miércoles, 1 de agosto de 2007

Big Band Jazz de México: Aquí todo cabe, sabiéndolo interpretar

1, 8, 15, 22 y 29 de agosto, 2007 / 2 436 asistentes / 5 funciones / 
2:25 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Julio Alejandro Quijano
¿Por dónde comenzar? La Big Band Jazz de México todo lo inunda y envuelve. El primer asombro sucede incluso antes de la primera nota: son seis saxofones, una guitarra, tres trombones, una tuba, cuatro trompetas, una batería, un piano, dos contrabajos y un director; en total, diecinueve músicos acomodados en el escenario. Por insólito que parezca, se percibe cierta holgura; este desafío a las leyes de la física no es el único de la noche y da idea de que en las particellas siempre es posible agregar unos segundos más. Apenas comienza el concierto, la Big Band Jazz de México suma dos elementos prístinos: las gemelas Ingrid y Jennifer, cuya sola presencia deslumbra a la vista. Se colocan junto al piano, ejecutado por Dulce María Recillas, e interpretan “Come fly with me” con tal habilidad que al placer visual se une el auditivo. Entre el público está Armando Manzanero, quien vive con intensidad las virtudes de las gemelas y las aprueba con un aplauso de pie. Es un comienzo andante que anuncia jolgorio.

Precisamente Manzanero es el siguiente en subir al escenario. Ingrid y Jennifer abren un espacio entre ambas. Él se declara orgulloso de que México tenga una big band fundada en Xochimilco y en seguida los conduce con suavidad por los terrenos del bolero. Los músicos muestran docilidad y talento para acompañar a media luz los versos de “Adoro”, cual si fuera el adaggio del concierto. Le sigue “Voy a apagar la luz” y parece que la Big Band Jazz de México es elemento indispensable al hacer una suave declaración de amor: Voy a apagar la luz / para pensar en ti / y así dejar volar / a mi imaginación. Manzanero baja del escenario y en un instante el ambiente se torna festivo al sonar el conteo del director Ernesto Ramos: “One… two… three…four…” y las notas de “Rock around the clock”. Si los boleros del yucateco fueron el adaggio, ahora el público disfruta del allegro que mantiene su velocidad con los inconfundibles acordes de “St. Thomas”.

En la segunda mitad del concierto aún hay espacio para que se sumen más elementos. La actuación de Ed Lorenz parece un regodeo: su voz está en el límite de crooners legendarios —un poco de Frank Sinatra, otro tanto de Nat King Cole—y, además, agrega una actitud de dandy que todo lo perdona, excepto la indiferencia. La última en abrirse paso es Cynthia Snell, cantante que lleva años picando piedra en escuelas de música, quien se une con Lorenz para interpretar “Smile” y luego se queda sola para “Let’s fall in love”, que gana espacio en los sentidos de los espectadores que se han dedicado a sumar placeres. Si la actitud de Lorenz remite a Nat King Cole en “Smile”, la voz de Snell hace pensar en Shirley Horn.
El último movimiento de la Big Band Jazz de México es un presto que convierte a los escuchas en entusiastas bailadores. “Hit the road, Jack”, de Ray Charles, detona el gozo y éste se expresa por el cuerpo mientras en el escenario los diecinueve músicos y cuatro vocalistas muestran que además de grandes son grandiosos.

Programa
Dancing man / Wind machine / Caught a touch of your love / Frenesí / All right, OK, you win / Night and day / Smile / Let’s fall in love / Perfidia / Popurrí de big bands / Sing, sing, sing / I’m beginning to see the light / Adoro / Voy a apagar la luz / Blues / Rock around the clock/ St. Thomas / The way you look tonight / Come fly with me / Georgia on my mind / Let the good times roll / Hit the road, Jack.
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