sábado, 1 de diciembre de 2007

Daniel del Rincón: Ave canora que remonta el cielo


Ángel caído / 1 de diciembre, 2007 / 265 asistentes / Función única / 
1:45 hrs. de duración / Promotor: Daniel del Rincón


Fernando Figueroa
Con apenas ocho años a cuestas, el alumno Del Rincón se enamora de una compañera del colegio. En ésas anda cuando descubre que otros dos niños —amigos suyos, para más señas— también se mueren por besar a la misma niña. Como aún cree en la justicia, le propone un trato a sus rivales: llevar serenata entre los tres y que la dama decida quién es el afortunado. Ellos aceptan, pero los papás no les permiten salir de noche, así que llevan a cabo su plan durante la tarde.

Cuando están frente a la casa de la púber, uno de ellos —quien por cierto no es Daniel— se acerca a la ventana para avisarle que están ahí, dispuestos a entonarle canciones de amor. Sin embargo, el mensajero tropieza con un rosal, cae aparatosamente y resulta severamente espinado; grita de dolor y la chica sale a su encuentro para auxiliarlo. Al ver que hay sangre de por medio, ella decide meterlo a su casa para curarle las heridas en la piel y, de paso, las del corazón. Del Rincón y el tercero en discordia ven absortos la escena y, luego de varios minutos de confusión, comprenden que han sido derrotados por el destino disfrazado de fatalidad.

Muchos años han pasado desde aquella experiencia iniciática y Daniel del Rincón sigue cantándole a las musas esquivas, aunque ahora lo hace en el Lunario ante decenas de amigos, familiares y fans. Acompañado de un grupo más que cumplidor, toca la guitarra y asegura en “Canción común”: Estoy contigo y me siento solo, / estoy sin ti y me falta un beso. Y en “Mátame de amor”: No pares y sigue acariciándome, / me gusta cuando sabes / lo que quiero de ti. Se ve que ha vivido y ya no se conforma con quedarse a las puertas de la casa de la amada, aunque aún ofrece serenatas ante los balcones. Ahora parece dar una aquí al mismísimo Auditorio Nacional, pues dice con mucha convicción: “Siempre hay que tener un sueño, y el mío es cantar aquí arribita”.
Bromea acerca de las sillas que se advierten vacías: “Es que hay mucho tráfico y por eso todavía no llegan los demás”. Luego, resignado, dice con sabiduría: “Están los que tienen que estar”. Como premio, una mujer le grita: “¡Mándame un beso, no se enoja mi marido!”. Entre canción y canción, Daniel bebe algo que parece una cuba pintadita y chacotea: “Es pura agua, No, qué va. Ese líquido oxida y trae mala suerte, ¡siete años de mal sexo!”.
En entrevistas ha dicho que sus grandes influencias provienen de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Serrat y Aute, aunque sus temas están más cerca de Fernando Delgadillo y, sobre todo, de Edgar Oceransky por la recurrencia temática del amor inacabado. Sus composiciones van de la balada al bolero y a la rumba, con chispas de jazz. Cuenta que vive en la calle Manuel Gutiérrez Nájera, de quien musicalizó “Para entonces”: Quiero morir cuando decline el día / en altamar y con la cara al cielo, / donde parezca sueño la agonía, / y el alma, un ave que remonta el cielo.
Estrena Ángel caído, aunque también entrega material de los álbumes Complicidad, Como un juglar y Candil del corazón. Son diez años de bregar a contracorriente y el escenario del Coloso aún se ve lejano. Él no ve así las cosas, en sus ojos brilla la envidiable esperanza.

Programa
Complicidad / Acércame tu vida / Canción común / A riesgo de morir / Mientras nos dure el amor / Saber querer / No me conformaré / Lo que soy / Para entonces / No se lo digo a nadie / Mátame de amor / Vuelve / Si no te quisiera / Y lo sabías / Después de tanto / Incierto corazón / Ángel caído / Te busco.
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