miércoles, 14 de marzo de 2007

Fandango, Duende y Taraf: Puente sobre aguas inquietas

Las tres orillas del Atlántico / 14 de marzo, 2007 / 243 asistentes / 
Función única / 1:30 hrs. de duración / Promotor: Alebrije

Mariana Norandi
Desde el siglo dieciséis el océano Atlántico se convirtió en la vía por la que entre América y Europa se fue forjando un mestizaje cultural, mercantil y gastronómico cuyas consecuencias perduran hasta hoy. Si bien el primer encuentro cultural fue traumático y derivó en una de las conquistas más bárbaras de la historia de la humanidad, gradualmente surgió una verdadera simbiosis, donde el americano absorbió cuestiones hispanas, y el español, que ya se había arabizado tiempo atrás, se fue americanizando. En los siglos posteriores, el tráfico marítimo incluyó diversos productos y expresiones, entre ellas la música. Para allá viajaban ritmos calientes; hacia acá, cantos sufridos; para allá, el son jarocho, hacia acá, el flamenco andaluz. Se dio entonces una fusión natural, reivindicada ahora por los músicos de Fandango, Duende y Taraf, que se mueven al margen de las modas contemporáneas y que presentan en el Lunario su álbum Las tres orillas del Atlántico, dentro de una gira denominada Son de Taraf.

Ante un público numeroso y tan heterogéneo como su propio repertorio, cinco instrumentistas de origen mexicano, marroquí y español —Gerardo Bátiz (teclado), Armando Montiel (percusiones), Angel Chacón (jarana), Juan Cristóbal Pérez (bajo) y Abdelmjid Moutana (laúd)— demuestran cómo tres continentes se vinculan musicalmente con una cohesión sorprendente y sólo entendible al remontarnos a un pasado colmado de correspondencias. Abren con “El puente”, donde el laúd de Moutana remite al milenario y fastuoso reino de Marruecos con un sonido transparente y fluido. Pero de manera repentina, la esencia magrebí queda sepultada por el clamor del mar y surgen las festivas notas del son jarocho y de la sangre afroamericana. La música viaja con el ser humano y comienza “La fiesta”, que es de todos: veracruzanos, flamencos y árabes. Suena la jarana, pero también el laúd marroquí, la guitarra y la vihuela española. El espectáculo no es el cancionero, sino el recorrido de orilla a orilla, del Mediterráneo al Golfo de México, de Tánger a Cádiz, y de Málaga al Puerto de Veracruz. La música es una; los ritmos, muchos; el sentimiento, el mismo: la confirmación de la vida.

Los espectadores, seducidos, intenta ubicar la geografía de cada tema pero acaban desechando la idea al darse cuenta que esta música no tiene tierra, sino mar. Es la música del viajero y del migrante; desapegada de un territorio porque se nutre de todos.
Abdelmjid Moutana traduce un poema tradicional marroquí llamado “El lamento de la guitarra triste”, que habla de la naturaleza, de las sequías y lo que éstas ocasionan. Luego, al cantarla en su lengua original, el poema adquiere un significado más hondo y ante los ojos ofrece las regiones áridas de su país. El público pide un encore y se le concede más de un pilón, incluidos solos instrumentales de todos los integrantes del grupo. Al final, quedan en los espíritus infinidad de imágenes, no provenientes de fotografías, sino de instrumentos musicales, de voces de distintas tierras que son hermanas.

Programa
El puente / La fiesta / Granada / La espera / Encuentros / La palmeca / Esto es un elefante / Majad / El lamento de la guitarra triste / Tangerina / El querubín

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