viernes, 8 de diciembre de 2006

Operíssima 2006: Amor sin condiciones


Los grandes momentos de la ópera / 8 al 10 de diciembre, 2006 / 11 366 asistentes / 
3 funciones / 2:40 horas de duración / Promotor: Ars Tempo, S.A. de C.V. 

Julio Alejandro Quijano
Diez minutos después de la once de la noche, un jubiloso murmullo se origina en las puertas del Auditorio Nacional, avanza sobre la explanada, llega al Paseo de la Reforma e incluso se cuela a la estación del Metro. En los alrededores del foro, la multitud que recién disfrutó de Operíssima se distingue del resto por sus sonrisas que contrastan con el gesto el conductor colérico, que ante el tránsito intenso se pregunta: “¿Qué pasó allí adentro?” 
Sucedió la ópera, presentada por la Compañía Nacional de Lituania. “Fragmentos de ópera”, dirían los puristas para precisar que fueron arias sin representación escénica. Por ejemplo, una pieza de Carmen fue interpretada por el coro sin más caracterización que un reboso rojo, y un don José vestido de frac, con una fajilla carmín. Emil Ivanov, tenor responsable de encarnar a don José, conoce los riesgos de sacar a la ópera de los teatros y despojarla de vestimentas: “No sé si este repertorio y un recinto que alberga a tantas personas garanticen la creación de nuevos públicos. Lo que nosotros hacemos es parecido al espectáculo de Los Tres Tenores, que atrae aproximadamente a cincuenta mil personas; quizá algunas de ellas desean acercarse a la ópera tradicional y se enamoren, pero también muchos se decepcionarán porque les parecerá muy elevado”. 
Esta razonable duda ronda el Auditorio Nacional cuando, sin telón de por medio, aparece Sonora Vaice con “Una vocce poco fa”, de El barbero de Sevilla. El arrebato del primer aplauso despeja el escepticismo y la soprano muestra que aun sin vestimenta ni escenografía, su voz transmite el espíritu ligero de Gioacchino Rossini. Le sigue el coro que evoca el dramatismo de Lucia de Lammermoor, a cuyo entendimiento contribuyen los supertítulos. Entre los espectadores se perciben sobresaltos, cuando el bajo Egils Silins narra: Lucía sale de su habitación con daga en mano mientras pregunta: “¿Y mi esposo?” En su rostro se dibujaba una sonrisa: la infeliz perdió la razón. Enseguida el coro: Que la mano manchada de sangre no invoque la ira del cielo, la ira del cielo. En ese momento, el éxtasis colectivo responde a las dudas de Emil Ivanov: nadie está desilusionado y en cambio hay nuevos enamorados de la ópera. 
En la ciudad de México dos estaciones de radio transmiten música clásica, pero en ninguna programan óperas completas. El ritmo de la sociedad obliga a presentar solamente fragmentos, en aras de captar a escuchas poco dispuestos a detenerse por más de un minuto. 
Para fortuna de quienes acudieron, el programa se apega al nombre del espectáculo. La “Obertura” y algunas arias de Carmen protagonizan el segundo acto. El público responde con aplausos, pero aguarda ansioso a que llegue ese instante en que el artista se sublima. Con “Va pensiero, sull’ali dorate” y “Un di, se ben rammentomi”, de Giussepe Verdi; y “Déposons les armes”, de Gounod, aparece un pensamiento extramusical: compuestas a finales del siglo XIX son un catálogo de los rasgos miserables de la historia humana: esclavitud, infidelidad, guerra. ¿Un mensaje vigente? 
En “Gloria all’Egitto” el verso final está a cargo del virtuoso Emil Ivanov: Por el trono pierdo a Aída. / La venganza se acerca, / sólo puedo llorar. Y sucede el milagro: el tenor toca el corazón de la multitud. Ovaciones de pie y hasta silbidos. Ante el aparente fin de fiesta, algunas personas salen presurosas para evitar el tránsito; en cambio, el director de la compañía, Andrejs Zàgars, reaparece parsimonioso. Un zapatazo sobre el escenario es la señal para el encore: aparecen tres parejas que comienzan a maullar; como gatos marrulleros de voces privilegiadas, los machos intentan convencer a las hembras de su amor. A punto de consumar su unión, entra Ivanov: “Guau, guau”, ladra con su voz de tenor. Los gatos se espantan, salen del escenario y viene el delirio general con la broma. El público pide más. Integrado el coro, suavemente se despide con un simple sonido de arrullo. 
Veintidós arias después, la gente sale con una sonrisa que da la razón a Plácido Domingo: “La ópera sigue pareciendo un misterio, una curiosa y extraña forma de arte cuando en realidad debería formar parte de nuestra vida cotidiana”. Eso explica la amabilidad con la que se accede a pagar el aumento de la tarifa nocturna en el taxi, o también, la disposición de comprar un álbum triple para escuchar una ópera entera en el automóvil, de regreso a casa. 

Cronología 
La historia de la Compañía Nacional de Lituania comienza en 1912, pero la tradición de la ópera en esa nación se remonta dos siglos atrás. 
1760 Agrupaciones itinerantes se presentan en teatros de Riga (capital de Letonia). 
1782 En Riga es inaugurado el Teatro Alemán. 
1837 Richard Wagner es nombrado director musical del Teatro Alemán. 
1863 Abre sus puertas el Teatro de la Ciudad, en Riga. 
1883 Es presentada una ópera traducida al lituano y se estrena la primera ópera de un compositor lituano, Jekabs Ozols’: La hora fantasmagórica (Spoku stunda)
1912 Nace la Ópera de Riga, bajo la batuta del director Pavuls Jurjans. 
1914 La Compañía huye a Rusia a causa de la primera guerra mundial. 
1918 Regresa a Riga con el auspicio del director de la Academia de Música de Lituania, Jazpens Vitols. Se establece en el Primer Teatro de la Ciudad. 
1940 Bajo el dominio soviético, cambia su nombre a Teatro Estatal de Ópera y Ballet de la República Socialista Soviética de Letonia. Muchos miembros de la compañía se refugian en Occidente y otros más son arrestados o deportados. 
1990 En coincidencia con el derrumbe del bloque soviético, el Primer Teatro de la Ciudad es cerrado para su reconstrucción. La Compañía se presenta en diversos teatros de Riga. 
1995 Con el estreno de El fuego y la noche, de Jànis Medins, es reinaugurada su sede. 
1996 Asume la batuta Andrejs Zàgars, actual director general de la Ópera Nacional de Latvia. (J.A.Q.

Programa 
Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791) 
Las bodas de Fígaro 
“Obertura” 

Gioacchino Rossini (1792-1868) 
El barbero de Sevilla 

“Una voce poco fa” 
Sonora Vaice 

“La calunnia è un veticello” 
Egils Silins 

Gaetano Donizetti (1797-1848) 
Lucia di Lammermoor 

“Per te d’immenso giubilo” 
Coro de la Ópera Nacional de Latvia 

Giacomo Puccini (1858-1924) 
El elíxir de amor 
“Una furtiva lágrima” 

Viesturs Jansons 
“Voglio dire… lo stupendo” 
Eglis Silins y Viesturs Jansons 

Richard Wagner (1813-1883) 
Lohengrin 
“Obertura” 

Giuseppe Verdi (1813-1901) 
La Traviata 
“Parigi, o cara, noi lasceremo” 

Kristine Opolais y Emil Ivanov 
El trovador 

“Vedi le fi sche notturne” 
Coro de la ópera Nacional de Latvia 

Gaetano Donizetti (1797-1848) 
Lucia di Lammermoor 

“D’immenso giubulo” 
Egils Silins y el Coro de la Ópera Nacional de Latvia 

“Sexteto” 
Sonora Vaice, Antra Bigaca, Viesturs Jansons, Emil Ivanov, Samsons Izjumovs y Eglis Silins 

Intermedio 

Georges Bizet (1838-1875) 
Carmen 
“Obertura” 

“La Fleur que tu m’arais jetèe” 
Emil Ivanov 

“Votre toast” 
Samsons Izjumovs 

Giuseppe Verdi 
Nabucco 

“Va pensiero sull’ali dorate” 
Coro de la Ópera Nacional de Latvia 

Giuseppe Verdi 
Rigoletto 

“Un di, se ben rammentomi” 
Sonora Vaice, Antra Vigaza, Emil Ivanov y Samsons Izjumovs 

Charles Gounod (1818-1893) 
Fausto 

“Déposons les armes” 
Coro de la Ópera Nacional de Latvia 

Giacomo Puccini 
Madama Butterfly 

“Un bel di, vedremo” 
Kristine Opolais 

Giacomo Puccini 
Turandot 

“Nessun dorma” 
Emil Ivanov 

Giuseppe Verdi 
Di vespri Siciliani 

“Merce dilette amiche” 
Sonora Vaice 

Giuseppe Verdi 
Aída 

“Gloria all’Egitto” 
Kristine Opolais, Emil Ivanov, Antra Vigaza, Samsons Izjumovs y Egils Silins; Coro de la Ópera Nacional de Latvia
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