Roberto Alagna, protagonizó uno de los pasajes de mayor escándalo en el universo operístico cuando, a finales de 2006, abandonó en plena función el escenario de La Scala de Milán, porque un grupo de espectadores le silbó y abucheó. De inmediato, el tenor Antonello Palombi, vestido de jeans y camisa informal, ingresó al foro para sustituir al francés. Alagna, arrepentido, intentó regresar, pero ya no lo admitieron. 
* Pese a lo temperamental de su personalidad, y a la mala reputación que podrían causarles los episodios de violencia y desacuerdo que han tenido, solos o en pareja —en su ámbito laboral son llamados Bonnie & Clyde, en alusión a los famosos pistoleros—, Alagna y Gheorghiu están en el top ten operístico. Ser excluidos de programaciones y teatros no parece importarles, pues sus compromisos de grabación, que aumentarán su ya considerable discografía, son múltiples y lo suficientemente bien pagados como para asegurarles conservar el alto nivel de vida que gozan en Suiza, donde tienen su hogar. 
* “El mundo de la ópera está repleto de egos. Si no tienes carácter, te aplastan. Provengo de un país que ha padecido dictaduras y sé reconocer un intento de dominio en cuanto nace. Los directores de orquesta son dados a ello: piensan que sus delirios de grandeza se encuentran por encima de la partitura a interpretar”, comenta Gheorghiu. 
* La cantante rumana parece haber nacido para interpretar los papeles principales del verismo (corriente dramática de corte realista, surgida en Italia a finales del siglo XIX), donde las mujeres son el eje de tórridas pasiones que fusionan el deseo, la violencia, la traición y la muerte. Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini (1858-1924) es el compositor representativo de este género dentro de la ópera, seguido por Pietro Mascagni y Ruggero Leoncavallo. 
* La Rondine fue creada por Puccini en 1917, en la cresta de su periodo crítico. Pionero del automovilismo, el compositor italiano había sufrido un accidente que menguó de forma irreversible su salud, al tiempo que fue impactado por el fallecimiento de colaboradores cercanos, como el libretista Giuseppe Giacosa, con quien había creado el tríptico mayor conformado por La Bohème, Tosca y Madama Butterfly. Además, en ese tiempo las relaciones con su esposa se habían deteriorado a raíz de que ella, torturada por los celos, acosó a su doncella hasta llevarla al suicidio. 
* Dice el especialista en ópera y director de escena Sergio Vela, que La Rondine ha sido injustamente opacada por la reiterada interpretación de las óperas célebres de Puccini. Cabe mencionar que el Met ha realizado la producción aquí comentada —cuyo responsable es Nicolas Joël— setenta y cuatro años después de que esta obra se presentara en su escenario por última vez. (G.E.R.)
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