sábado, 28 de julio de 2007

Johnny Indovina: Aquelarre lejos de Ciudad Gótica

28 de julio, 2007 / 668 asistentes / Función única / 
2:05 hrs. de duración / Promotor: OCESA S.A. DE C.V.

David Cortés
Después de tres años, “tres años” —recalcó él mismo— de no pisar escenario mexicano, Johnny Indovina, acompañado de Sound of the Blue Heart (SOTBH), apareció por primera vez en el Lunario. Fue una noche emotiva por la entrega de la banda y la comunicación conseguida con el público, una masa verdaderamente devota que asistió a escuchar algunos clásicos y temas de nuevo cuño, pero que en realidad acudió a idolatrar al cantante en un concierto con aires de déjà vu.

A mediados de la década de los noventa, Indovina, al frente de Human Drama, estableció una conexión muy particular con sus fans de este país. Aunque su música se acomodó en el casillero gótico, ésta irradió una luminosidad difícil de encontrar en otras bandas del género. La combinación de instrumentos eléctricos con flauta, violín y violonchelo, imprimió un distintivo a su sonido que rayaba en lo pastoral.

SOTBH es un sexteto con Tim Grove y Gregg Burns, guitarras; Michael Mallory, bajo; Rob Cournoyer, batería; Susan Lowery, coros y teclados, e Indovina, voz y guitarra, que hace rock más directo, a veces con destellos punk y que sin erradicar cierta oscuridad de su sonido, sí se ha despojado de todo elemento gótico. Indovina, que nunca ha negado la influencia de David Bowie, Leonard Cohen e incluso de Nick Cave, ha optado por composiciones menos abigarradas musicalmente, pero con profundidad en la lírica.
El cantante presentó canciones del primer álbum de SOTBH, interpretó por primera vez un tema de su proyecto paralelo Memory Burn, e incluso adelantó material de una producción en proceso. A la mitad de su set, acompañado únicamente por su tecladista, cantó, en un tono excesivamente dramático, la primera canción de Human Drama.
Luego, presenciamos una imagen ya vista en otras de sus presentaciones. Para una balada, sabedor de que nada sucedería, Indovina bajó del escenario, dividió el lugar en dos y se situó a la mitad para cantar. Cerca del final sacó el colmillo y aparecieron los clásicos de Human Drama. Indovina empezó a cantar más con la víscera que con la garganta y el grupo, sintiendo esa entrega de su líder y la retroalimentación del público, se prodigó con creces. El tono del concierto siguió in crescendo y cuando llegó el primer encore, el cantante salió únicamente con su guitarra, pero apenas y la tocó, prefirió una interpretación casi a cappella. Para el segundo encore, reapareció con una pintura que le regalaron horas antes y abrazado a ella ofrendó una balada. Y aquí fue inevitable recordar que en una de sus primeras visitas a México, específicamente en el Museo Universitario del Chopo, en 1996, al bajar del escenario en un ambiente menos controlado y en donde perdió parte de los pantalones, también le obsequiaron una pintura —un retrato— que aún conserva.
Era el adiós, pero el público, insistente, lo hizo volver. Indovina estaba exhausto, pero feliz. Los integrantes de la banda se mostraban incrédulos. Técnicamente no fue su mejor presentación, pero resultó exuberante en emotividad. Con “Knocking on heaven’s door”, de Bob Dylan, finalmente pudo dejar el escenario, pero bien pudo haber seguido toda la noche. Parecía tener los ojos arrasados por las lágrimas, aunque tal vez era un efecto de la iluminación.

Programa
Pantomime Clown / Knockin' on Heavens Door / Love and It's Sorrow / Beauty? / The Great Escape / River of Love / This Forgotten Love / Lonely / Cynthia's Journal / Quiet Desperation / Death of an Angel / The wind will change / All That Cuts Today.

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