lunes, 5 de enero de 2009

Disney en vivo: Superproducción con tres finales felices

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Cuentos clásicos de princesas / 5 y 6, y del 8 al 14 de enero, 2009 / 
16 funciones / 2:10 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V.

Gustavo Emilio Rosales 
Érase que se es un teatro enorme en el corazón de una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo. Gente de todas las edades acude aquí para divertirse con los mejores espectáculos. Esta historia comienza, precisamente, con una fiesta para niños organizada en él por la famosa casa Disney, cuyos anfitriones son estrellas de dibujos animados que han estimulado las ilusiones infantiles de millones. 
El público invitado es versado en rimas, juegos y cuentos. Así lo demuestra su atenta participación y el hecho de no escatimar aplausos, gritos, meneos, intentos de acudir al proscenio a saludar de mano a sus héroes e incesantes sacudidas de objetos fosforescentes que ondean en la oscuridad como banderas de una nación que, por feliz, no existe más que en la geografía emocional de la niñez. 
Abundan los trajes de gala, como aquel que consiste en un chaleco y boina azules, y plumas en salva sea la parte, claro homenaje a Donald; pero son las princesas las que acaparan la mirada. Su presencia es legión y se clasifica en grupos específicos: las Mulán, las Sirenitas, Blanca Nieves y Cenicientas, todas reinas de belleza por derecho propio, quienes no han permitido que se escatime ningún detalle en la confección de su personaje favorito. 
Sobre el foro las caricaturas han crecido e ingresado a la tercera dimensión, conservando los atributos que los distinguen: Minnie, prudente y conciliadora; Goofy, atolondrado e incapaz de estar en lo correcto; Donald, la duda encarnada, salpimentada por nerviosismo. Los tres, como personajes de Samuel Beckett, esperan a un misterioso visitante, ¿quién será? Un par de orejas enormes delatan al cuarto anfitrión: Mickey, el ratón audaz que tras saludar y recibir ovaciones transforma el escenario en un rectángulo de luces multicolores y juegos pirotécnicos al hallar en una esquina un libro mágico que contiene los cuentos más hermosos del mundo. 
El roedor, animado por Minnie, comienza a leer la primera historia del volumen. Se trata de Blanca Nieves. Como estamos en el territorio de la magia, de inmediato los anfitriones salen de escena y entre humo y música impactante surge la hermosa chica morena que en un claro del bosque descubre la casa de los siete enanos, quienes la adoptarán como su amiga preferida. A continuación el auditorio se desgarra en un “¡nooooo!” colectivo cuando trata de evitar que la lindura muerda la manzana envenenada por la malvada reina, quien desea borrarla del mapa para convertirse en la más atractiva de la comarca. Por fortuna, no falta un apuesto príncipe que con su beso rompe el hechizo y provoca el primer suspiro multitudinario. 
Nuestros anfitriones aún no acaban de comentar este romance cuando del libro encantado surge La Cenicienta, narrado con una estructura similar al cuento anterior y con decorados y vestuarios que recuerdan del todo a la versión cinematográfica producida por Disney, parlamentos que por su claridad y fuerza deben estar grabados previamente, protagonistas que parecen lo que deben parecer, sin fisuras de configuración, y alegres bailes y cantos. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Velozmente dejamos a Cenicienta en su final dichoso para ser trasladados por el libro a una ciudad francesa de otro siglo, donde Bella curará con su cariño la soledad de La Bestia, quien de ser tirano se convierte en el más tierno amante. Aunque Donald desea que las historias prosigan, Mickey declara que ha sido todo por hoy y que los sueños continuarán en las producciones de Disney que pueden verse una y otra vez al calor del hogar. “Son un público maravilloso. ¡El mejor!, ¡Nunca jamás nos olviden!”, declara Minnie, quien invariablemente parecer tener la última palabra. 


El mundo según Walt 
* “Si lo puedes soñar, lo puedes lograr”, era una de las frases que gustaba repetir Walt Disney cada vez que un reportero, en entrevista con él, le preguntaba cómo había logrado encumbrarse socialmente desde la pobreza, hasta llegar a ser el magnate que creó la industria del entretenimiento infantil a escala masiva e internacional, inédita antes de su emporio. 
* Walt Disney, hijo predilecto de Chicago, no murió del todo, se dice. Es leyenda que su cuerpo se conserva, desde 1966, es un estado de preservación física gracias a la criogenia, que es una técnica que mantiene las células en un estado de vida pausada, por medio de temperaturas muy bajas. Curioso: el rey de los dibujos animados se encuentra ahora en animación suspendida, esperando a que un día la ciencia descubra la forma de volverlo a la vida. Claro que nunca faltan aguafiestas del mito, quienes afirman que el cadáver del fundador y principal genio creativo de la Casa Disney fue incinerado en ceremonia silenciosa. 
* Cuentos clásicos de princesas es una mezcla de teatro, comedia musical y concierto de rock. Así que no importa qué tanto te sepas las historias de Disney, el ver este espectáculo te cautivará, pues las canciones, apoyadas por buenas coreografías, poseen gran carisma; los actores parecen de verdad los personajes que interpretan (y no tienen el problema de que no se escuche lo que dicen); y luces y escenografía son tan deslumbrantes que te transportan de inmediato a un ámbito de fantasía que ¿no tiene nada que ver con la realidad? (G.E.R.)




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.