sábado, 8 de noviembre de 2008

Doctor Atomic: El huevo de la serpiente



Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. Temporada 2008-2009 / 8 de noviembre, 2008 / 
Función única / 2:25 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Gustavo Emilio Rosales
El protagonista de la penúltima ópera de John Adams (la más reciente es A Flowering Tree, de 2006) es joven y apuesto. Es la suma afortunada de dos o tres galanes del cine clásico de Hollywood. Posee la vitalidad que Henry Fonda desplegó en sus inicios, ostenta la presencia decidida de Rock Hudson y se sirve, como Glenn Ford, de una cándida sonrisa para convencer.

A primera vista, no imaginamos que este personaje —interpretado por el barítono Gerald Finley— es el físico Robert J. Oppenheimer, inventor de la bomba que en agosto de 1945 arrasó Hiroshima y Nagasaki, ciudades japonesas que con la vida de cientos de miles de personas pagaron el triste precio de convertirse en símbolo del aspecto más atroz de la era atómica.

La mezzosoprano Sasha Cooke interpreta a Kitty, esposa de Oppenheimer. Su belleza natural ha sido acentuada teatralmente hasta el punto de decir adiós al lugar común de la cantante obesa vestida de Valquiria. He aquí la ópera de hoy, gracias a la iniciativa del Auditorio Nacional, que ofrece en vivo, vía satélite desde el Metropolitan Opera de Nueva York, por medio de un sistema de video de alta definición (HD por sus siglas en inglés), las mejores producciones de este género, donde los vocalistas poseen considerables aptitudes actorales y las producciones alcanzan un alto refinamiento técnico y artístico.
Es este un programa notable en el calendario anual de la casa de ópera más importante de Estados Unidos. Doctor Atomic es la primera nueva producción de la reciente temporada del Met y hay numerosas expectativas a su alrededor, entre las cuales se destacan: 1) atestiguar los motivos del éxito arrollador que el montaje tuvo al ser inaugurado hace tres años en la Ópera de San Francisco, organismo cultural que la comisionó, y 2) reflexionar acerca de un hecho clave en la historia mundial por medio de una experiencia escénica tejida a partir de documentos clasificados, entrevistas, poemas, sentencias filosóficas y datos periodísticos e históricos. ¡Qué privilegio poder compartir —distantes en espacio, pero no así en el tiempo— este suceso destacado!
Se trata de una puesta en escena marcada por una tensión abrumadora. El eje del drama está situado en la jornada en que la primera bomba atómica habrá de ser puesta a prueba en el territorio nacional de sus fabricantes, Estados Unidos. Las condiciones atmosféricas en el desierto de Alamogordo, Nuevo México, no podrían ser más desfavorables para este lance: corre una tormenta, los vientos son adversos y su orientación, se teme, diseminaría radiaciones destructivas hacia zonas densamente pobladas. El proyecto es un secreto de Estado y no pueden implementarse, públicamente, medidas precautorias. Con la rendición de Alemania, el fin de la Segunda Guerra Mundial parece inevitable: no existe, entonces, una justificación militar para apresurar, bajo condiciones de riesgo, este ensayo, cuya intención es implementar un ataque letal sobre Japón. Los agresores podrían sucumbir a manos de su propia invención. Numerosos científicos, militares y técnicos ponen en duda el cumplimiento y hasta los motivos principales de esta empresa. Se teme, incluso, la destrucción completa de la atmósfera terrestre. Sin embargo, aun con todo en contra, Oppenheimer y el general Leslie Groves —quien está al mando del operativo, llamado Proyecto Manhattan, por órdenes del presidente Harry Truman— deciden continuar.
El sol generoso de este sábado no penetra en el Auditorio Nacional, transformado en una réplica del búnker en donde se desarrolla la ópera de Adams. Tal es la emoción contenida de los espectadores que, en gran número, estamos aquí y en el Met al unísono, conmovidos por la estupenda dramaturgia del escritor Peter Sellars, deslumbrados por el talante fílmico de esta producción (creada por la cineasta Penny Woolcock), y, por supuesto, cautivados por la compleja arquitectura musical de quien encabeza la lista de compositores estadunidenses en activo.
Una gama de contrastes estruja la garganta. La belleza física del matrimonio Oppenheimer, sus momentos de idilio en la alcoba de su hogar, son una utopía frente al creciente dominio de la muerte. Creación y destrucción se confunden entre sí y su oscura fusión es la voz de dos coros: el de los científicos del Proyecto Manhattan, quienes vislumbran una condena ética en torno a su inventiva; y el de los ancestros indígenas de Pascualita, la sirvienta de Kitty, representantes de un orden cósmico de origen que parece fracturado irremediablemente.
La música, como los colores, escapa a la descripción. Y la estructura sonora de John Adams, articulada con valor por el director de orquesta Alan Gilbert, no sale de esta norma. De ella se puede decir que no sólo está hecha de sonidos y silencio, sino también de acciones verbales, de estremecimientos psicológicos y, ante todo, del eco de nuestra propia responsabilidad confrontada por el pasaje histórico en el que el ser humano sublimó su ingenio para alcanzar la cresta de la bestialidad.

El espectáculo de la realidad
• Hay mucho que contar acerca de la bomba realizada por Robert J. Oppenheimer. Se podría inventariar, por ejemplo, la cantidad de científicos y técnicos que intervinieron en su construcción; el número de operaciones fisicomatemáticas que se requirieron para estructurar sus procedimientos destructivos, etcétera. Pero quizá baste saber que en Hiroshima y Nagasaki murieron, fulminados, en agonía exacerbada o por daños manifestados a largo plazo, más de trescientas mil personas; civiles, en abrumadora mayoría.
• El compositor John Adams nació en Nueva Inglaterra (en Worcester, Massachusetts). Comenzó a componer música a la edad de diez años. Su trayectoria profesional, constelada de méritos y reconocimientos, deviene prisma de la cultura contemporánea. Establece reflexiones sobre hechos determinantes de la historia —como en las óperas Nixon in China, The Death of Klinghoffer y Doctor Atomic—, o imagina metáforas sonoras cuyo ejes rítmicos, conceptuales, tímbricos o melódicos tienen que ver con las diversas raíces de su patria. Ha hecho música para danza, conmemoraciones fúnebres, coros y medios electrónicos. Entre los repertorios que escucha y programa conviven Debussy y Frank Zappa. Detesta, quizá por su tendencia a la diversidad, ser encasillado en el minimalismo. Es un gran lector y un activo director de orquesta.
• El director de teatro, cineasta y escritor Peter Sellars es uno de los colaboradores más cercanos de Adams, y uno de los que más realce ha brindado a sus proyectos operísticos. Por medio de técnicas de collage engarza múltiples tradiciones literarias y míticas, dotando a la acción dramática de movilidad y textura emotiva. En Doctor Atomic vincula los datos históricos con poemas de John Donne, Charles Baudelaire y citas del Bhagavad-Gita, texto clave del extenso poema épico de la India llamado Mahabharata.
• El resto del elenco principal de Doctor Atomic incluye la participación de los cantantes Meredith Arwady, en el papel de Pascualita; Eric Owens, como el General Groves y Richard Paul Fink en el personaje del físico Edward Teller, quien desarrollaría la Bomba H en el inicio de los años cincuenta, caracterizada por ser dos mil quinientas veces más potente que los artefactos arrojados sobre Hiroshima y Nagasaki.
• El costo monetario del Proyecto Manhattan, traducido a valores actuales, fue de veinticinco billones de dólares. En su desarrollo participaron algunas de las mentes más brillantes de la época, como el científico pacifista Robert Wilson, quien trató de disuadir a los responsables de esta empresa de llevarla a cabo.
Doctor Atomic finaliza con la esperada deflagración nuclear en Alamogordo. Para representar este cuadro, Adams no recurrió a los instrumentos ni a la acción teatral. Quietud y silencio. Sólo eso requirió. (G.E.R.)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.