jueves, 17 de mayo de 2007

Liquid Soul: Instrucciones para ser feliz con los pies

17 de mayo, 2007 / 361 asistentes / Función única /
 2 hrs. de duración / Promotor: LIVEJAZZMX

Jesús Quintero
La etiqueta acid jazz estuvo de moda hace mucho tiempo en círculos atentos a las tendencias bailables. A casi veinte años de su irrupción, esa mezcla de jazz, funk y hip-hop ya vio pasar su momento de gloria y pocos son los conjuntos que enriquecieron su vocabulario para que la multitud no los olvidara.

Liquid Soul es una de esas garzas que cruzó el pantano y aprovechó la experiencia: ahora come reptiles. Con catorce años de trayectoria, cambios en sus filas que han fortalecido la vigencia de su sonido y un cúmulo de influencias que en vivo conquista hasta a las caderas más reticentes, el septeto de Chicago llega al Lunario para ofrecer por primera vez su música en esta ciudad (en 2001 estuvo Cancún y después en Guadalajara). Una advertencia de Mars Williams, saxofonista y director musical, deja ver lo que está por venir: “Liquid Soul es perfecto para quien guste de una atmósfera festiva. La nuestra es música que la gente puede escuchar o bailar. Es una enérgica fusión de diferentes estilos. En algún momento tuvimos integrantes con raíz latina, hoy no, pero nos acercamos con respeto a la música latina y en algún momento notarán grooves latinos en nuestra presentación”. 

Llegada la hora, la temperatura comienza a subir porque al margen del tributo a la lucha libre que brinda Liquid Soul, con DJ Ajax enmascarado, lo que va a tender puentes con la gente es la ecléctica mezcla de estos músicos que son jazzistas sin sentirse catedráticos, que practican el funk sin regodearse en los solos y que van a inyectar de felicidad a quienes conocen álbumes como Make some noise (1998) o Here’s the deal (2000) y a los curiosos, que no son pocos.
A diferencia de sus tempranos contemporáneos, que cifraban su bagaje en LPs de James Brown, Herbie Hancock y Sly and The Family Stone, Liquid Soul —por años de trayectoria y una capacidad de absorción que no sabe de reparos— hoy es una aceitada máquina que produce danza colectiva con engranes provistos por The Beastie Boys, The Red Hot Chili Peppers y Funkadelic. Sus cadencias son contagiosas y aunque el recitativo de Mr. Greenweedz es hip-hop, evita el papel de macho desaforado; por el contrario, su carácter cool pronto hace conexión con cinco damas que suben al escenario para escuchar al grupo en el sitio más privilegiado.
La interacción entre el DJ y la batería es notable. Los metales están lejos de robar pantalla y Mr. Greenweedz es un MC (Maestro de Ceremonias) que prefiere moverse durante gran parte de la jornada entre las mesas, incitando al baile con ánimo sincero.
Las caderas poseen un idioma ajeno a las palabras que intentan, vanamente, apresar el instante o por lo menos dejar constancia de su frenesí. Sirva entonces como colofón y elogio, la habilidad de Liquid Soul para construir con tres columnas de la música popular, citadas abiertamente —“Salt peanuts” de Dizzy Gillespie, “So what”, de Miles Davis y “Rapper’s delight” de Sugarhill Gang—, una pegajosa y pulsante propuesta que cierra la puerta a la cotidianidad y consigue que el cuerpo en movimiento sea sólo emoción.

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