viernes, 2 de marzo de 2007

Marco V & Brian Cross: El remix como una de las bellas artes


Amnesia World Tour 2007 / 2 de marzo, 2007 / 1000 asistentes / 
Función única / 5 hrs. de duración / Promotor: Carlos Mercado


Georgina Hidalgo
Música para fans, no para las masas. Es necesario aclarar esto cuando de una fiesta de música electrónica se trata y sobre todo cuando la amenizan los reyes del tornamesa, la elite del trance mundial: el holandés Marco V, el amo del Sonido V, y el español Brian Cross, DJ Nescafé, bien conocido en estas tierras por su electro-programa en televisión de paga. Y encima de todo, hay un disco gratis para los primeros quinientos asistentes. La respuesta en taquilla y la expectación son pruebas fehacientes de que a veinticinco años del nacimiento del techno, éste tiene hoy una infinidad de vertientes y es un próspero negocio que permite a sus mayores exponentes moverse por todo el planeta con una soltura envidiable.

Amnesia es conocido como un sello discográfico con lo mejor del beat europeo. Los que saben de la materia, los denominan, sin empacho, como “genios musicales”; cautivan con sus remixes y experimentos de ritmos maniacos; multitudes los aclaman en los cinco continentes; inventaron el trance (pronúnciese trans) y lo superaron; sus fiestas exclusivas en las mejores pistas del mundo los han colocado junto a Armin Van Buuren, Nick Warren, Paul Oakenfold y Marcus Schulz en el top del dance mundial. Lo dicen claro, se mantienen porque entienden la máxima del circuito: “Vales lo que das a ganar”.

El español regordete, con pelo corto y lentes, parece un chico tranquilo. A sus veintiséis años se mueve de Madrid a Emiratos Árabes y de Israel a Johannesburgo; catorce países en cuatro semanas es un ritmo vertiginoso, como los doscientos veinte beats por minuto que receta a miles de fans por las noches. Establece “residencias creativas” y organiza fiestas en las que su sello es la sorpresa. La sesión comienza con sus éxitos house, remixes tranquilos, incluso melodiosos; alterna tribal-tech, tech-house, tech-trance, progressive. Luego decreta la muerte del trance clásico —“la melodía ha desaparecido”, grita. La electrónica se impone, los cuerpos se arremolinan bajo el altar del DJ: el mueble donde el tornamesa dicta el humor de los noctívagos y guía el rumbo que toma la mente mientras los cuerpos se estremecen.
El holandés, calvo y delgado, se pierde en la inmensidad de su camisa negra. Sale a recoger los restos en trance que dejó su mancuerna —la relación comenzó en 2005 y los mantiene en gira permanente. Todos se entregan gustosos al célebre Sonido V. Tres álbumes tiene en su haber (200V, Con:Fussion y Combi:Nations) y la crítica aún no puede definirlo: ¿groovy?, ¿tech-trancer? No importa, sus remixes con las guías de Tori Amos, Pink Floyd, Paul van Dyk, y hasta un tema de la película Kill Bill (“Bang gang”) se acercan a la genialidad.
Sagacidad, un repertorio batido de ritmos, loops y ocurrencias. Se divierte, sonríe y levanta el puño. Sus huestes lo celebran. Recuerda sus éxitos mundiales, “False night”, referencia para todo DJ en el planeta; “Second bite”, tema veraniego en todas los recintos dance. Asistimos al ritual de uno de los veinte mejores DJs del mundo, eso dicen desde hace tres años los críticos y conocedores del movimiento electrónico. El dios de los raves nos toca. El Lunario es el escenario de una realidad muy distinta a la que, agazapada, espera afuera. De nuevo, como en los tiempos primigenios, el baile ha vinculado a los dioses con sus hijos.

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