viernes, 9 de marzo de 2007

Enrique Chía: El agridulce sabor de la nostalgia


9 de marzo, 2007 / 494 asistentes / Función única / 
2 hrs. de duración / Promotor: Jack Levin Massry

Fernando Figueroa
Enrique Chía tiene cinco años. Está en la sala de su casa jugando con carritos de plástico y, al mismo tiempo, escucha a su mamá tocar en el piano temas de Agustín Lara; ella lo hace a un buen nivel porque la música es su profesión. Viven en Cienfuegos, Cuba.

Casi medio siglo después, Chía está en el Lunario de la ciudad de México tecleando notas de “Veracruz”, “Rival” y “Solamente una vez”, acompañado de un sexteto de grandes ligas. Los oyentes somos cientos de seres que al mismo tiempo tomamos refresco o alguna bebida espirituosa que detone o amortigüe ―según el caso― lo que nos evocan las canciones del músico poeta.  Al pianista cubano le gusta tanto el material del Flaco de Oro que en su discografía existen un par de álbumes dedicados a él: Agustín Lara. Su alma y mi piano 1 y 2.

En esta ocasión presenta su más reciente producción, Mi cielo tropical. A gozar con Enrique Chía, antología de canciones cubanas escritas en la segunda mitad de los cincuenta, que contó en el estudio con la participación de figurones como Israel Cachao López en el bajo (fallecido días antes del cierre de esta edición) y Generoso Jiménez (ex trombonista de Benny Moré). La que da título al álbum es de Sergio de Carlo, quien la concibió durante un viaje fuera de la isla: Cielo, mi cielo tropical, / cuando estás lejos de mí, / me pongo a llorar… / Cielo, las tierras extranjeras / han hecho que te quiera, / que te quiera mucho, / mucho más. Algunos parroquianos conocen la letra y se convierten en los vocalistas del momento. Lo mismo sucede con “Si me pudieras querer”, de Ignacio Villa, mejor conocido como Bola de Nieve, que resulta ser la favorita del intérprete, según declara antes de tocarla.
Como tributo a Juan Gabriel, el show había iniciado con “Hasta que te conocí”, y más adelante se escucha “Amor eterno”. Chía se declara feliz de estar en el Lunario y pide que la luz bañe las mesas para ver mejor al público mexicano, aunque es evidente que muchos cubanos vinieron aquí para ver de noche su cielo tropical, sin olvidar a otros latinoamericanos que cantan y mueven los pies donde pueden.
El repertorio del instrumentista es amplio y su virtuosismo se pasea con naturalidad por los terrenos del mambo, tango, rumba, chachachá, bolero y son, con el apoyo firme y moderado de quienes lo acompañan en el escenario. El viaje a la nostalgia que prometió inicialmente se cumple a cabalidad y por ello nadie resulta defraudado; en uno u otro momento, a cada uno de los presentes le llega su fiestecita interior, sin escapatoria alguna. La inspiración de Charles Chaplin, Ernesto Lecuona o Chucho Monge, bajo el filtro de un piano de este calibre, seguramente toca recuerdos que antes ya habían sido visitados, pero también otros ocultos por el paso de los años o que viajaban en el carrito con el que jugábamos de niños, mientras nuestros padres oían en la radio alguna canción de Agustín Lara.

Programa
Hasta que te conocí / Siboney / Nunca jamás / Veracruz / Rival / Arráncame la vida / Pobre de mí / Cachita / Mi cielo tropical / Nosotros / El día que me quieras / Popurrí: Yo traigo un son, Parece que va a llover, Amalia Batista / Si me pudieras querer / Recuerdos de Ypacarai / Pájaro Chogüi / Amorcito corazón / No me quieras tanto / Lágrimas negras / Amor eterno / Mambo Número 5 / Candilejas / Ay, mamá Inés / Por amor / Concierto de Varsovia / Cumbanchero / Despierta / Guantanamera / Cielito lindo / México lindo y querido

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