sábado, 27 de enero de 2007

The Idan Raichel Project: La patria universal


27 de enero, 2007 / 871 asistentes / Función única / 1:30 hrs. de duración / Promotor: Carlos Mercado

Alejandro González
El Lunario luce repleto y se percibe la expectación. Sólo falta que Idan Raichel (Israel, 1977) encienda su teclado y, con los músicos que lo acompañan, proyecte la inspiración que el viento del Mediterráneo le ha ofrecido desde que tenía nueve años, cuando aprendió a tocar el acordeón, estimulado por las melodías gitanas. Proveniente de una familia con raíces europeas, su enriquecimiento cultural llegó en la adolescencia, al presentarse con su grupo de rock en algunas bases militares, y más tarde en bares etiopes en Tel Aviv, al tiempo que ganaba renombre como músico de sesión. De ahí a erigir un proyecto personal al lado de otros colegas y recibir trato de estrella pop en su país natal sólo hubo un paso.

Dueño de una ostentosa cabellera rasta, Idan está por segunda vez en este recinto  y aparece después de que siete músicos toman sus lugares para celebrar una inmoderada mezcla de géneros y texturas donde lo mismo caben rastros de flamenco y jazz, que escalas arabescas entretejidas con melodías descaradamente pop. Los gritos de las fans no son discretos al iniciar la primera pieza. Pareciera que el público del israelí ha esperado con ansia su llegada. Y el júbilo también se aprecia en el escenario, en las caderas de las bellísimas Wagderass Vese y Cabra Casay, quienes acompañadas de Lital Gavia presumen sus voces mientras los otros instrumentistas —un turco, un par de israelíes y un uruguayo— lucen excelsos en el exótico injerto que Raichel comanda desde una esquina del escenario. Sobresale el percusionista de origen latinoamericano, quien pasa de recostar un jarrón sobre sus muslos, para explorar sus posibilidades acústicas, a manipular un recipiente con agua para crear una alucinante base rítmica.

“Azini”, “Mi’Ma’amakim”, “Brong fava”, “Shubi el bevti” son coreados fluidamente por una audiencia que ya ha tomado la parte frontal del escenario, estimulada por el responsable de la fiesta. ¿Demasiado pop para ser considerado étnico, extremadamente étnico para llamarlo pop? Etiquetar es innecesario cuando el sonido de este combo multi-racial no tiene tierra y los espectadores celebran esa ausencia. Música nacida en medio de un frote promiscuo de lenguas: hebreo, etiope, árabe, zulu… ¿A quién le importan las palabras cuando los efectos fulminantes de la melodía y el ritmo cumplen su cometido? En el momento que la banda abandona el escenario entre aplausos, tras el obligado encore, queda claro que The Idan Raichel Project domina la lengua universal; la que aplaca cualquier dejo de violencia con sólo permitir que la tonada entre a los oídos. Con esta música se refrenda la idea de que la hostilidad está enraizada en las ideologías y en lo gobiernos, mas no en la gente. Esta noche, los tambores y las sonrisas se han impuesto y son, entre quienes salen del Lunario, la mejor noticia en fechas recientes.

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