sábado, 18 de agosto de 2007

Héctor Ortiz: Cuando el cantante y el personaje se funden

Elvis still alive / 18 de agosto, 2007 / 500 asistentes / Función única / 
1:45 hrs. de duración / Promotor: Héctor Ortiz

Maru Enríquez
Redondo es el espectáculo homenaje Elvis en concierto, que a treinta años del fallecimiento de El Rey presenta Héctor Ortiz. Con el Lunario a toda su capacidad y en un ambiente de expectación, aparecen los veintiún músicos que acompañarán al cantante y actor. Semejante derroche es la primera señal de que este tributo va en serio. Igual que en el álbum Elvis as Recorded at Madison Square Garden, la intro con Also sprach Zarathustra, de Richard Strauss, presagia que algo inmenso está por ocurrir.

Ataviado con traje azul cielo, peluca, lentes oscuros y ancho cinturón, Ortiz ingresa al escenario con una seguridad bien cimentada —son casi veinticinco años los que tiene imitando, con apasionada precisión, al hijo más famoso de Tupelo, Mississippi. Su voz es dúctil, madura. “See see raider” y “Proud Mary” permiten que luzcan sus virtudes vocales y hasta físicas siempre con sobriedad, sin exagerar y mucho menos ridiculizar a su ídolo. Luego de “Blue suede shoes”, nos deja a solas con su solvente grupo.

Regresa con traje rojo, cinturón dorado y un repertorio centrado en las primeras grabaciones para Sun Records y RCA: “Teddy bear”, “Are you lonesome tonight?” —construida sólo con guitarra acústica y su coro. “Podría pasar toda la vida cantando estos temas”, asegura Ortiz-Presley. A estas alturas, el público también desea eso. El encuentro se ha vuelto catártico gracias a la entrega de los músicos y a la experiencia —casi cuarenta años— del cantante, quien fue líder del legendario grupo de rock Zig-Zag, y participante en musicales como Vaselina, Jesucristo Súper-Estrella, Qué plantón y José El Soñador, y que ahora dice: “¡Los amo!… La siguiente se la dedico a mi esposa, Priscila (risas del público)… es algo que los hombres siempre debemos decir a quien amamos: You are always in my mind…”. Tras declarar que está “en el mejor lugar de la casa, entre mi banda y todos ustedes”, y dejar que sus músicos se revienten un rock and roll, regresa de blanco para arrasar con un popurrí de gospel, que en pleno éxtasis lo sitúa de rodillas y de espalda al público, luciendo una águila calva sobre su capa.
La personificación de Héctor Ortiz es respetuosa y acata todos los rituales de Elvis. En “Love me tender”, obsequia su bufanda a una admiradora y ante la demanda general —hombres y mujeres, arrobados, exigen la suya en pleno afán fetichista— entrega casi cincuenta, previamente “bendecidas” con sudor. “Gracias a todos y a Elvis por estar aquí esta noche” dice antes de “Suspicious minds”, con todos de pie, cantando. “Es el momento en que les voy a hablar como Héctor Ortiz, cantaré la penúltima canción que Elvis interpretó en vivo, sin saber que se haría realidad”, y llega “My way” en el mejor de los estilos. La gente, de pie y con franca ovación, pide otra sin recordar que El Rey no daba encores. Cuando todos esperamos una voz en off diciendo: “Ladies and gentleman, Elvis has just left the bulding”, se escucha: “Héctor Ortiz dará autógrafos en el bar del lugar”. Un digno espectáculo que nos permite afirmar que Elvis Presley estuvo en México.

Programa
See see rider / Proud Mary / All shook up / It’s now or never / You don’t have to say you love me / Blue suede shoes / I just can’t help believin’ / Teddy bear / Don’t be cruel / Are you lonesome tonight? / Sweet Caroline / Always on my mind / The wonder of you / Burning love / Hound dog / An american trilogy / Trouble / Steamroller blues / You’ve lost that lovin’ feelin’ / A little less conversation / Love me tender / Suspicious minds / My way / Can’t help falling in love with you.
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