sábado, 24 de noviembre de 2007

Jorge López Band: Jorge contra el dragón de los complejos


24 de agosto, 2007 /265 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Jorge López

Georgina Hidalgo
¿Puede apreciarse un concierto regido por la batería como algo más que un alud de percusiones a ciento cuarenta kilómetros por hora? Jorge López se empeña en que las veloces disonancias generen musicalidad; “es la única forma de conseguir el virtuosismo en ese tipo de instrumentos”, asegura. Esta noche lluviosa hay un concierto singular, músicos por todos lados, jóvenes y consagrados vienen a ver al “maestro”, el de las “clases de alto rendimiento” que pretenden acabar con los complejos de los músicos mexicanos. Para esta ocasión le acompañan invitados especiales: Mario Ruiz, tecladista venezolano al que describe como “genio”, y John Peña, bajista angelino que ha trabajado con Chick Corea.

Vienen directo de Los Ángeles, California, e invocan al espíritu del viento. Se enfrascan en una composición de López que deja en la mente imágenes de una noche intensa en la urbe. Abundan los juegos con la velocidad y la resonancia de los platillos. Este estilo fue forjado por López en una familia de bateristas, saxofonistas y trompetistas que han acompañado a los artistas más diversos —de Juan Gabriel a Maná, pasando por Mijares y Emmanuel. Su trayectoria de diecinueve años como maestro incluye la autoría de métodos de enseñanza musical y ciertas obsesiones por “descifrar” el estilo de bateristas como Dave Weckl, Vinnie Colaiuta y Buddy Rich.

John Peña se agacha, mostrando su calva en perfecta forma de diamante y su bajo azul pastel que establece diálogo con los toms. El solo de Peña es de abundantes subibajas y vertiginosos matices de bossa nova. Un guiño a la batucada deja claro que la batería dicta el mood y lo vuelve tribal. López hace sonar las baquetas como palos de lluvia y luego enloquece como metralleta. Sorprende al público y a sus colegas con finales intempestivos. Los músicos ríen, nerviosos, tal vez por haber ensayado apenas media hora antes y conseguir resultados un tanto ambiguos.
Aunque Peña comienza a guiar el viaje sonoro de la improvisación, la batería es el centro de atención. Como ante la pintura abstracta, el secreto ante las percusiones es “sentir y no entender”. Detrás de este concierto hay una motivación no tan secreta: López libra una batalla contra el bajo nivel de la enseñanza musical y el sentimiento de inferioridad de los jóvenes músicos ante otros colegas extranjeros, quienes llegan al país con buena técnica y mejor lenguaje mercadotécnico. En Los Ángeles ya comienza a bullir el ambiente en torno a estas sesiones de alto rendimiento que continuarán en el año.
Un bajo teñido de blues anuncia el final entre un piano que se suma al poderoso beat de López. El público conocedor se desvive en vítores. López pide a sus compañeros sobre el foro que no se disgusten. “Soy muy difícil”, acepta. Imaginaba él, dice alejado de los reflectores, que los “mejores músicos” tocarían a un buen nivel y siente que le hicieron motín por tanto grado de dificultad que él irradia. “Si Shostakóvich viviera, el jazz sería otro”, suspira.

Programa  
Wind sprint / Nothing personal / 7th Heaven / Blues for Z / So what / Segway / Got a match? / Impromptu / Humpty dumpty.

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