domingo, 10 de diciembre de 2006

Mauro Picotto


8 de diciembre, 2006 / 999 asistentes / Función única / 
6 hrs. de duración / Promotor: Mucho Más Música, S.A. de C.V. 

Solange García 

Mauro Picotto llega por segunda ocasión a esta ciudad, apenas seis meses después de su primera visita, con la certeza —en sus propias palabras— de que “no hay etiquetas en la escena de la música electrónica bailable, sólo buena o mala música”. Por eso esta noche, y desde temprana hora, la concurrencia ha colmado el Lunario y viene a ratificar que el DJ italiano hace buena música. 
Mientras llega el momento en que el también productor ponga un mentís al lugar común de que Italia sólo da al mundo cantantes apuestos y acaramelados, dos DJs mexicanos, Yoya y B-Jay, nos llevan de paseo por el techno y el progressive trance. El primero, que tiene doce años mezclando en vivo, recurre a temas aún no antiguos y sí populares como “Enervate” de Paul Oakenfold y “For an angel” de Paul Van Dyk. Con este recurso conquista a quienes —con edades entre los dieciocho y los treinta— danzan y rinden tributo a una muy joven añoranza. Sin embargo, a los noventa minutos se le acaba el aire. 
La orientación cambia con B-Jay, quien conduce un programa televisivo sobre música electrónica. El nerviosismo de los ávidos por entregarse al baile muta en ovaciones. Benjamín Hernández se mueve con una destreza en la tornamesa que profesionalmente data de cuando a los quince años debutó como pinchadiscos en el legendario Magic Circus Club. Sus mezclas son simples, así que logra calentar el ambiente para dar paso al esperado ragazzo de Cavour, Italia. 
Considerado uno de los DJs más influyentes en el mundo, Picotto, también conocido como The Lizard Man, está en América Latina con la certeza de que aquí “la gente sabe divertirse”. Luego de su primera presentación en esta capital, en el Electronic Meeting Point, exhibe el eclecticismo que le caracteriza y que hace de sus fiestas subibajas emocionales para quien lo escucha. Sobresale su destreza para pasar de un género a otro, de manera que —según lo define el sitio de internet DJ List— “continúa desafiando a los críticos cambiando constantemente la percepción del público, pues ha cruzado los límites de los géneros musicales mientras otros han fallado por su escaso conocimiento musical”. 
Picotto, que saltó a la fama en el año 2000 con “Komodo”, “Iguana” y “Pulsar”, practica sus suertes de alquimista —no por nada nombró así su sello discográfico— mezclando estos éxitos y otros con acentos trance, techno y progressive con música más orientada al pop, como se evidencia en Superclub, álbum doble editado en 2005. Esta vez el DJ se presenta sin respaldo de otros colegas —y que son el sello de las fiestas denominadas Meganites, por él creadas— pero su sola presencia basta para satisfacer a los clubbers que han venido a escuchar y también a participar del viejo y siempre nuevo ritual de conocer a personas del sexo opuesto, de estar atentos a cómo visten los demás y de qué se puede beber en compañía. 
Después de cuatro horas de adrenalina y de entablar un diálogo sonoro que provoca reacciones que sólo pueden significar gozo, Picotto se ve feliz y alza los brazos en señal del deber cumplido. “Me gusta el contacto con la gente y en un club es mucho más fácil socializar”, comenta a la salida.
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