jueves, 1 de marzo de 2007

Jason Moran & The Bandwagon: Tejidos de jazz


1 de marzo, 2007 / 345 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Carlos Mercado


David Cortés
Si bien los instrumentos sobre el escenario son convencionales, el inicio del concierto de Jason Moran & The Bandwagon tiene un rumbo impredecible, pues el disparador son voces sampleadas. Moran (piano), Tarus Mateen (bajo) y Nasheet Waits (batería), sentados, comienzan por entregar, sobre ese murmullo in crescendo, sonidos tenues y abstractos en una improvisación que, conforme evoluciona, da paso a un boggie para luego transformarse en funk.

El pianista, alumno de Jaki Byard y Andrew Hill, conoce la importancia de la tradición, pero no reniega del hip hop y del funk que lo alimentaron en sus años mozos y que ha desarrollado en la banda del saxofonista Greg Osby, de la cual también forma parte. Su obra busca un acuerdo entre esas afluentes de la música afroamericana para crear un estilo personal de irreprochable técnica y desbordante imaginación.

Si bien lo suyo es una historia condensada del jazz, con citas a Jelly Roll Morton, Cecil Taylor y Muhal Richard Abrahms, también brinda guiños al universo de la música de concierto con referencias a Maurice Ravel y Béla Bartók. El oriundo de Texas habla poco. Agradece la asistencia, muestra su satisfacción de estar en México por primera vez y ocasionalmente presenta alguno de sus temas —“This is a good song, this is a good one”… “This is for dancing”—, mas su parquedad verbal contrasta con la efusividad de sus composiciones.
Moran ha colaborado con Cassandra Wilson, Joe Lovano, Lee Konitz y Steve Coleman, ha grabado seis discos —uno de ellos como solista— y fue distinguido con el Up-n-Coming Jazz Musician en 2003 por la Asociación de Periodistas de Jazz, y el Guiness Rising Star del Cork Jazz Festival en 2002, y aunque dista de asumirse como un iconoclasta, sus sampleos —con frases del tipo breakdown the society, the tensions… breakdown the barriers… breakdown misunderstanding… breakdown the art world— indican lo contrario.
La formación de The Bandwagon ha permanecido inalterable desde su fundación en el año 2000, y eso le ha permitido enriquecer su sonido desde distintas fuentes. Por momentos derivan al soul, en otros tienden puentes con James Brown; cuando hurgan en el funk recuerdan a Sly and the Family Stone, aunque a un tercio de su tiempo original. Afrika Bambaataa, el padre del hip hop, se insinúa ocasionalmente y cuando la energía domina hay resabios de Public Enemy.
Los solos no abundan, la mayoría funciona como introducción, pero no hay necesidad de echar mano de ese recurso para que luzca el virtuosismo; en su lugar, piano, bajo y batería entregan música sin pirotecnia, pero sí rica en matices e intensidad. El encore, una pieza que nace de la nada y crece hasta arrebatarnos la respiración, simplemente es soberbio. El legendario bandwagon, ese furgón donde viajaban los músicos que amenizaban las largas travesías en tren, volvió a vivir y no fue un acto de nostalgia.
La sesión la abrió el quinteto de Israel Cupich, muy sobrio, pero eficaz para calentar el ambiente. Aunque nada hubiera preparado al público para lo que después llegó.

Programa
Breakdown / Foot under foot / Sun block / Planet rock / Gangsterism on a river / Artist ought to be writing / I’ll play the blues for you / The sun at midnight / You´ve got to be modernistic

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