jueves, 6 de septiembre de 2007

Arturo Aquino: La noche que llegaron los chiapanecos

A mi tierra / 6 y 7 de septiembre, 2007 / 332 asistentes / 2 funciones / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: Mercados y Tendencias S.A. de C.V.

Fernando Figueroa
La primera vez que Arturo Aquino tocó el piano frente a Armando Manzanero, trató de impresionarlo con gran velocidad en los dedos; el compositor yucateco interrumpió la sesión para preguntar: “¿Y eso qué?”. No esperó la respuesta y agregó: “Estamos hablando de sentimientos, no de carreras”. Ese comentario hizo reflexionar al joven prospecto, quien a partir de entonces imprimió más hondura a su oficio, sin dejar de ser el músico dinámico que a ratos aporrea las teclas y luego, en contraste, las acaricia sin prisa ni pausa.

Hiperactivo, también le da por tocar de pie y llevar el ritmo con todo el cuerpo; es —con las distancias del caso— una combinación de Little Richard, Raúl Di Blassio y Richard Clayderman, músicos a los que admira. También posee un sello propio que lo ha convertido en El Piano de México, eslogan publicitario cortesía de Manzanero, quien produjo su primer álbum y lo tituló de esa manera.

Ajeno a las poses de divo, Aquino ha dicho que no hace música para músicos ni especialistas sino para la gente de la calle; sin ambages, busca que su trabajo sea “entendible, fácil de digerir”. Y vaya si lo logra, pues el público, que ocupa la mitad de las mesas del Lunario, se involucra en el espectáculo al ponerle voz a los temas instrumentales que el artista ofrece en bandeja de plata. Tampoco falta quien se pare a bailar una rumba.
Desde su imponente estatura física, Arturo Aquino proyecta la imagen de un muchacho alegre (sano, dirían las abuelitas), quien goza al hacer lo suyo en compañía de nueve amigos y paisanos que conforman una banda más que respetable: bajo, guitarra, requinto y una poderosa sección de metales. Al presentarlos, señala que han estado varias veces en el programa de televisión Animal nocturno, donde el equipo técnico los recibe con una frase que define su origen geográfico: “Ya llegaron los chiapanecos”.
Aunque trae un programa establecido a manera de columna vertebral del show, pregunta repetidamente: “¿Una alegre o una romántica?”. La respuesta más estentórea marca la pauta y él complace con fragmentos o temas completos. Salta de “Chiquitita” a “Take Five” o de “Amor eterno” a “Cómo fue”, lo mismo que de una ranchera a un tango o del “Concierto de Aranjuez” a un tema propio que evoca el terruño, “Coita”, que provoca gritos de júbilo en varias mesas. Él aprovecha para decir: “De veras que, sin paleros esto no funciona”.
Como cerrojazo, invita a Toto Ramos y Conchita Costanzo para que canten “Bésame mucho”, mientras los parroquianos corean a todo pulmón el himno velazquiano.

Programa
Tema de amor / Camino de San Cristóbal / La Bikina / Gitano / Recuerdos de Ypacaraí / Amarraditos / Fina estampa / Vete de mí / 20 años / La comparsa / Lágrimas negras / El cumbanchero / Cielo rojo / México lindo y querido / El mariachi / La llorona / Como yo te amé / Cómo fue / Piel canela / Bésame mucho / Concierto de Aranjuez / Chiquitita / Take five / Amor eterno / Por una cabeza / Caminito / El día que me quieras / Latino / Caballo viejo / Coita / A mi tierra / Mañana de carnaval / Tristeza.
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