sábado, 26 de enero de 2008

Peter Bjorn & John

Colección Auditorio Nacional

26 de enero, 2008 / 1 000 asistentes / Función única /
3 hrs. de duración / Promotor: Noise Lab Productions, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Justo cuando Peter Morén, Bjorn Yttling y John Eriksson montan sus instrumentos para ejecutar “Let’s call it off”, inevitablemente uno se pregunta por qué intoxicarse con pop es una vergüenza que merece ocultarse. Es decir, en qué momento hacerlo dejó de ser un acto de introspección para inmaduros emocionales y se convirtió en sinónimo de sobre-dosificación a lo bruto. ¿Cuándo se pasó del bubblegum pop, con jugosa alma como centro, a la tonadilla sonsa cuyo sabor apenas sobrevive cuatro masticadas? Por fortuna, la pieza que el trío sueco ha escogido para abrir su concierto es pegajosa y promete alterar los sentidos. Además, anuncia el final de la gira correspondiente al tercer álbum del conjunto, Writer’s block, un plato que a primera oída luce como una colección de canciones inofensivas, pero que a la larga, tras un suministro irresponsable, produce efectos devastadores en los espíritus débiles.

Con tres álbumes detrás, Peter Bjorn & John se ha ganado una reputación que los coloca al lado de paisanos suyos como ABBA y The Cardigans. El trío de Estocolmo sabe cómo se confecciona un verso demoledor y para ejemplificarlo está “Young folks”, trozo de pop sonriente construido alrededor de un silbido de tonada irresistible al que, por cierto, le deben su segunda visita a México, tras pasearse por unos cuantos festivales europeos el verano pasado y aterrizar en Japón y Turquía. El público que hoy abarrota el Lunario prácticamente sólo ha venido a eso, a silbar ese éxito radial mientras levanta un vaso de espumosa cerveza light, pero cuidado, no hay que olvidar aquello de la intoxicación y su lastre de miseria. Antes de bailar con desenfado “I just don’t know what I want us to do”, la audiencia tendrá que enterarse de que no todo es sonreír y que para hundirse en los surcos del pop es necesario dejar salir unas cuantas lágrimas, que sí, se escurren como tiras de plastilina de colores, pero que igualmente lastiman. “Paris 2004”, plagada de recuerdos en tierras francesas; “Roll the credits”, la indicada para despedirse entre sollozos, y especialmente “Start to melt” —cantada por John tras los tambores— son composiciones lánguidas, de espesa consistencia, que relatan el estado de evaporación de los sentimientos cuando un abrazo anuncia la despedida.
 
Colección Auditorio Nacional

¿He estado más vivo de lo que estoy ahora? / Felizmente disiento; ahora río y lloro con mayor frecuencia. / Soy más yo. Así las palabras de “Objects of my affection”, que opera como despedida y es aprovechada para derrumbar la batería a patadas con el acompañamiento de un feedback incisivo. Un aullido filoso y taladrante, como la resaca que sufrirán quienes inhalan este pop de colores estridentes que altera y marea. Uno mira a los asistentes intoxicados y sonrientes abandonar el recinto y no quedan dudas; son puros adictos inmaduros, ¿quién podría tomarlos en serio?


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.