domingo, 1 de abril de 2007

Primavera ManiFiesta: La comezón del séptimo día

1, 15, 22 y 29 de abril, 2007 / 1 015 asistentes / 4 funciones / 
16:20 hrs. de duración / Promotor: Libertad Estrada


Alejandro González y David Cortés
¿Qué se hace los domingos por la tarde? Descartemos la comida en casa de las tías y el día de campo familiar. Con los cines repletos de aferrados dispuestos a obtener un boleto a como dé lugar, y con el partido de futbol más aburrido en siglos paseándose por la televisión, la mejor alternativa está en el Lunario. Solicitar una entrada sin empujones de por medio, pedir un trago y disfrutar de los exponentes que la Primavera ManiFiesta tiene esperando. Cuatro fechas para que los indies, los surfistas del concreto, los que gozan del jazz y también quienes prefieren la llamada world music, olviden eso de que el séptimo día fue creado para holgazanear.


Indie
Candy / Simplifires / Tanke / Bengala
4 hrs. de duración

La tarde está caliente y un trío llamado Candy presume su estilo punk-new wave para recibir algunos aplausos tímidos entre la aún escasa concurrencia. “Superhero” y “Mumbai fever” forman parte de un listado medio punkie que, como la regla indie suele apuntar, prefiere el inglés cuando de componer se trata. Simplifires es el siguiente grupo y su aleación sonora tan cercana a The Killers prefiere también el idioma prestado. Cuando llega su turno, Rodrigo y Alejandro Solórzano, Adán Herrera y, sobre todo, David O’Gorman, muestran que la timidez hace rato no se asoma en sus presentaciones, que “Making countries”, “Yourself only” y “Unsupervised” pueden asemejarse a clásicos si hay empeño en que eso parezcan. Pero si Simplifires consigue que de sus amplificadores emanen fosforescencias, Tanke sólo proyecta sombras. El sexteto se integra, además de bajo, guitarra y batería, con un par de laptops, cada una acompañada de un teclado y una chica encargada de pulsarlos. Fachas andróginas, ojos sombreados y la lobreguez de “Predador sensual” y “Viaje sideral” son lo más celebrado.
“Como dicen por ahí: pocos pelos, pero bien peinados”, apunta el vocalista de Bengala al descubrir a un discreto número de asistentes que, sin embargo, está lejos de lucir una cabellera en orden. Con disco debut en las tiendas y varios sencillos paseándose por la radio, el grupo que cierra no tiene más que recibir halagos de su público. “A saltar”, “Mensaje”, “Carretera” y “Miente” se intercalan con los desaforados gritos de algunas chicas entre la audiencia: “¡Te amo, Diego!”. Definitivamente la primavera ha llegado.

Surf
Perversos Cetáceos / Twin Tones / The Cavernarios / Lost Acapulco
4 hrs. de duración

Al grito de: “Save the whales, motherfuckers!”, Perversos Cetáceos atasca de reverberación la guitarra para soltar una inofensiva marea de concreto hacia los bañistas de chapopote. Rorcual, Vaquita 21 y Cachalote tocan algunas instrumentales incluidas en su plato debut, Aventuras en el mar, mientras entre el público ya puede apreciarse uno que otro paso a go-go. El trío cetáceo pretende poner los pies de los asistentes sobre la arena de la playa, mientras el combo que le sigue, Twin Tones, hace el cambio por el polvo del desierto. Sentados en banquillos, ensombrerados y casi masticando tabaco, se aplican a su spaghetti-western con todo y fragmentos de filmes clásicos del género proyectados en las pantallas. López, Casasola, Gutiérrez, Martínez y Huerta ejecutan impecablemente himnos de espuela y revólver como “Bandidos”, “Cotton eyed”, “Salón Chihuahua”, y hasta invitan a un acordeonista y a un trompetista a tocar ante la mirada incrédula de un público acostumbrado a las guayaberas y a los caracoles. Sigue el turno de cuatro bachilleres ansiosos por regresar a la playa, The Cavernarios. Con ellos, al fin alguien se atreve a cantar. El osado lleva por mote Sr. Lobo y lo que tiene por soltar no es más que un deseo primario a ritmo de garage: “¡Esta noche quiero rock and roll!”. Salen entonces las máscaras de luchador acompañadas de coreografías, la antesala ideal para Lost Acapulco, pioneros del surf-mex gracias a “Spycam” y “A huevo”. WARpig, tras los tambores, dicta la orden para cerrar la sesión: “¡Póngase locos! ¡Llegó la hora de que las chicas se quiten todo lo que traigan encima: inhibiciones, ropa… es más, hasta a su güey sacúdanse!”. Y todas obedientes toman el escenario. Ni las playas artificiales del DF alcanzan la temperatura del Lunario.

World Music
Muna Zul / Da Punto Beat / Bocafloja / Los de Abajo
5 hrs. de duración

En su tercera jornada, Primavera ManiFiesta tiene como temas la voz, la palabra y el baile. Abre el trío femenino Muna Zul, con canciones en su mayoría a cappella y aderezadas con destellos de jazz, world music, flamenco, rap, folk y un poco de pop. Sandra Cuevas, Dora Juárez y Leika Mochán entregan un set cálido y conmovedor, con una que otra historia alusiva al génesis de las canciones que calienta un poco a un público inquieto.
El sexteto Da Punto Beat inaugura el baile con una mezcla de dance y punk, muy en la vena de bandas británicas como The Rapture y The Klaxons. Aunque la mayoría de los cuerpos se contonean, pocos son los que deciden entregarse a los ritmos frenéticos de la agrupación. Líneas profundas de bajo, sonidos de sintetizadores paneados y una guitarra que al momento de sus solos se inclina a la psicodelia, levantan el ánimo y refrendan las expectativas que la banda forjó con el lanzamiento de Velodrom (2006).
Bocafloja, acompañado de Soulman en las tornamesas, se define como un “comunicador social”. Sus rimas, fondeadas con funk y soul, hablan de preocupaciones sociales, la necesidad de restaurar la dignidad del hip hop y convertirlo “en un servicio para la comunidad”. Su participación mantiene en alto el ambiente.
Los de Abajo, con las letras más grandes del cartel, exhiben las tablas adquiridas en sus giras por el planeta. Hacen un recorrido por sus cinco discos en estudio y en su actuación hay ska, tintes chilenos, rancheros, polkas, salsa, drum & bass y danzón, un abanico sonoro atravesado por el rock. Antes de finalizar, el público organiza una víbora que recorre el lugar mientras los percusionistas marcan el ritmo cardiaco de aquellos que tomados de la cintura bailan, corren y juegan. Para el encore, bajan del escenario y, rodeados de los asistentes, interpretan varios temas acústicos para finalmente encaminarse a la puerta que conduce a los camerinos. Durante hora y media el sudor, y no la cerveza, fue el líquido que más corrió por el Lunario. Con huellas de cansancio y satisfacción, una adolescente feliz resume el sentir colectivo: “Valió la pena esperar”.

Jazz
Hernán Hecht Trío / Iraida Noriega / Los Dorados
3:20 hrs. de duración

La última tanda de Primavera ManiFiesta está dedicada a tres formas distintas de hacer jazz en México. Hernán Hecht Trío (Mark Aanderud, piano; Marco Rentería, bajo; y Hecht, batería) ofrece un set en donde no hay pausas y los solos escasean. El grupo encara su presentación experimentalmente, privilegiando atmósferas y texturas, utilizando las descargas rítmicas para darle respiración a la música. Aanderud explora el piano en su interior, toma una melódica para generar frases con reminiscencias de tango, Hecht juguetea con las escobillas, el sampler y un salterio, mientras Rentería, más discreto en su instrumento, sirve de ancla a un sonido que deja la obviedad del swing para internarse por la improvisación libre sin echar mano de la cacofonía.
Iraida Noriega se apega a la ortodoxia.  Acompañada por Nicolás Santella al piano, Agustín Bernal en el contrabajo y Luis Mario Rivera en la batería, la cantante revisa standards, alardea con el scat, baila sin parar en los intersticios instrumentales, incorpora un poco de blues y aprovecha para estrenar una canción de la que aún tuvo que leer la letra. Sus músicos, sobrios, virtuosos en los solos, tienden una alfombra para el lucimiento de la cantante que ésta aprovecha para gesticular y reforzar con movimientos excesivamente dramáticos.
Los Dorados exhiben el repertorio de un tercer disco aún sin estrenar. Su actitud está más cercana al rock y a la fusión. El cuarteto tiene en la guitarra de Damián Gálvez y el saxofón de Daniel Zlotnik a sus principales bastiones, pero la totalidad estaría vacía sin el contrabajo de Carlos Maldonado y la batería de Rodrigo Barbosa. Abrevan del funk, el noise y el hip hop, pero su mérito radica en dotar a la mezcla de una personalidad que se ha afianzado con el tiempo.
Cuando Maldonado deja el contrabajo para colgarse el bajo eléctrico, Los Dorados suenan potentes, amarrados, con la energía extrovertida del rock, pero en su base mantiene el sello del jazz y que les sirve para redondear la miríada de propuestas jazzísticas. Tal suma de estilos funciona como ejemplo del jazz más temerario que se hace en México y también como magneto para los que no se perdieron ninguna de las jornadas del Primavera ManiFiesta.

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