sábado, 10 de febrero de 2007

Mike Stern Band: El transformismo de la guitarra


10 de febrero, 2007 / 491 asistentes / Función única / 
2:45 hrs. de duración / Promotor: LivejazzMx

Georgina Hidalgo

Mike Stern está encantado. Ofrece una sonrisa grande y agita ese pelo lacio a los hombros y con fleco que lo hace lucir más como un miembro de Ramones. “Hay muchas guitarras por todas partes”, dice en referencia a las de aire que por doquier son pulsadas. Por sexta ocasión, el guitarrista oriundo de Boston, considerado uno de los mejores en el campo del jazz-rock, acude gustoso a un encuentro con sus fans en estas tierras, donde —dice— “la música es especial”. Junto a los admiradores que lo escucharon en la mañana en una clase magistral en la Escuela Nacional de Música, están los que saben de sus particulares dones en las seis cuerdas, a las que hace sonar como instrumentos de viento.
Hay otros atraídos por su trayectoria de tres décadas: reclutado a los veintisiete años por el trompetista y compositor Miles Davis para formar equipo con el bajista Marcus Miller, el baterista Al Foster, el percusionista Mino Cinelu y el saxofonista Bill Evans; célebres grabaciones y tours con Jaco Pastorius, Bob Berg, los hermanos Brecker, con tres nominaciones al Grammy... y suma doce álbumes como solista, de los cuales Who let the cats out? (2006) lo tiene en gira, “dejando que la música pase y lo demás se acomode”.

Esta noche, Stern comparte el escenario con viejos camaradas. El saxofonista tenor Bob Franceschini tiene un sonido que, dice el guitarrista, “me da el tipo de frases que quiero conseguir”. Con el bajista Lincoln Goines toca “cada vez que quiero algo nuevo”, al baterista Lionel Cordew sólo lo define con una palabra: “Poder”. Todos se alían para una jornada colmada de blues, rock, jazz, groove y funk.
Avanzan rápido, con swing, los pies se mueven. Stern conecta de inmediato con Cordew —“los bateristas son el latido”, ha dicho—, y fluye el timbre peculiar del líder, similar a veces a un corno inglés. La ululación transita en segundos a una crispación eléctrica. Revienta una baqueta, pero eso no detiene el electroshock rítmico. Stern vibra, salta y tiene tiempo para anunciar que firmará discos al finalizar y se entrega a “Painting”, donde los timbales son pinceles y la guitarra, color. Una tonada alegre, consenso de aplausos.
El saxo inicia el capítulo romántico. Stern traza la playa y las aves. Lo dejan solo bajo una luz azul, balancea su guitarra y cita a Bach. El blues se filtra y todos parecen levitar con él. Lo que fue primero un recibimiento tranquilo de los espectadores se ha convertido en gozo, llanto y alborozo. Alguno le ofrenda reverencias. Los beats emanados de la batería propulsan las cabezas —algo extraño en un concierto de jazz—, la trompeta dialoga con el bajo que habla con slap (ese lenguaje donde todo el dedo pulgar sacude las cuerdas) y Stern pisa el acelerador. Es tiempo de invocar a Jimi Hendrix y a Eric Clapton. El destello final: un toque de heavy metal que transforma la batería en metralleta; da en el blanco y nuestras almas —en calidad de queso gruyere— lo agradecen. Y es posible entonces fallecer con la música, morir a gusto, como los gatos que agonizan con la tranquilidad del alba.

Programa
Tumble home / KT / Wishing well / What might have been / Chatter / Ha Ha Hotel / Still there / Jean Pierre

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.