viernes, 28 de septiembre de 2007

Martirio y Son de la Frontera: Los ojos andaluces de Maribel Quiñones


28 y 29 de septiembre, 2007 / 781 asistentes / 2 funciones / 
1:45 hrs. de duración / Promotor: Consuelo Libertad Rodríguez Estrada

Rodrigo Farías Bárcenas
Es inevitable fijar la atención en el rostro de Martirio mientras canta, en particular por el misterio que hay en las gafas negras que porta. ¿Cómo saber de qué color son sus ojos si están cubiertos con cristales oscuros? ¿Son éstos una barrera o un punto de contacto? El lapso que dura “Júrame”, de María Grever, basta para advertir que en realidad esos lentes conectan a Maribel Quiñones con su personaje, y a éste con el público. Maribel creó a Martirio hace más de dos décadas para aprovechar toda su fuerza expresiva con un alter ego sin prejuicios, abierto al cambio y a la comunicación.
Alguna vez la cantante se describió como una “mujer puente”, con mucho tino, pues en esencia hace lo que la metáfora sugiere: propicia formas de unión entre la gente de distintas culturas y generaciones.

La primera parte del concierto es como una imaginaria construcción de pistas que unen a España con América; es decir, con Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, México, Bolivia o Argentina. Su columna es el flamenco, “la música más pura, como lo puede ser el blues”, según ella. El resto está conformado por fusión de bolero, jazz, tango y son cubano.

Temas tan conocidos como “Mucho corazón” o “Volver”, el clásico tango, se escuchan nuevos. Dejándolos reconocibles, Martirio ataca las melodías originales y las transforma con las claves rítmicas y emocionales del flamenco. Son de la Frontera —el grupo que la acompaña con dos guitarras, piano y un trío de percusionistas que llevan las palmas y el zapateado— es responsable en buena medida de la congruencia que hay entre el canto de ella y los arreglos musicales.
La segunda parte del concierto está basada principalmente en algunas coplas clásicas. Martirio reaparece con otro vestido, pero igual de llamativo que el anterior; es indefinible, como su música. Traje de sevillana y kimono a la vez, con un brillo atornasolado que resalta los colores dorado y azul.
Mueve sus manos con sensualidad ondulante y camina con levedad, casi flota. Siempre sutil, sin alardes. “¡Olé!”, grita un admirador. “¡Guapa!”, piropea otro. Hace reír con el sentido del humor que le pone a “Tú eres mi marío” o “La bien pagá”, pero sobre todo con el dejo irónico de “Las mil calorías”, copla rapeada compuesta por ella, que aprovecha para burlarse de un estereotipo de belleza femenina, y de paso para reírse de sí misma.
¿De qué color son sus ojos? Lo dice cuando canta “Ojos verdes”, que por algo es su preferida: Para mí ya no hay soles, / luceros ni luna, / no hay más que unos ojos que mi vía son, / ojos verdes, / verdes como la albahaca.
No hay misterio tras los lentes oscuros de Martirio, ella y Maribel son la misma mujer. El personaje se ha transformado sin alterar el motivo de su existencia: vincular la tradición con la vanguardia. Tras él, según palabras de su creadora, “hay una mujer andaluza, una apasionada de la música, una investigadora con muchas ganas de provocar sentimientos y emociones, y una voz desnuda que hace que se vea perfectamente quién soy”.

Programa
Martirio: Júrame / Mucho corazón / Si me pudieras querer / Volver / Una semana sin ti / En esta tarde gris / Las palmeras / Si te contara
Son de la Frontera: Brujería negra
Martirio: Tú eres mi marío / La bien pagá / María la portuguesa / Las mil calorías / Temes / Ojos verdes / Un mundo raro
Son de la Frontera: Cumbanchero
Martirio: María Magdalena / Cielito lindo

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