martes, 11 de marzo de 2008

Carmen: La grandiosa intimidad

Foto: Colección Auditorio Nacional


Carmen de Georges Bizet, ópera monumental / 11 y 12 de marzo, 2008 / Dos funciones /
 3:00 hrs. de duración / Promotor: OCESA, S.A. de C.V.

David Cortés
Han pasado ciento treintaitrés años desde que, el 3 de marzo de 1875, se estrenó la ópera de Georges Bizet y su tema —a pesar de que la aparente pérdida de valores, la decadencia y la doble moral se han vuelto moneda de uso corriente— se mantiene vigente. En estos años, múltiples representaciones se han hecho de la obra y uno de estos acercamientos es el concebido por la coreógrafa Yekta Kara, bajo la dirección musical de Walter Haupt.


El primer desafío de esta puesta en escena es cómo transportar a lo masivo un trabajo concebido para espacios más íntimos. La respuesta radica en los recursos de los que se echa mano: trescientos elementos en escena, la Orquesta de las Américas, el Coro de México, una gigantesca pantalla central de veinticinco por doce metros, dos pantallas laterales que amplifican las expresiones de los cantantes, una espectacular iluminación y algunos efectos especiales. Por último, una traducción del libreto que sobresalta a los puristas, pero auxilia a quienes, neófitos, acuden a su primer encuentro con la historia de una gitana ansiosa de ejercer su libertad.

Haupt dirige con sobriedad la orquesta; sus movimientos enérgicos cuando la música así lo demanda, contrastan con la suavidad desplegada en los momentos de reposo. Su ausencia de protagonismo permite concentrar la mirada en la elegancia de Astrid von Feder, una Carmen que se desplaza con tal garbo sobre el escenario que aumenta su hermosura, mientras José Luis Dussauge, a quien le ha tocado encarnar al militar Don José, rinde, sin reticencias, honores a la bella. El triángulo amoroso lo completa Claudio Malgesini, un torero de elegante apostura que no necesita de mucho esfuerzo para cautivar a los asistentes, en especial a las mujeres.
Yekta Kara, con treinta años de experiencia como directora de la Ópera Estatal de Estambul, y Haupt, quien desde 1973 se ha especializado en representaciones al aire libre, concibieron una Carmen espectacular, pero procuraron no extraviarse en la abundancia de elementos escénicos para dejar a la música el principal papel protagónico.
Nietzsche escribió a propósito de esta ópera que “posee la atmósfera seca y limpia de climas más cálidos”, y tanto Kara como Haupt encontraron el punto de equilibrio que les permite ofrecer una incendiaria y pasional propuesta escénica. La interrelación entre lo que transcurre en la enorme pantalla y lo que sucede sobre el foro transmite los efluvios del Mediterráneo; el despliegue de actores que podría derivar en un incontrolable tumulto, se salva con la movilidad de los mismos; la tentación por crear abigarradas escenografías se ve contenida mediante el empleo de una iluminación en la cual predominan los tonos medios, y los efectos especiales se diseminan de manera tan inteligente durante los cuatro actos, que su peso incide en la obra, pero no distraen.
El dramatismo, la intensidad, la pasión, los celos y la valentía son condimento importante de esta obra y cada una de estas cualidades tiene su momento de brillo. Haupt saca partido de los matices de la música del compositor francés y aprovecha la acústica para explotar al máximo los instrumentos de una orquesta que parece solazarse en los instantes de mayor tranquilidad y belleza, para abatirse con furia en aquellos pasajes vigorosos que hacen resaltar el enérgico temperamento de la población española y que tan bien supo retratar Bizet.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
La muerte de Carmen, ésa que tanta polémica causara en el estreno de la obra, magnifica las emociones, agiganta el dolor de Don José, sujeta en sus asientos a los espectadores y los lleva a la conmoción, a un estado de trance del cual no saben cómo salir (o no tienen ganas de hacerlo). La estupefacción no se ve rota por los aplausos; únicamente las luces del lugar al encenderse rompen el encanto, anunciando no sólo el fin de una de las óperas más exitosas en la historia de la ópera, sino rechazando la posibilidad de un encore —vía alguna aria—; esto permite que los sentimientos en reposo hallen su espacio adecuado en el corazón. Sí, el trágico final es de la mayoría conocido, pero eso no lo vuelve menos impactante. Tampoco ayuda reducir el comportamiento de la gitana a una ausencia de moral, porque si Carmen ha sobrevivido en el tiempo es porque nació bajo el augurio de la inmortalidad, bajo el tórrido sino de los amantes dispuestos a arrostrar las consecuencias de sus pasiones.

Carmen como inspiración
La historia de la gitana y el triángulo amoroso en el que se ve envuelta ha fascinado a los hombres de cine. Directores como Ernst Lubitsch, Otto Preminger, Carlos Saura, Francesco Rosi o Peter Brook, han llevado a la pantalla, en diferentes momentos, sus peculiares visiones de la obra de Próspero Mérimée.
Un equipo de profesionales del Centro de Investigación Sobre Cine y Medios (CRIFAM, por sus siglas en inglés), de la Universidad de Newcastle y dirigido por Ann Davies, recibió ciento veintiséis mil libras esterlinas de parte del Directorio de Investigación de Arte y Humanidades para compilar la lista definitiva de películas basadas en el libro de Mérimée y en el libreto que Henry Meilhac y Ludovic Halévy escribieron para la ópera de Bizet. El estudio actualmente en curso y planeado para concluir en 2009, ha comprobado que existen más de setenta películas que recogen la historia central de Carmen, cuarenta de ellas rodadas antes de 1931. Entre las versiones más “raras” se encuentran U-Carmen e-Khayelitsha, del sudafricano Mark Dornford-May, y una versión muy libre de Kawachi Karumen (1966).
En música, sobresalen Carmen: a hip-hopera que MTV montó en 2001 con Beyoncé Knowles en el papel de la gitana, y Karmen (with a happy end), adaptación del compositor bosnio Goran Bregović, estrenada en 2004 y que recupera los aires flamencos del original, incorporando además los acentos balcánicos característicos de su obra. (D.C.)

Créditos

Walter Haupt
Dirección musical

Yekta Kara
Dirección y escenografía

Wolfgang von Zoubek
Escenografía y diseño de iluminación

Jan Rinkens
Proyecciones

Gizeh Cetil
Vestuario

Solistas principales

José Luis Dussauge 
Don José

Astrid von Feder
Carmen

Monika Brychtova
Micaela

Claudio Malgesini
Escamillo

Ramona Eremia
Frasquita

Ilia Popov
Zúñiga

Omar Garrido
Dancairo

Nikolai Visnakov
Remendado

Bahadir Noyan Coşkun
Morales

Orquesta de las Américas
Director: Roberto Kolb

Coro de México
Director: Gerardo Rábago



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