sábado, 18 de octubre de 2008

Joan Manuel Serrat: Un manojo de historias



18 y 19 de octubre, 2008 / Dos funciones / 2:00 hrs. de duración /
 Promotor: ERRE ELE Asociados, S.A. de C.V

Gina Velázquez
Luego de cuarenta y tres años de carrera, cientos de composiciones, miles de presentaciones en los rincones más inusitados de España y América Latina, se podría pensar que las noches en compañía de Joan Manuel Serrat son siempre iguales. No obstante, el catalán es un mago que evita el lugar común.
Serrat sabe cómo reinventarse y por eso resulta irrelevante si es la primera, segunda o cuarta vez que se asiste a uno de sus conciertos. Él mismo afirma que cada vez que se sube a un escenario piensa que es la última actuación de su vida, que aquél es el único lugar donde hará su música y que es el único público al que ve “con la mayor vergüenza, honradez y alegría”.

La velada es una concatenación de sentimientos provenientes de muchas partes, de la evocación nostálgica del pasado y del gozo del presente. Con el afán de volver a lo básico de la canción, el ibérico se acompaña solamente de su inseparable guitarra y del pianista Ricard Miralles.

Minutos antes del concierto, el programa era desconocido; tantos años, tantas letras, tantos deseos y tan poco tiempo. Serrat había anticipado que las canciones serían un manojo de historias que se llevasen bien entre ellas. Sobre todo interpreta temas de Mediterráneo (1971), En tránsito (1981), Cada loco con su tema (1983) y Versos en la boca (2002).
Luce enérgico, contento y rejuvenecido, luego de su memorable gira con Joaquín Sabina el año pasado. Comienza la velada con uno de los temas más emblemáticos de su carrera, “Cantares”, presagiando la magnitud de una catarsis inminente.
Serrat establece su particular y característico diálogo con el público, compartiendo también proverbios orientales, como quien reparte flores, dando pie a la reflexión colectiva e individual. A través de la ironía y de anécdotas personales contextualiza el sentido de las composiciones. En cada canción se convierte en quien quiere ser, representa personajes, escenifica emociones, recalcando la intención del verdadero artista: transmitir sensaciones e historias entrañables. Es un poeta de la gente que vibra y siente con su público, que a pesar de los años conserva la coherencia entre sus palabras y sus actos, un artista que no deja de cuestionarse sobre la verdad y la vida. “Serrat ha tenido el genio de representar una rebeldía moral, tenaz, comprometida, puesta a prueba en momentos difíciles, envuelta en un aura de la dicha por vivir”, escribió alguna vez el escritor Manuel Vicent.
Arriba del escenario se palapa en todo momento la complicidad que él tiene con Miralles, quien lo ha acompañado en su carrera musical desde 1968. Esta vez la lengua catalana sólo está presente en “Si hubiera nacido mujer”, de su más reciente material, (2006), que además traduce al español para su público del Auditorio Nacional.
La vigencia de su canto y la huella emotiva que deja en los asistentes se ven reflejadas al final del show, cuando la irrefrenable ovación hace que regrese al escenario tres veces a regalar más historias. Esta noche se reitera, por si quedaba alguna duda, que lo prodigioso de su canto reside en lo cotidiano, en lo que tenemos frente a nosotros cada día pero ya no observamos.
Serrat es el de siempre: imprevisible.

Un sujeto lírico
Otavio Paz dice: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro” (El arco y la lira). Serrat lo sabe, por eso no es fortuito su estrecho vínculo con la poesía, pues ésta ha estado presente desde sus inicios, tanto en sus composiciones como en su vida.
En 2006 recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid, que reconoció su labor en la difusión de la poesía española y latinoamericana. En total ha musicalizado versos de veinticuatro poetas, entre los que destacan Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Mario Benedetti, Eduardo Galeano y Federico García Lorca. 
El primer álbum en el que Serrat le puso música a poemas es Dedicado a Antonio Machado, poeta (1969), convirtiéndose en el mayor éxito de la historia discográfica española hasta ese momento, y el que le abrirá las puertas de Latinoamérica. En este disco respeta fielmente las letras y recrea en notas la melancolía del autor. Ese mismo año, en el disco La paloma, incluyó el poema homónimo de Rafael Alberti.
A Miguel Hernández (1972) fue el segundo disco dedicado enteramente a un poeta español, menos popular que el anterior pero quizás más intenso. Cinco años más tarde grabó un disco dedicado al poeta catalán Joan Salvat-Papasseit, poeta de barrio con el cual Serrat tiene afinidades creativas muy marcadas. 
El cuarto álbum de poemas musicalizados se caracterizó por estar dedicado a un poeta vivo, el uruguayo Mario Bendetti; El sur también existe (1985) fue el resultado de un arduo trabajo conjunto entre cantautor y poeta, quienes se conocieron en España cuando el latinoamericano estaba exiliado. 
Posteriormente, Serrat ha trabajado con poemas sueltos que ha incluido en sus discos, sin embargo en este momento declara que no se atrevería a realizar un álbum completo de poemas sin estar en comunión directa con el autor. (G.V.)

Programa
Cantares / De vez en cuando la vida / Tu nombre me sabe a yerba / Me gusta todo de ti (pero tú no) / La bella y el Metro / Benito / No hago otra cosa que pensar a ti / Algo personal / Esos locos bajitos / La mala racha / Hoy puede ser un gran día / Disculpe el señor / Lucía / Mediterráneo / Si hubiera nacido mujer / Aquellas pequeñas cosas / Para la libertad / Bienaventurados / El horizonte / Fiesta / Penélope / Es caprichoso el azar / Una mujer desnuda y en lo oscuro.

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