viernes, 16 de noviembre de 2007

Preservation Hall Jazz Band: La marcha de los santos noctámbulos

16 y 17 de noviembre, 2007 / 723 asistentes / 2 funciones /
 1:40 hrs. de duración / Promotor: LIVEJAZZMX

 Jesús Quintero
Antes de que en agosto de 2005 el huracán Katrina convirtiera a Nueva Orleáns en fuente de noticias dramáticas, esa ciudad había sido —y es— vista por los melómanos como cuna del jazz, de ese género tan entrañable a la cultura popular, al menos en sus primeros cincuenta años. Transitar por sus calles y parques permite acercarse a las diversas lecturas que cada generación ha otorgado a ese estallido que aún resuena en fiestas, en viejos y despintados porches, en los cementerios y —a lo largo de Bourbon Street— en antros de toda laya y en casas desvencijadas.

Una de estas edificaciones, ruinosa pero con personalidad, tiene el nombre de Preservation Hall Jazz y noche a noche, desde 1961, es nido obligatorio para turistas que llegan con una expectación y respeto que parece que va a sonar por allí el saxofón de Sidney Bechet (1897-1959). Si se peca de romántico, puede afirmarse que los fantasmas de los gigantes del jazz se asoman a ese escenario, pero la verdad es que allí suena y resuena una tradición que, forjada por viejos y jóvenes, se renueva a cada instante y lejos está de perder su fulgor. Por supuesto, en el repertorio hay más standards que rarezas, pero lo importante es que esta música la entrega gente que proviene de familias a las que una trompeta o un banjo les son tan familiares como un tenedor.

Al Lunario llegan curiosos, amantes del jazz antes de que se volviera lienzo de action painting y melómanos en busca de un sabor legendario. Después de un video que narra la historia del grupo y su persistencia tras la tormenta, la energía del septeto estalla con “Marching down Bourbon Street”. Aquí está ese sonido compacto y redondo como fruto que revienta de tan maduro y los metales se aventuran con melodías distintas que, al unísono, consiguen trenzarse de manera vivaz. El criollismo destella; del perol asciende un tono francés; otro más, africano, y también resuenan los ecos de nativos afamados como Dr. John y Fats Domino.
Ben Jaffe, director del ensamble y el más joven en la fila, funge discretamente su papel y parece más atento a su desempeño en la tuba. Como viejos de la tribu destacan el percusionista Shannon Powell, que no deja de sonreír, el trompetista John Brunious, que desde el centro del escenario preside la fiesta con gesto adusto, y el pianista Rickie Monie, quien ha traído algo que parece el esqueleto de un piano vertical y que soporta el aporreo requerido para que el dixieland se vuelva materia combustible.
En plena oscuridad, valiéndose de una linterna pequeña y del resplandor de los instrumentos, el septeto pasea por las mesas del Lunario como si se tratara de the second line —la procesión musical que acompaña a un funeral. De manera espontánea, el embrujo lleva a la gente a dejar sus asientos para integrarse a la marcha y bailar como si no hubiera mañana. Si Nueva Orleáns ha sido ejemplo de amor a la vida por encima del desastre, el Preservation Hall Jazz Band —embajadora de aquella urbe— nos recuerda con “Go to the Mardi Gras” que el jazz puede ser el soundtrack de la felicidad.

Programa
Marching down Bourbon Street / Darktown strutter’s ball / Over in Gloryland / St. Louis blues / I wish I could shimmy like my sister Kate / If I had my life to live over / Lord, Lord, Lord / His eye is on the sparrow / Just a closer walk with Thee / Go to the Mardi Gras / When the saints go marchin’ in.
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