jueves, 16 de agosto de 2007

Argelia Fragoso: Voz de ángel y manos de seda

Cuba, bolero y son / 16 de agosto, 2007 / 362 asistentes / Función única / 
2:10 hrs. de duración / Promotor: Rita Abreu


Fernando Figueroa
En cada una de las mesas hay cacahuates salados a disposición de los asistentes, quienes los consumimos sin saber que el espectáculo ya inició de esa manera. De pronto, en la oscuridad, un reflector apunta hacia Argelia mientras se desplaza entre la mesas con cucuruchos de papel en una mano y el micrófono en la otra; canta “El manicero” con su potente y cálida voz de contralto, transportándonos de inmediato a su patria caribeña: Si te quieres por el pico divertir, / cómete un cucuruchito de maní… La acompañan —trepidantes— piano, bajo, batería y bongoes.

Al apagarse los últimos compases, dice que Cuba y México están unidos por indestructibles lazos musicales y de amistad: “La canción de aquí y de allá es la misma”. Habla con fervor de Vicente Garrido, “quien alguna vez dijo, muy generosamente, que si los ángeles se decidieran a crear una escuela de canto, me tendrían a mí de directora”. Dirige la mirada hacia el techo y afirma que ese compositor no se ha ido del todo de esta tierra, enseguida ofrece “Una semana sin ti”, “Todo y nada” y “No me platiques más”.

Fragoso es la síntesis de las virtudes artísticas de Elena Burke, Celia Cruz y Omara Portuondo; la profundidad, el brillo y la intensidad de esa tercia de reinas se amalgaman en la artista nacida en Cienfuegos, hija de cantantes, quien no se limitó a sacar partido de sus cualidades innatas sino que estudió canto y piano en La Habana y dirección coral en el Conservatorio Franz Liszt de Weimar, Alemania. No es gratuito que Mario Ruiz Armengol haya sentenciado alguna vez: “Argelia es la artista más completa que he conocido”.
Como si quisiera ratificar tal elogio, la segunda parte del espectáculo lo inicia a solas frente al teclado para entregar “Ojos malignos”, arrancando murmullos de admiración de quienes desconocen sus capacidades pianísticas. Ya con el grupo se pasea por el bolero, da vuelta en el son, regresa por el filin y aterriza en el folclor peruano marca Chabuca Granda. En una de las mesas está Xavier López Chabelo y en otra el músico Luis Ángel Silva Melón, quien ha descubierto una singular característica de Fragoso: “Me hace sentir que las canciones conocidas las escucho por primera vez, ni qué decir de las novedades”.
Antes de cada canción, generosa, ensalza a los respectivos creadores o, al menos, los menciona. Agradece el talento de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, María Grever y Armando Manzanero, entre muchos otros. Jazzea con “Un mundo raro” y baila con un parroquiano al ritmo de “Noche cubana”.
Se le nota que desde la infancia trabajó con la Orquesta Aragón y luego se rozó con Irakere, Gonzalo Rubalcaba, Michel Legrand y la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Tal vez el único reparo que se le pueda poner es que, en vivo, se empeña en que el público cante fragmentos de canciones mientras ella se limita a utilizar el micrófono como batuta. En este caso, su silencio es un crimen. 

Programa
El manicero / Mucho corazón / Y decídete mi amor / Oración Caribe / Cómo fue / Un mundo raro / Noche cubana / Sabor a mí / Azul / Ojos malignos / En falso / En tu lugar / Todo y nada / No me platiques más / Alma mía / Imágenes / Añorado encuentro / La flor de la canela / Alivio / Sin ti no soy nada / Nuestro secreto / He perdido contigo / Una semana sin ti / Horas / Te extraño / El cumbanchero.
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