domingo, 11 de marzo de 2007

Amaury Pérez: Anécdotas caribeñas y amores inexplicables


11 de mayo, 2007 / 239 asistentes /  Función única / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: Marketing Musical, S.A. de C.V.

Julio Alejandro Quijano
La segunda noche comienza así: “‘¡Pero cómo, mamá! ¡Es que tú vives en el siglo pasado! ¿Por qué has arrinconado el televisor a color?’ Ella contestaba inamovible: ‘No me gustó’. ‘¿Pero por qué?’ —insistía yo. ‘Porque cuando quiera ver la vida a colores, nada más salgo al balcón. La tele es en blanco y negro’.”

“Así, así era ella”, relata Amaury Pérez, “un personaje público de la televisión cubana que todos conocían en la isla, pero que a mí me hacía creer que quienes trabajan para la televisión no son normales. Por ejemplo, en el contestador dejaba recados como: ‘Querida máquina electrónica: dígale a mi hijo que por favor me llame cuando llegue’ ”.

Sobre este cariz se desliza la velada con Amaury Pérez, una mezcla de humor y nostalgia Lo mismo trae a la memoria a un compañero de generación que a su madre, a su padre, a un amigo, a una ex novia, a su mujer, a su ex mujer, a una pareja de amor insólito.
Amaury, apenas blandiendo una guitarra gusta de conversar con su público, cuenta que han habido conciertos en que se ha dedicado más a hablar que a cantar. Pero cada cuento tiene su sazón. Por ejemplo, hay uno que muestra otra cara del amor y lo estremece al grado de plasmarlo en una canción. Es la historia de una pareja que vivía en una vecindad frente a su casa de la infancia. Ella, Ángela, era una mujer solícita que hacía todo por demostrarle su amor a él, Felipe, quien sin embargo, era tremendamente distraído. Ángela echaba mano de flores, de un vestido, del arreglo de su cabello, pero él no se daba por enterado hasta que un día, Ángela se paró frente al portal cuando él llegaba del trabajo, se echó gasolina y se prendió fuego. Será que lo amaba inexplicablemente, canta.
Entre los asistentes está encuentra Reyli Barba, quien profundamente concentrado bebe whisky mientras escucha el canto a la esperanza de su amigo: No lo van a impedir las golondrinas, / ni ventanales rotos, ni lunas llenas, / ni todos los andamios, ni las hormigas, / ni flores, ni herejías, ni colmeneras... / a pesar del otoño, creceremos. Allá, en el fondo de las mesas se escucha, inevitablemente, un espíritu inflamado: “¡Viva Cuba!, ¡cómo no!”.

Programa
Te perdono / Debe ser triste / Diario / No lo van a impedir / Dame el otoño / A que te olvide / Acuérdate de abril / Cuando no estés con él / Hay días / Olvídame muchacha / Adonde el agua / Yo tengo un amigo
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