jueves, 3 de abril de 2008

Panda: ¡Ah, pero cómo venden cassettes!

Foto: Colección Auditorio Nacional


3 y 4 de abril, 2008 / Dos funciones / 2:30 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Rodrigo Farías Bárcenas
Desde su aparición en 1997, Panda ha generado una cantidad considerable de jóvenes seguidores, entre ellos público menudo. Cuando el cantante anuncia un tema diciendo que éste “tiene más años que muchos de los presentes”, alude a los niños que lo escuchan, quienes si acaso eran unos bebés hace una década.


Ahí van los chavos, acompañados por sus papás, luciendo pelos de punta y el oscuro atuendo punk, adornado con la enternecedora figura de un panda: pantalones entubados, tenis y playera entallada.

La vestimenta de los regiomontanos es parecida a la que usan los fans. En un principio, su semblante concentrado es el lado opuesto a la alegría que expresa su gente. Durante cuatro canciones no pronuncian palabra, hasta que José Madero —compositor, cantante y guitarrista— dice refiriéndose a esta situación: “Nunca hemos sido una banda que platica mucho”.
Si bien es cierto que hablan poco, y que ninguno sobresale especialmente, en cambio sí comunican con actitudes la fuerza que tienen como grupo. La más notable es la de salir a dar con todo, dejando que su energía explote sin trabas y de manera intensa, provocando en sus seguidores una reacción similar de entrega.
El coro que los ha acompañado durante los minutos iniciales crece con el anuncio de un tema que desde el título es un estímulo para la participación: “Te invito a mi fiesta”. Y con la siguiente, “Narcisista por excelencia”, con los asistentes por completo de su parte, es más relajada la interacción entre ellos.
El estilo musical proviene de una visión ligera del punk, impulsada en Estados Unidos por grupos como Green Day y The Offspring. Panda practica riffs en abundancia, sección rítmica maciza y apta para el acelere, volumen aturdidor —con toques de teclado y guitarra acústica cuando es el caso. Las letras remiten a un universo juvenil, inclinado a las relaciones de pareja. En algún caso con abierto mensaje sensual, como cuando Madero pide contacto: “Pueden tocarse —dice como preámbulo a ‘Procedimientos para llegar a un común acuerdo’— y si no tienen a quién tocar, tóquense a sí mismos”. Las pantallas muestran una serie de animaciones de mujeres en bikini.
Los mejores momentos llegan en la segunda mitad, cuando la guitarra de José, el requinto de Arturo Arredondo y el bajo que toca Ricardo Treviño son ejecutados al unísono, aportando una sonoridad pesada, de tipo heavy metal (por ejemplo, “Cita en el quirófano”) que contrasta con el enfoque melódico de “Muñeca” y baladas similares.
Con frecuencia la voz es opacada por la estridencia de los instrumentos, siendo difícil entender lo que ofrece el vocalista, pero el público menudo, y también el mayorcito, no lo necesita. Sabe muy bien las canciones y no deja de acompañar.
Esta vez se ha invertido más producción que en su concierto aquí en noviembre de 2006, sobre todo en el aspecto visual. La batería cuenta con una atractiva plataforma giratoria, hay un eficaz sistema de luces, pantallas de video y un telón blanco que cubre totalmente el frente del escenario durante un tramo del programa, por lo que sólo se aprecian las siluetas de los músicos. 
En uno de los balcones discrepa una pareja de veinteañeros. Él está sumido en el asiento. Ella no. Su argumento: “Panda no es cualquier grupo, güey, si así fuera no lo criticarían tanto”. Ignora al novio y baila por su cuenta “¡Ah, pero cómo vendo cassettes!”. Esta canción, según su autor, “está dedicada a toda la gente que pierde su tiempo, o que no tiene nada mejor que hacer que criticarnos y atacarnos”.
Cuando la multitud sale es más visible el ambiente familiar. Adolescentes en edad de cursar la secundaria se encuentran con sus mayores como cuando van a esperarlos a la salida de la escuela.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Tal vez los recientes ataques sufridos por un sector de jóvenes conocidos como emos, por parte de otros grupos juveniles, fueron tomados como una señal de alerta. Sin embargo, no hace falta que intervenga la seguridad. Cantar “Nunca nadie nos podrá parar” sólo sirve para concluir un rato de esparcimiento.

La diversión como meta
Panda se ha desarrollado en el circuito independiente, y para un grupo de esta clase sus logros en el ámbito masivo son excepcionales. Sin embargo, su vínculo con el público tiene sentido a partir de la premisa de darle a la gente lo que quiere.
En un fanzine concebido por el manager del grupo, al baterista Jorge Kro le preguntan en qué momento empezó a tomar en serio el hacer música. La respuesta deja ver el espíritu de su banda: “Yo creo que si eres doctor sí te tienes que tomar en serio la vida de otro, pero en el negocio del entretenimiento hay que estar conectado con lo que busca el consumidor, que yo creo es la diversión, el entretenimiento y no pensar en problemas”.
Así ha transcurrido su trayectoria, entre la contradicción que pretende conciliar la autonomía que da la independencia con el afán de quedar bien con sus seguidores. (R.F.B.)

Programa
Promesas - Decepciones / Estoy más sohloh que ayer pero menos que mañana / El infame estar y no estar / Hola / Te invito a mi fiesta / Narcisista por excelencia / Pathetica / Amiguito / Atractivo encontramos en lo más repugnante / Procedimientos para llegar a un común acuerdo / Y de la gasolina renació el amor / En el Vaticano / Cita en el quirófano / Porque todavía podemos decir “una vez más” / Muñeca / Tripulación, armar toboganes / No te deseo el mal… pero tampoco te deseo el bien / Tus palabras punzocortantes / Ya no es suficiente lamentar / 3 + 1 / Los malaventurados no lloran / La estrategia perdida / No tienes oportunidad contra mi antipática imaginación / Ya no jalaba /Ando pedo y ella está aquí / ¡Ah, pero cómo vendo cassettes! / Cuando no es como debería de ser / Si supieras / So violento, so macabro / Disculpa los malos pensamientos / Nunca nadie nos podrá parar.



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